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‘El diablo en medio de las piernas’

‘El diablo en medio de las piernas’

La última película de Arturo Ripstein, un mexicano genial y polémico.

11 de agosto 2021 , 10:28 a. m.

El título es ya una provocación o un deseo. Recordé una frase de un personaje de una telenovela colombiana: “El diablo es puerco”, como si el mismísimo diablo fuera una prolongación natural del sexo. Que también es una calamidad de la mente.

El diablo en medio de las piernas es la última película de Arturo Ripstein, un mexicano genial, polémico, distante de los circuitos comerciales, amante de los ambientes sórdidos e historias truculentas, aunque eso es una chapa superficial, pues su filmografía es una inmersión sin pudor, o más bien con el pudor de reconocernos a nosotros mismos en el fondo del pozo de las pasiones humanas; lo que nos cuesta un infinito verbalizar, él lo lleva a la pantalla con una estética cruda que recuerda algunos hermosos y oscuros grabados de Giangrandi, un mundo brumoso donde el inconsciente saca chispas a nuestra tácita condición.

En El castillo de la pureza (1970), con guion de José Emilio Pacheco, Ripstein relata una historia vertida de la realidad, ocurrida en los años 50 en Ciudad de México. Un hombre encierra a su familia para protegerla de la podredumbre del mundo exterior, los aísla más de 15 años, y sobreviven de fabricar insecticida para ratones. Los hijos crecen y la farsa se derrumba a pedazos.

En la reciente cinta El diablo en medio de las piernas (2019), con un estremecedor guion de su esposa, Paz Alicia Garciadiego, Ripstein acude nuevamente al blanco y negro, porque no disfraza los contornos de “la realidad”, la exhibe en su terrible diafanidad: diálogos crueles y poéticos, ambientes opacos, en los cuales la lentitud de la existencia multiplica el caos reinante. Una pareja de ancianos entra en una dinámica casi sobrenatural, deteriorada, pues el hombre, al recordar algunos episodios libidinosos de su mujer antes de conocerse, sufre unos celos achacosos que le insuflan el deseo sexual, pero el efecto distorsiona sus vidas, la puebla de vejámenes y amargura.

La maldad, una memoria desfasada, el amor, el erotismo, la vejez y una ternura atroz nos recorren por dentro y forman un círculo vicioso. El final es apoteósico y letal, como si el viejo buscara dinamitar todo a su alrededor. Pero la vida continúa a pesar de sí misma. Y el amor, ese enigma, esa avería del azar, ese misterio del corazón, en palabras de Ripstein “es una emoción antisocial”.

ALFONSO CARVAJAL

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