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No me parece chistoso

No me parece chistoso

Carecemos de sentido del humor los colombianos, por eso lo del meteorito nos pareció una maravilla.

10 de septiembre 2021 , 08:00 p. m.

Varios amigos me mandaron memes y videos del supuesto meteorito que cayó en Barranquilla, y yo les respondí “jajajaja” por cumplir, porque la verdad es que no me pareció chistoso. Primero, porque no entendía lo que estaba pasando, y luego, cuando averigüé de qué iba todo el asunto, me pareció menos chistoso todavía. Mientras ellos se desencajaban de la risa, a mí me dio tristeza más bien.

Tristeza por ellos, que lo hallaban gracioso, pero más por los protagonistas de la historia. Yo lo que vi en ese video fue gente necesitada de ayuda y no de burlas, reflejo de la pobreza y la ignorancia en que vivimos, por eso me entristeció antes que entretenerme. Luego supe que todo era una campaña para anunciar la construcción de una urbanización residencial y me dio más congoja aún por todos los que se dejaron llevar por la euforia colectiva.

En general, muchas de las cosas que a otros les parecen graciosas a mí no me mueven un músculo de la cara; solía creer que se debía a que yo era mejor que los demás, pero desde hace varios años tengo claro que tal cosa es falsa. Y no es que disfrute de lo elevado y complejo; al revés, las bromas elaboradas me aburren, al punto de que Les Luthiers me parecen insufribles; a mí me gusta lo más guarro del humor: Yayo y el Cuarteto Obrero, el Top Forry, elFestival del hueco’ de No me lo cambie, La grúa y La escalera, dos programas hechos por paisas y que ya no existen. ‘Don Vinagre’, ‘Johan Snick, el gigoló del 2000’, todo era maravilloso, un humor superior y al mismo tiempo chabacano, al punto de que mi correo personal que aún uso se lo debo a la frase que decía uno de los personajes de dichos programas.

Lo único elevado que me gusta son los videos de Peter Capusotto, y esto no es opinión, es un hecho que no aguanta polémica, tan indiscutible como que Madrid es la capital de España. La gente suele deslumbrarse con la mitología creada por Tolkien o con el universo Marvel, pero ambos son bobadas comparados con el universo Capusotto. Quique Pettinari, Elmer Grasa, Claudio Tepongo, Aníbal Lagarchone, Ignacio Bajoni, entre muchos otros; nunca la civilización vio tanta riqueza intelectual junta. Idos Borges y Stephen Hawking, Capusotto y Saborido, sus creadores, son los grandes genios que le quedan a la humanidad.

Muchos problemas de Colombia se solucionarían con un buen político o un buen humorista, lo que surja primero.

En fin, que carecemos de sentido del humor los colombianos, por eso lo del meteorito nos pareció una maravilla. Podremos tirar un apunte, narrar una anécdota simpática en medio de una reunión, pero cuando se trata de armar toda una estructura graciosa para el consumo masivo, fracasamos con estrépito porque no tenemos tal capacidad. Ahí está Don Chinche, tan celebrado y ni idea de por qué. Mucho esfuerzo y mucho trabajo, muchos años al aire también, pero no es suficiente. Chistoso así que dijera uno qué risa me da esto, pues no. Hernando Casanova sí era otra cosa, dueño de una chispa diferente, pero era un oasis en medio del desierto; algo parecido a Jaime Garzón, así tuvieran estilos diferentes.

Garzón era otro nivel, tan bueno que no parecía colombiano, y nosotros insistimos en nombrar como su sucesor a cualquiera cuando la verdad es que no se percibe a alguien que se le acerque. Vean a los comediantes modernos, los que hacen stand-up comedy, igual de mediocres salvo par excepciones; lo único que hicieron fue cambiar de formato, pero siguen siendo Sábados felices.

Sus apuntes se limitan a narrar fracasos amorosos, anécdotas familiares y poco más: el mundo les pasa por encima, en vez de mirar ellos al mundo, como debería ser. Yo me creía chistoso hasta que un día me dio por hacer stand-up comedy, ahí descubrí que soy un desastre y que hacer humor es lo más difícil que existe, más difícil que encontrar un buen candidato en el tarjetón. Sea lo que sea, muchos problemas de Colombia se solucionarían con un buen político o un buen humorista, lo que surja primero.

ADOLFO ZABLEH DURÁN

(Lea todas las columnas de Adolfo Zableh Durán en EL TIEMPO, aquí)

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