La justicia para prevenir

La justicia para prevenir

Una medida restaurativa confronta al joven con su experiencia y le ayuda a vivir sin odio.

10 de abril 2019 , 08:12 p.m.

Hace dos años la Alcaldía Mayor de Bogotá comenzó el Programa de Justicia Juvenil Restaurativa, que, a grandes rasgos, busca que los jóvenes que cometen un delito por primera vez, en vez de recibir una sanción legal, que puede incluir privación de la libertad, se vinculen a un proceso de justicia restaurativa. El programa tiene tres objetivos fundamentales: que acepten la responsabilidad de sus actos, que repararen a la víctima de forma directa, con gestos simbólicos o mediante algún tipo de trabajo a favor de la comunidad, y que, terminado el proceso, sean capaces de reinsertarse a la comunidad como miembros activos y responsables de sus actos.

Trabajamos con jueces y fiscales conscientes de que la prevención del delito es también una forma de justicia y que, además, son sensibles a la situación de los jóvenes. Tratamos de convertir un primer error en la oportunidad para descubrir otras opciones, en vez de condenarlos a una vida en la violencia y el delito.

Al programa se han vinculado jóvenes de todos los niveles socioeconómicos, que adquieren conciencia de que lo que hayan sufrido no justifica que tomen un camino como el delito.

La gente, asustada por la inseguridad, piensa casi siempre que la solución es aumentar las penas para los jóvenes que cometen delitos menores. Pero es una solución parcial y no hay forma de tener un policía en cada esquina. Los expertos en violencia han mostrado que encerrar a un joven que ha cometido un delito menor en donde va a estar en contacto, día tras día, con gente realmente experimentada es una manera de crear una escuela de delincuentes cada vez más hábiles.

Hay que tener presente que solo unos pocos jóvenes delinquen o son violentos. En esa edad están consolidando su personalidad y desarrollan capacidades que les permitan responder a los riesgos y oportunidades de la vida; también se enfrentan con su propia historia de vida, que puede estar marcada por el abandono, la violencia intrafamiliar o ambientes violentos. No se trata de justificar con la pobreza o la violencia su comportamiento. De hecho, al programa se han vinculado jóvenes de todos los niveles socioeconómicos, que adquieren conciencia de que lo que hayan sufrido no justifica que tomen un camino como el delito o perjudiquen a otros; y se dan cuenta de que para reorientar su vida y buscar una existencia satisfactoria tienen que dejar de buscar venganza o de creer que lo que les pasó les da derecho a actuar mal. Lo que se busca es que los jóvenes reflexionen sobre lo que hicieron, entiendan por qué cometieron una falta y, fuera de decidirse a no repetir lo que hicieron mal, busquen reparar el daño que causaron y, cuando sea posible, hablen con sus víctimas y manifiesten su voluntad de no volver a actuar como lo hicieron, a no usar la violencia ni el delito.

El programa implica una carga y un compromiso del joven, pero esta carga es pedagógica y no tiene un carácter punitivo. Por el contrario, le ofrece a la persona herramientas para corregir sus acciones y mejorar su vida. Una medida restaurativa confronta al joven con su experiencia, le ayuda a entender y a vivir sin odio los años difíciles que pudo haber enfrentado, a recordar sin rencor a los adultos que no supieron atenderlos; y que al lograr que entienda, al menos en parte, por qué ha actuado como lo ha hecho, descubra cómo controlarse y salir de un camino que puede ser muy destructivo.

Por él han pasado cientos de jóvenes y la reincidencia es solo del 3 %, mientras que en el sistema carcelario sobrepasa el 10 %. Un joven internado cuesta, al menos, cinco veces más de lo que cuesta un participante en este programa, con mejores efectos para él y para la sociedad. Hoy, en Colombia, existen muy pocos programas similares y es algo que le debemos a los jóvenes de todo el país.

* Subsecretario de Acceso a la Justicia
Secretaria Distrital de Seguridad, Convivencia y Justicia

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