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‘Aves inmóviles’

‘Aves inmóviles’

El libro es un extraño viaje por los vericuetos del alma.

Un taxidermista en decadencia económica, además de que su oficio es una especie en vías de extinción, es atraído por una tentadora propuesta de un extraño y desconocido señor en los Llanos Orientales: disecar un caballo. Se llama Saturno, tiene una alzada de 1,62 m y 310 kilos de peso. Esta es la clave mayor de ‘Aves inmóviles’, de Julio Paredes, ganadora del Premio Nacional de Novela, 2020, del Ministerio de Cultura.

El libro es un extraño viaje por los vericuetos del alma. A través de un monólogo, Paredes arma la estructura, que le permite a Ricardo, la voz cantante, ir del pasado al presente, y reflexionar sobre el amor, la fugacidad del tiempo, la enfermedad, pues un examen de pulmón podría cambiarle la existencia, pero lo extraordinario es su incursión en la taxidermia: ese intento estético por prolongar la imagen de la vida en la muerte.

A través de una prosa de alfarero, Paredes construye un personaje original que nos sumerge en un ámbito ajeno a nuestras disquisiciones diarias. La escritora María Sonia Cristoff dice con certeza: “Es una novela acerca de los pasajes entre fronteras borrosas”. Porque todo alrededor de la mente del taxidermista es borroso, está en duda; es un soñador, un escéptico, recuerda los 12 años que estuvo casado con Inés, que se enamoraron “como caen los rayos”, a su padre y su abuelo ya muertos, de los que heredó esa pasión por un oficio cada vez más exclusivo, Raquel, una nueva esperanza de calentar el corazón; la obsesión por Saturno, un monumental mamífero, se le convierte en un reto mental, cuando él se ha especializado en disecar papagayos, pericos y loros, transformarlos en aves inmóviles; lo máximo que había realizado es la disección de un oso hormiguero, felinos medianos y un venado.

Este juego de secuencias, hilvanado con una maestría del oficio narrativo, nos ilustra que el ser humano está poblado de fantasmas que la imaginación en soledad hace más vibrantes. Ricardo nos vuelve cómplices de sus desvelos, donde ser y hacer es algo integral; que la verdadera naturaleza de la taxidermia es la verosimilitud, que la perfección de un montaje se encuentra “en los ojos, lograr una mirada clara que haga olvidar la sensación de tener una criatura ciega”.

Al final todo continúa. Una novela también es “una forma de mejorar la muerte”, que en últimas es la impronta de nuestro destino.

ALFONSO CARVAJAL

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