No llego a diciembre

No llego a diciembre

No me gustan los ataques al físico de Duque porque puedo sentir su dolor cuando estos ocurren.

13 de diciembre 2019 , 07:29 p.m.

No estoy de acuerdo con que ataquen a Duque por su aspecto. Si queremos un mejor país, hay que exponer argumentos, no agresiones, y el gobierno actual tiene muchos puntos débiles como para atacarlo por la apariencia física del Presidente. Así nos cueste, eso de respetar a la gente no puede ser una ley que se aplique a nuestro gusto, censurable cuando la persona nos cae bien y permitida cuando no nos agrada. Aunque la principal razón por la que no me gustan los ataques al físico de Duque es que puedo sentir su dolor cuando estos ocurren.

En este extraño mundo que estamos construyendo, hay que tener cuidado cuando se habla de las mujeres, los niños, los perros y los gatos, las minorías étnicas y algunas discapacidades, pero no hay lío en atacar a los gordos, por ejemplo, o a los calvos, o a los animales que nos comemos; o, en mi caso, a los tartamudos. A mí no me bajan de gago hijueputa, así la conversación sea sobre el clima, y no hay asociación que me proteja ni castigo para el agresor. Tampoco pretendo que existan tales cosas, solo digo que es curioso cómo en el menú de asuntos sensibles hay unos temas que sí clasifican y otros que no.

El punto es que puedo ponerme en los zapatos de Duque con respecto a su cuerpo. Mientras la tendencia es a que una presidencia saque canas y envejezca, a él lo está engordando. En videos de hace cuatro años, cuando era senador, se veía un hombre de contextura gruesa, pero en forma; hoy en cambio, en cada aparición parece que hubiese ganado un par de kilos. El puesto le debe de estar creando una ansiedad que solo la calma comiendo. Cada marcha y cada crítica deben significar para él llegarle a ese pasaboca que no debería. Y ni hablar de los líos internos, los de su partido y los de su cabeza, que solo debe de aplacar consumiendo comida poco sana a deshoras.

Puedo ponerme en los zapatos de Duque con respecto a su cuerpo. Mientras la tendencia es a que una presidencia saque canas y envejezca, a él lo está engordando

Y lo entiendo porque a mí me pasa exactamente lo mismo. Veo fotos mías de hace unos años y daría un riñón por verme así de nuevo, pero no puedo, soy muy débil. La comida es el único placer que le encuentro a vivir, especialmente si es extrema: o muy grasosa, o muy dulce, o muy ácida. Nada de platos sanos, que eso es para gente que está muerta por dentro. Uno también está muerto por dentro, pero de manera diferente.

Antes hacía más ejercicio y mi metabolismo era veloz, así que la comida no me afectaba, pero los cuarenta me cogen cansado y cualquier cosa me engorda. Y mientras más asuntos tengo pendientes, más como, porque comer no es solo una forma de calmar la ansiedad, sino una forma de aplazar los deberes.

Casi todo mi clóset está en stand-by, lleno de ropa que compré cuando medía dos tallas menos, y solo uso una chaqueta y un chaleco que aún me entran. Extraño mi ropa, en especial las camisas, que no uso hace más de un año. A veces, cuando trato de ponerme una y veo que los botones van a explotar, pienso nuevamente en Duque, cuando va a Cartagena y sale con una guayabera que parece comprada en la sección de niños.

No sé si a él le pase también, pero a mí me ocurre que me miro en el espejo de la casa y no me noto gordo; de hecho, me veo flaco. Entonces salgo a la calle lleno de confianza, pero las vitrinas de los almacenes me devuelven la imagen de alguien que, bajito, tiene diez kilos de más.

A final de año suelo ir a la ciudad donde nací, que queda junto al mar. Siempre juro empezar dieta antes para lucir en la playa un cuerpo que me haga sentir seguro, y cada año fallo religiosamente porque eso de ponerme fechas no me funciona. En agosto prometo empezar en septiembre, pero octubre y noviembre me pasan por encima sin que pueda cambiar mis hábitos. En sueños me veo comiendo lechuga, pero en la realidad soy cliente fijo de un local que vende generosas porciones de chicharrón con papa criolla. Todo esto para anunciar que este año tampoco llego a las vacaciones de diciembre.

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