close
close
Secciones
Síguenos en:
Más plata, menos amigos

Más plata, menos amigos

Siento que la vida se me va en sobrevivir y no en disfrutarla, y vivir así no tiene mucho sentido.

03 de diciembre 2021 , 08:00 p. m.

Subió el precio de la empanada, una crisis peor que la de los pasaportes porque no cualquiera viaja al exterior, mientras que la empanada no figura en el escudo nacional de milagro. Que le hayan aumentado a un producto tan popular significa un golpe para muchos colombianos que la usan para acallar el hambre; una empanada a media mañana, y la energía alcanza para seguir dándole el resto del día.

(También le puede interesar: Escritor o máquina)

Es que subió todo, de la empanada para arriba. Desde que tengo uso de razón vengo oyendo que la situación está difícil, pero el tema empeoró con esta nueva escalada de precios. Si antes la plata no alcanzaba para un carajo, ahora no alcanza para un jopo, y menos con el dólar a cuatro mil.

Hay escasez de suministros y de empleados por culpa de la pandemia, y sin embargo hay cosas que no cuadran. La primera, ¿quién se da el lujo de no trabajar en estos tiempos? Luego está la fragilidad de la economía. Siglos de capitalismo y llega un virus y se lleva todo por delante en cuestión de semanas. Tendrá sentido para los expertos en el tema, pero no deja de ser llamativo que en poco tiempo haya puesto a temblar una estructura que costó décadas levantar, da para pensar si hay asuntos que reformar.

Y lo peor es que no tiene cara de que se vaya a reformar mayor cosa porque de lo que no hablan los economistas cuando hacen sus análisis es del factor humano. Lo llenan a uno de variables y ecuaciones, pero dejan por fuera lo esencial: la avaricia de las personas, que es lo que mueve al mundo.

Hace poco leí que los problemas de producción en países como Malasia, Vietnam y Brasil causaban desabastecimiento de grandes mercados como Estados Unidos y el Reino Unido, produciendo una subida en los alimentos de hasta más del 30 por ciento. Mientras tanto, acá el Dane dice que la inflación de octubre fue del 0,01 por ciento, para un total del 4,58 por ciento en 2021, dato que no me cuadra. Insisto, la matemática podrá confirmarlo, pero mi billetera piensa otra cosa.

No hay mucho por lo que sacar pecho porque, como me dijeron días atrás, progreso no es que prosperen algunos, sino que lo hagamos todos

Mientras por un lado se habla de recuperación económica, conversa usted con cualquiera y le cuenta que vive alcanzado. Es cierto que hay sectores a los que les ha ido bien con la pandemia, pero para la mayoría ha sido una ruina. No hay mucho por lo que sacar pecho porque, como me dijeron días atrás, progreso no es que prosperen algunos, sino que lo hagamos todos, y eso es lo que está pasando: mientras unos se llenan los bolsillos, la mayoría ve decrecer su capacidad adquisitiva. Los precios de los productos van en moto, y nosotros tratamos de alcanzarlos a pie.

Seas rico o pobre, se te va la plata y no sabes en qué, compras tres bobadas en el supermercado y se te descuadra el presupuesto del mes. Como es imposible prescindir de lo básico, yo he empezado a cancelar lo innecesario, como los restaurantes. Sufrieron durante la pandemia y mueven la economía, pero es que son ellos o yo. En especial los de lujo, los que cobran diez mil por un jugo y tienen valet parking para hacer sentir importante al cliente. Es que no los soporto. A mis amigos les he dicho que si quieren ir a comer para ponernos al día, me tienen que invitar porque yo no pienso gastar plata en esa vaina.

El otro día fui a uno y por una coliflor gigante hervida y tres picadas pagué 220.000 pesos. No sé ustedes, pero yo estoy cansado de ir a lugares que cobran una fortuna y me mandan a la casa con hambre. Y doscientos mil pueden sonar a mucho, pero la verdad es que no son nada, te los gastas en cinco minutos pagando dos servicios públicos. No quiero seguir con este ritmo de gastos, pero no hay escape porque el sistema me devora, igual que al resto. Siento que la vida se me va en sobrevivir y no en disfrutarla, y vivir así no tiene mucho sentido. Me pregunto si estoy mal de plata, o más bien mal de amigos. Probablemente sea de amigos, nunca me han caído bien.

ADOLFO ZABLEH DURÁN

(Lea todas las columnas de Adolfo Zableh Durán en EL TIEMPO, aquí)

Más de Adolfo Zableh Durán

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.