De series y culebrones

De series y culebrones

Han vuelto los antiguos culebrones, ahora más sofisticados y a la altura de los tiempos modernos.  

16 de noviembre 2018 , 08:00 p.m.

Hay algo de la aldea global del profético McLuhan, “visto en casa”, en los seriados de televisión tipo Netflix que están en su apogeo y confluyen en el rótulo que los medios masivos de comunicación etiquetaron hace varias décadas como ‘entretenimiento y cultura’. Mutaciones que vale la pena interiorizar y exteriorizar.

Me impactó True Detective, parte 1, HBO, con una narrativa extraordinaria en los diálogos y en el manejo de los tiempos. Sin abusar de la violencia, profundiza en los ámbitos psicológicos de los protagonistas. Breaking Bad es caso aparte, una delirante creación en la que la maledicencia y el tráfico de nuevas drogas alcanzan su máxima expresión. Una trama compleja en la cual un psicópata se lleva los vítores. La casa de papel, Netflix, con problemas de verosimilitud y de tiempos narrativos, pero cuya trama inteligente y la fuerza de sus personajes le dan aliento. Una mezcla de novela policiaca, sentimentalismo y crueldad.

Los contenidos se han apretado, y tal vez lo más destacable es que temas tabú han salido a la luz y se han mimetizado en la memoria de la época.



Pero algo ha ocurrido, han vuelto los antiguos culebrones, ahora más sofisticados, y de los años interminables de Corona de lágrimas y Esmeralda hemos pasado a la síntesis (dos o tres temporadas, cada una de diez horas, depende de la rentabilidad) y a la altura de los tiempos modernos: es el caso de La casa de las flores, una serie kitsch mexicana en la que Verónica Castro, la de Los ricos también lloran, aparece renovada con bótox y fuma marihuana en pipeta de cristal; una familia en franca decadencia sale del clóset con sus miserias y dichas efímeras. Las chicas del cable, sobre los inicios de la telefonía en España, también aprovecha el destape y explora el romance, la traición, el poder. Y la promocionada Élite, en la cual la lucha de clases en un colegio de clase alta está alimentada por dosis de sexo, maldad y muerte. Cómo no hablar de House of Cards, que desnuda el horror de la política y, a pesar del descalabro moral de Kevin Spacey, ha llegado a su sexta temporada. En este enjambre desigual de calidad y mucha banalidad me descrestó Merlí, una serie catalana en la que un profesor de una escuela pública logra que la filosofía tenga un lugar en la cotidianidad, haciendo reflexionar a los alumnos, y que retrata con lucidez la relación entre padres de familia, estudiantes y profesores.

En fin, los contenidos se han apretado, y tal vez lo más destacable es que temas tabú han salido a la luz y se han mimetizado en la memoria de la época.

Sal de la rutina

Más de Alfonso Carvajal

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.