Premios Adolfo Zableh

Premios Adolfo Zableh

Con esto de los premios, María Juliana Ruiz salió definitivamente del anonimato.

23 de agosto 2019 , 08:02 p.m.

Lo primero que hice cuando leí la noticia de que habían creado un premio nacional llamado María Juliana Ruiz fue ir a Google a ver quién era, y me pareció chistoso y raro. Detalles así ponen a pensar en a qué tipo de personas elegimos. Porque por Duque votamos todos, aunque no queramos, así salga gente a decir que votó por Petro o en blanco. De eso se trata la democracia, de que los gobernantes representen a todos, incluso a los que no votaron por ellos.

Luego de las protestas por el nombre escogido, salieron a decir que se había tratado de un error involuntario, lo que no cuadra porque fotos, videos y piezas promocionales con el nombre completo de María Juliana ya habían sido distribuidos por todos lados. Es decir, por querer corregir una salida en falso cometieron una más grande. Y si es cierto lo de la involuntariedad, resultaría raro que quienes mandan no sepan qué hacen los subalternos con sus nombres, lo cual pone a pensar nuevamente, y con mayor énfasis, en qué tipo de personas tenemos en Presidencia.

Es que no es un cargo para cualquiera. Si yo fuera presidente, no solo llevaría este país a la ruina en par meses, cosa que nuestros dirigentes no han logrado en dos siglos por mucho que se hayan esforzado, sino que no me la creería. No se me quitaría la sonrisa de idiota durante los cuatro años de mandato, en especial por la noche, en la intimidad de mi cuarto, antes de dormir. Me la pasaría oliendo las sábanas, enredándome en las cortinas de la Casa de Nariño, revolcándome en sus finas alfombras y alzando el teléfono para pedir cualquier cosa, un café o un escolta, solo para comprobar que todo es cierto. Sería todo muy hollywoodense, porque cuando algo extraordinario te pasa por accidente, más que como un sueño es como estar dentro de una película.

Parece que en Presidencia no supieran el valor que tiene un nombre, y la verdad es que nosotros tampoco.

Podría pensarse que bautizar un premio con el nombre de la primera dama tiene tintes de dictadura, de culto a la personalidad, pero yo creo que no tiene nada que ver con eso. Más bien es que no se la creen y quieren aprovechar su cuarto de hora como sea. Parece que en Presidencia no supieran el valor que tiene un nombre, y la verdad es que nosotros tampoco. Es nuestra carta de presentación, lo único que tenemos. Un nombre nos da honra o nos vuelve infames, y su mal uso nos puede hacer vivir un infierno en vida o dejarnos en la eternidad como un idiota o como un villano, y sin embargo jugamos con él todos los días en redes sociales y en la vida análoga.

Con esto de los premios, María Juliana Ruiz salió definitivamente del anonimato. Si no sabíamos cómo se llamaba después del episodio del vestido de la Casa Blanca, esta vez es seguro que no se nos va a olvidar. Y es probable que no se merezca tal suerte. Al contrario de lo que rezan los comunicados oficiales, el error tiene cara de haber sido voluntario, pero no pasa nada. Estamos para equivocarnos y enmendar la falta después, más allá de que en estos tiempos de humillación pública nos indignemos cuando las personas fallan.

Yo siempre me he querido ganar un premio, de lo que sea. Uno a la mejor columna de opinión, por ejemplo, que es lo único que sé hacer, pero al mismo tiempo me da una pereza infinita postularme porque me parece medio bobo creer que uno merece ganar algo. Además, escribir no es una competencia sino un acto íntimo y liberador. Las veces que he concursado se ha debido a que el medio para el que escribo me sugiere que lo haga, y yo, haciéndome el que no quiero, pero queriendo mucho, le hago caso.

Sin embargo, la primera dama me ha inspirado, y pronto crearé el premio Adolfo Zableh de periodismo de opinión. Y voy a ir más lejos que ella, porque no solo lo voy a crear, ponerle mi nombre y presentarlo, sino que pienso postularme y ganármelo. Esperen novedades.

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