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El poeta Miranda

El poeta Miranda

Hoy quiero hablar de Álvaro Miranda. Bardo samario, que nos abandonó el año pasado a los 75 años.

02 de julio 2021 , 09:25 p. m.

Hoy quiero hablar de Álvaro Miranda. Bardo samario, que nos abandonó el año pasado a los 75 años. Hace unas décadas se fue al sur tras una sirena rubia y en el naufragio escribió La risa del cuervo, que ganó el Premio Novela de Buenos Aires, un inclasificable relato histórico, donde su imaginación rueda por las vetas del realismo mágico y el surrealismo.

El general José Félix Ribas, tío político de Bolívar, es decapitado y anda en el mundo de los vivos y de la ficción, con la cabeza entre las manos; el cuerpo es un bulto de carne magullado, la cabeza sigue pensante y sufriendo los avatares de la muerte. La cabeza es freída y hasta sirve de sancocho para los realistas, quienes llegan a echarle hojas de laurel y tomillo. Un cuervo, que puede ser el de Poe, lo acompaña en la travesía para narrar delirantes episodios de nuestra independencia. La risa de Miranda es una joya de oro en el anonimato de nuestra literatura.

Álvaro fue coprotagonista de El Papagayo de Cristal, una casa en los altos de Chapinero, en la cual poetas y pintores juntaron sus desvaríos y saberes. De intelecto prolífico, agobiado por la supervivencia en la tierra donde la poesía es arar en las nubes, escribió un libro impensable: Colombia, la senda dorada del trigo. Transitó con fuerza intrínseca la poesía y la crónica histórica. Su picaresca excepcional ganó con Los escritos de don Sancho Jimeno, un español de Fuenterrabía venido a gobernador de Cartagena de Indias, el premio de Poesía de la Universidad de Antioquia (1982). El bostezo de la mosca azul, una antología poética que recorre su obra ente 1968 y 2019, publicado por Abisinia editores, fue su póstumo grito lírico.

En Casa iluminada, sus últimos poemas, la nostalgia recorre al poeta, ya todo está vertido y quedan la imágenes de su trasegar vital: “Yo he visto crecer en mi país / una negra cabellera de relámpagos / que iluminan los cuerpos de las mujeres muertas”.

La memoria se hace más dramática en los abismos del ocaso y nos recuerda que: “Ahora que sabes que todo está olvidado, / y que todos los caminos están lejos de tu paso, / detente y mira el ramaje incansable de la tarde”. Como incansable fue su espíritu de polígrafo, donde el marco dorado fue el sentir poético en todo lo que se propuso. ¿Álvaro, dónde estarás ahora?: “En el diente del jaguar que hace estación en el silencio”.

Alfonso Carvajal

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