Porno y drogas

Porno y drogas

Cualquier intento que no sea reglamentar producción y consumo de la droga, va en la vía equivocada.

08 de septiembre 2018 , 12:00 a.m.

Tuiteó el Ministerio de Justicia lo siguiente: “Los médicos no pueden expedir recetas de drogas que no son legales. Para demostrar que es un adicto, la persona puede acudir al testimonio de sus padres. La policía, en el proceso verbal, definirá si le cree o no. Vamos a sacar la droga de las calles”. Las palabras fueron dichas en Caracol Radio por la ministra Gloria Borrero. Lee uno el enunciado y parece que proviniera de una cuenta fake, pero no. La idea la lanzó, en efecto, la ministra de un país en una reconocida cadena de alcance nacional.

Primero habría que decir que no van a poder sacar la droga de las calles. Nunca. No hay guerra contra ellas que vaya a lograrlo, tendrían que recluir a los consumidores, mandarlos a una isla, algo, porque mientras haya gente, van a existir. Uno no puede decirle a nadie que no haga lo que le gusta, y en ese paquete de libertades que vienen con la vida misma están las drogas; cualquier intento que no sea reglamentar su producción y consumo, tal como pasa con el alcohol, va en la vía equivocada.

La civilización tiene que llegar al punto donde cualquiera pueda contar que mete droga con la naturalidad de quien dice que toma trago o le gusta viajar. Ese día saldrán del clóset más consumidores que homosexuales. Quienes se aterran cuando se enteran de que alguien fuma marihuana tienen que entender que no consumir drogas no hace a nadie mejor persona, así como creer en Dios, tampoco.

Luego habría que analizar el tipo de Estado que nos gobierna. Ve uno la foto de la señora Borrero, y parece una tía (sin ánimo de ofender a la ministra ni a las tías). Y, encima, tiene una foto con Duque, que parece ese sobrino que desde los 12 años se vestía con saco y corbata y era todo un señorito correcto. Un país de tías que viven ofendidas por cosas de hace dos siglos, eso tenemos.

Primero habría que decir que no van a poder sacar la droga de las calles. Nunca. No hay guerra contra ellas que vaya a lograrlo.

Mientras el mundo intenta abrirse y cambiar las reglas de acuerdo con la forma de pensar de sus ciudadanos sin caer en el desgobierno, acá estamos retrocediendo con una administración defensora de aquello que los conservadores llaman buenas costumbres. Y ya sabemos cómo viene la mano: en ese mundo de la ‘gente bien’ hay de todo, sexo y drogas incluidos, pero de manera reprimida porque hay que posar de correcto así en secreto se lleve una vida de excesos.

Uno de los argumentos que usan quienes quieren prohibir las drogas es que empiezas con marihuana y terminas esnifándote a tus hijos. Es posible para algunos, porque las drogas tienen que ver más con quien las consume que con las drogas mismas. Lo cierto es que es más probable que empieces prohibiendo algunas cosas y termines borracho de poder (o drogado), diciéndoles a las personas qué hacer y qué no de acuerdo con lo que tú crees que es correcto. Si empezamos a legislar con lo que queremos nosotros en vez de pensar en lo que quieren los ciudadanos, un día vamos a terminar como el exprocurador, quemando libros para que la gente no se ‘envenene’ la cabeza.

Hace poco leí un artículo sobre alguien que había superado su adicción al porno, y en él citaban un estudio que afirma que el cerebro de los adictos a las drogas reacciona de forma similar al de quienes sufren de adicción sexual. Hace unos días, Gustavo Petro cayó en la trampa de creer que un famoso actor porno era un estudiante boyacense campeón de física cuántica, por lo que las burlas no se hicieron esperar. Sin ánimo de que la gente se vuelva adicta a una cosa o a la otra, si alguien quiere consumir drogas, debería poder hacerlo con libertad.

El porno también debería ser consumido con menos vergüenza, no solo para lograr placer solo o en pareja, sino también para culturizarse. Yo no sé si Petro le jale a una cosa o a la otra, lo que hay que decir en su defensa es que en esos videos, lo último que uno les mira a los actores es la cara.

ADOLFO ZABLEH DURÁN

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