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Evitemos otra generación de ‘niños-lobo’

Evitemos otra generación de ‘niños-lobo’

Estamos obligados a diseñar soluciones inmediatas y pertinentes para atender la crisis educativa.

18 de octubre 2021 , 10:22 p. m.

Una de las formas que más han usado nuestros dirigentes para hacernos ver la magnitud de la emergencia que hemos vivido durante los últimos 19 meses ha sido compararla con la Segunda Guerra Mundial. No les falta razón en el símil. La pandemia ha sido una tragedia devastadora en todos los órdenes, incluyendo el hecho de que millones de niños, niñas y jóvenes hayan tenido que crecer en un entorno en el que las palabras ‘muerte’, ‘miedo’ y ‘distancia’ se volvieron parte de su léxico ordinario.

En lo que desafortunadamente el símil también ha encontrado sustento es en la tragedia de mayor magnitud que creció dentro de la misma tragedia: la provocada por el cierre injustificadamente largo de los colegios a nivel nacional. Tal y como advirtieron cientos de líderes del país desde el inicio de la emergencia, cada día estamos viendo las implicaciones de haber enviado a nuestros niños y niñas al último puesto de nuestras prioridades en la forma de tasas escandalosas de embarazo adolescente, deserción escolar, pérdida de aprendizajes, entre otras.

Los colegios que con mayor proactividad buscamos que nuestros alumnos pudieran volver al espacio físico de las aulas cumplimos esta semana un año de habernos vuelto a encontrar ahí. En este tiempo hemos podido evidenciar situaciones que deberían generar consenso sin cuestionamientos alrededor de garantizar el regreso sin más dilaciones para todos los estudiantes, y de forma permanente. Hemos visto en ellos, por ejemplo, una mayor dificultad para administrar de manera saludable sus emociones, una incapacidad para regular sus hábitos y comportamientos; un desarrollo precoz en asuntos sensibles como la sexualidad, debido a la sobreexposición prematura a dispositivos tecnológicos, o, peor aún, una dificultad desbordante para encontrarle sentido y dotar de esperanza sus vidas. Si el impacto ha sido de tal magnitud en los alumnos de colegios que más proactividad han mostrado frente al regreso, no quiero ni imaginar el que recaerá sobre aquellos que han recibido un nivel inferior de atención, o que no han recibido ninguna.

En uno de los episodios más crudos y olvidados de la Segunda Guerra Mundial, se cuenta que mientras el Ejército Rojo atacaba sin tregua a los alemanes refugiados en Prusia Oriental, más de 20.000 niños que residían allí tuvieron que huir a refugiarse en los bosques, viviendo, literalmente, como ‘niños-lobo’ ('wolfkind', en alemán). Para encontrar un nuevo horizonte, todos esos niños se vieron obligados a sobrevivir desamparados con hambre y frío, a quemar sus recuerdos, a aprender idiomas distintos al alemán para no ser objeto de nuevos rechazos, a trabajar en condiciones durísimas e incluso a olvidarse de su propia identidad después de que la sociedad los dejó abandonados y desatendidos en medio de la crisis. A tal punto llegó esta vergüenza que solo hasta la caída del muro de Berlín esas personas pudieron revelar su verdadera identidad, y contar todo lo que tuvieron que vivir en esa época mientras los adultos ‘resolvían sus asuntos’ mirando para otro lado.

La situación de millones de niños y niñas en el país nos obliga a todos los ciudadanos (no solo a quienes trabajamos en educación, como cómodamente tienden a pensar algunos) a diseñar soluciones inmediatas y pertinentes para atender la crisis educativa que estamos viviendo, de manera que evitemos el surgimiento de otra generación de ‘niños-lobo’. Debemos ser capaces de asumir con responsabilidad el encargo de darle a nuestro país el sentido de esperanza, alegría e ilusión que necesita con tanta urgencia, y que surgirá única y exclusivamente de la esperanza, ilusión y alegría con la que logremos que se despierten nuestros jóvenes todos los días a vivir cada día de sus vidas.

ALEJANDRO NOGUERA CEPEDA
Rector del Gimnasio Campestre.

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