Morirse no es lo mismo que matarse

Morirse no es lo mismo que matarse

Mi soledad es aún un privilegio, pero temo al día en que se convierta en una condena.

10 de enero 2020 , 07:00 p.m.

Me regalaron un aparato de esos a los que les hablas y te cuenta las noticias, el estado del clima y hasta te pone música, solo para descubrir que nunca en mi vida he estado tan solo. Antes lo sabía, pero no lo sentía; andaba por el silencio de la casa, y todo se sentía en regla. Pero después de unos días de usar el parlante empezó a hacerme falta su voz, lo que me llevó a desconectarlo y guardarlo.

Siempre disfruté mi soledad y ahora me incomoda, al punto de que he buscado métodos de los más raros para sentir que hay alguien ahí. A veces abro los ojos a mitad de la noche y veo a alguien sentado en el sofá del cuarto, pero segundos después caigo en cuenta de que es un bulto de ropa acumulada que hace las veces de persona en la oscuridad. Pasa lo mismo cuando rumbo al baño paso por el clóset abierto y me parece ver a un señor de chaqueta que al final es, precisamente, una de mis chaquetas que está colgada.

Ver la ropa como gente me ha llevado al siguiente paso: buscar fantasmas, y eso que les tengo pavor. Hace poco vi una serie de terror que me tuvo durmiendo mal casi tres meses, pero la soledad es tanta que no me importaría relacionarme con espíritus. Así, cuando me lavo los dientes y me agacho para escupir en el lavamanos, alzo la cabeza lo más rápido posible a ver si logro agarrar al espectro que seguro se para detrás de mí durante ese par de segundos. Mirarme al espejo y que detrás de mí haya una presencia ha pasado de ser mi mayor miedo a mi fantasía más intensa.

Siempre disfruté mi soledad y ahora me incomoda, al punto de que he buscado métodos de los más raros para sentir que hay alguien ahí

No sé con qué miedo a socializar cargaré, pero en vez de salir a la calle o llamar a mis amigos a ver en qué andan, busco compañía en los lugares más inusuales. He empezado a contestar llamadas de números desconocidos y a establecer diálogos con vendedores bancarios que me han ofrecido créditos de libre inversión y tarjetas de crédito sin cuota de manejo. Nunca acepto, pero les hago preguntas para alargar la charla. Lo mismo me pasa con vendedores de planes de internet y televisión por cable, a quienes les explico, canal por canal, por qué estoy feliz con mi operador actual. Debo ser el único cliente al que tienen que colgarle, y no al revés. Incluso estoy respondiendo el teléfono fijo. Una vez preguntaron por Rodrigo, y dije ‘con él habla’, pero la charada se me derrumbó a los tres minutos. No pasa así con quienes llaman a programar las revisiones de las tuberías de gas; a ninguno le he dicho que no, y el próximo mes tengo cuatro visitas.

He estado tan ansioso que hasta entro a los buzones de correo no deseado de mi e-mail a ver qué hay, porque al buzón principal no escribe nadie, a duras penas el editor para que decir que llegó bien la columna, y eso. Siempre sueño con que alguien de mi pasado me haya escrito al correo de la basura pidiendo que nos veamos, pero por allá no hay más que spam, lo que no me ha impedido responderle al remitente para saber cómo están las cosas. Es que me estoy adelantando a los hechos porque mi soledad es aún un privilegio, pero temo al día en que se convierta en una condena. Estar solo por elección es una delicia, estar solo porque no hay de otra es devastador.

He leído que con los años, vivir solo trae problemas. Es decir, no es solo que en la soledad no haya quien nos cuide una enfermedad, sino que la soledad misma enferma. Altera el sueño y el sistema inmunológico, aumenta el riesgo de estrés, diabetes, abuso de antidepresivos, demencia e infarto. Y ya la tapa: sentirse solo es como fumarse quince cigarrillos al día, cosa que de haber sabido antes me hubiera puesto a fumar desde los doce. Por muy desconectado que esté del mundo, sé que no soy el único en estas. Tanto cuidarnos, tanto no salir para evitar los peligros de la calle, tanto evitar a la gente para que no nos rompan el corazón, y resulta que nos estamos matando solos.

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