Pago igualitario

Pago igualitario

El día a día del fútbol femenino es todavía un terreno minado con más obstáculos que patrocinadores.

12 de julio 2019 , 08:29 p.m.

Me tocó ver en Nueva York el desfile del equipo de fútbol femenino de Estados Unidos que ganó el Mundial en Francia. Las jugadoras pasaron por el Cañón de los Héroes, una ruta al sur de Manhattan que no es para cualquiera. Por ese cañón han pasado personajes como la reina Isabel, Winston Churchill, Juan Pablo II y la barra de carbono que usó Homero Simpson para salvar una misión espacial. Héroes de guerra y astronautas, políticos y deportistas han circulado por ahí mientras la gente los ovaciona y desde los edificios se asoman por las ventanas para botar papel picado. Luego hubo un acto en la alcaldía de la ciudad, donde la multitud gritaba “Equal pay”, algo así como pago igualitario, en referencia a que las mujeres futbolistas deberían ganar lo mismo que los hombres.

No creo que pase, al menos no pronto, y no tiene nada que ver con el género, más allá de que vivamos en un mundo donde todo lo que no sea hombre blanco heterosexual tiene las de perder. Se trata, más bien, de un asunto de oferta y demanda en el cual se gana de acuerdo con lo que se genera. Y aunque la selección femenina de Estados Unidos haya conquistado cuatro mundiales y los índices de audiencia del último en Francia fueron altos, es, por ahora, un espejismo. El día a día del fútbol de mujeres es todavía un terreno minado con más obstáculos que patrocinadores, y mientras eso no cambie, los sueldos no subirán mucho. El pago igualitario es el final del proceso, la conclusión de algo que apenas está empezando.

Durante siglos hemos normalizado comportamientos que, si miramos bien, son aberrados, y hoy es un error no darles a las mujeres, a toda forma de vida en realidad, un espacio en la sociedad

Cambios así no pasan instantáneamente. Los humanos somos cosa seria cuando sentimos que perdemos nuestros privilegios, y en este caso, el fútbol es un ejemplo perfecto. Toda la vida ha sido terreno de hombres, y el de mujeres sufre el rechazo de quienes se sienten invadidos, y no hablo solo de tener mujeres futbolistas, sino entrenadoras, árbitras y comentaristas. Hace años escribí una columna en la que decía que no les creía a las mujeres que hablaban de fútbol. Hoy veo mi error y entiendo que no era un tema de fútbol exclusivamente, sino de la vida en general.
Cuando las personas tenemos miedo reaccionamos con violencia, con odio. Yo no odio a las mujeres, en realidad no odio nada, solo que les tenía un miedo tremendo, las culpaba de muchas de mis fallas, y, por ende, reaccionaba con resentimiento hacia ellas. Durante siglos hemos normalizado comportamientos que, si miramos bien, son aberrados, y hoy es un error no darles a las mujeres, a toda forma de vida en realidad, un espacio en la sociedad. Todo lo que sea exclusión, en vez de inclusión, va en la dirección equivocada. E insisto en que no es una cuestión exclusivamente de fútbol ni de hombres contra mujeres, se trata de un proceso que abarca cada capa de la sociedad.

Por eso no coincido cuando dicen cosas como que las mujeres son mejores que los hombres o que el futuro es feminista, frases que suenan a arengas lambonas. Las mujeres no son mejores, son diferentes, y el futuro no puede ser feminista, tiene que ser de todos, incluyente.

Volviendo al tema inicial, tienen las mujeres todo para ganar terreno en el fútbol si no hacen lo mismo que los hombres. No solo vivimos tiempos de corrupción y escándalos, sino que se han vuelto seres aburridos. ¿Han oído una entrevista con un futbolista? Son aburridísimas, siempre con las mismas cuatro frases de cajón. No se comprometen ni dicen nada interesante, y en eso, las mujeres les están ganando terreno a pasos descomunales. Un futbolista hombre es la definición perfecta de tibieza, y es hasta entendible: es mucho lo que tienes que perder cuando te ganas diez millones de dólares al año, así que mejor ser precavido con lo que dices. Un futbolista que hable de política y critique el sistema o una futbolista bien pagada siguen siendo, por ahora, animales exóticos.

Sal de la rutina

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