Secciones
Síguenos en:
Rebelión y arte

Rebelión y arte

En esa caldera que nadie pronosticó cuándo estallaba, el arte es un sablazo en medio de la rebelión.

31 de mayo 2021 , 09:25 p. m.

Hemos vivido una catarsis el último mes: ¡limpieza mental! Un mirarse al corrugado espejo nacional nos desnudó a todos juntitos. El horror de un gobierno extraviado en su cornisa y la solidaridad de la masa insatisfecha y amorfa se han intensificado. La ‘gente bien’, no de bien, se ha expuesto minúscula. El resto, amas de casa, estudiantes, profesores, el Canal 2 de Cali, intelectuales, artistas, desocupados, una clase media acongojada y los humildes más humildes que nunca, somos el enemigo invisible. Andamos perdidos en la selva biodiversa de la patria. Así está la meteorología del asunto.

En esa caldera que nadie pronosticó cuándo estallaba, el arte ha sido un sablazo en medio de la rebelión. Los tambores en primera línea retumban alegres y furiosos; nació el Blus de los tombos, de La Muchacha y la Banda del Bisonte: “Porque la tomba no me cuida, a mí me cuida mi mama”. O el policía rapero en Medellín, que subvirtió la marcha con sus cantos repentistas; la Filarmónica de Bogotá, entre violines y coros, compuso un himno a la guardia indígena, “guardia, guardia, fuerza, por mi tierra, por mi raza...”; en el parque de los Deseos de Medellín, la batuta de la protesta, de Sandra Boreal y otros músicos, han sonado a plenitud; performances fúnebres como el que hizo un grupo teatral en Neiva, frente a un supermercado, son la expresión de una convulsión colectiva. El video surrealista del chorro de agua del Esmad contra un solitario joven, que sostiene su escudo con agallas de gladiador romano.

Afortunadamente, el humor nos salva de nuestra desgracia. El stand up comedy en blanco y negro del Presidente, entrevistándose a sí mismo, en inglés y con subtítulos, ¡ay, oso vergonzoso! O la magnífica parodia del humorista Loquillo en cuerpo ajeno, atendiendo una visita de derechos humanos. La caricatura de Matador que muestra a nuestro César sentado en un diván tocando guitarra y al fondo el rancho ardiendo. Grafitis virtuales como ‘Sin justicia social, la paz no es más que un pajazo mental’, de Quechava.

Toda una cinematografía nacional, como en el poema de Vidales, “pasan las nubes colombianas. Y Cómo se les nota que no habían ensayado antes”. La inercia se ha roto y nada será igual. Un pueblo que ha recobrado su dignidad y un gobierno pataleando por llegar a su final... ese es el decorado de nuestra tragicomedia colombiana.

Alfonso Carvajal

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.