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Rumores balsámicos

Rumores balsámicos

Tres escritores colombianos conforman el triángulo de la esperanza para ganar el Nobel de Literatura

21 de mayo 2021 , 09:25 p. m.

Suenan timbres, de Luis Vidales en 1926, anunció una ruptura en la poesía colombiana. Una revolución contra el acartonamiento y ostracismo del lenguaje y de la sociedad colombiana: “A esos pobres árboles / les cortaron el cielo”, escribió. Casi cien años después, de soledad y exclusión, el escritor Álvarez Gardeazábal, en una crónica auditiva nos cuenta sobre rumores de México y Barcelona, de editoriales que hacen lobby, postulando al Nobel de Literatura a tres escritores colombianos: Juan Gabriel Vásquez, Héctor Abad Faciolince y Fernando Vallejo conforman este triángulo de la esperanza.

La razón es meliflua; el argumento, misericordioso, “sería un bálsamo” para la trifulca esencial que vive Colombia, y que ha marcado un después a nuestra historia: ya nada será igual. Sigamos el juego; Vásquez tiene una obra en construcción, talento a largo plazo, conoce a fondo las estructuras literarias, y ahí va... mal harían, como expresa el dicho popular, madurar los aguacates con papel periódico; a Faciolince, que nos dejó la inquietante y olvidada Angosta, le endilgan que la película sobre El olvido que seremos acaba de ganar el premio Goya, un evento extraliterario y coyuntural; Vallejo posee una obra robusta, una voz autónoma y recia dentro de nuestra literatura; sus Días azules, El desbarrancadero, La Virgen de los sicarios y El mensajero, novela biográfica sobre Porfirio Barba Jacob, le darían una ventaja sustancial. Ay, si Germán Espinosa hubiera vivido en esta época de marketing literario, tendría que estar con hondura en la lista.

¿Y la poesía? Yo nominaría a dos poetas disímiles, de arraigada curtiembre estética, que se han mantenido en un género no afín a la liviandad de la época. Juan Manuel Roca, por su lenguaje picaresco, su ironía y mantenerse al margen del poder y sus cortesanos; de otro lado, a Giovanni Quessep, que desde su torre de ensueño ha labrado hermosos versos y una soledad a prueba de mortero.

El verdadero remedio es que el actual gobierno escuche y provea al pueblo colombiano de sus luchas de siglos de desarraigo. De bálsamos hemos vivido, y la situación se ha hecho insostenible. Entonces propondría que el Nobel de Paz se lo concedieran a esos millones de colombianos, especialmente jóvenes, que han roto con su alegría, y algunos sacrificando sus vidas, las barricadas sociales de la ignominia.

Alfonso Carvajal

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