Los idiotas

Los idiotas

Nos comemos cualquier cuento y juramos que es verdad solo porque nos dicen lo que queremos oír.

29 de noviembre 2019 , 07:51 p.m.

Colombia no es una dictadura, pero parte de sus fuerzas públicas se está comportando como si lo fuera. Aunque, más que la fuerza desmedida, lo que llama la atención es la capacidad de manipulación del Gobierno. Este gobierno nos quiere mansos, este y cualquiera, por eso no hay que comerle cuento. Lo curioso es que estando avisados nos sigamos creyendo todo, como los hechos que originaron los toques de queda de la semana pasada en Cali y Bogotá.

Son varias las voces que afirman que se trató de una estrategia de manipulación del propio Gobierno para asustar a la gente y luego figurar como el instaurador del orden.
Ni idea, pero todo sí se veía muy organizado, sospechosamente igual en ambas ciudades, donde supuestos vándalos se metieron a conjuntos residenciales.

Si yo fuera a robar, me metería a un almacén de electrodomésticos o, en el peor de los casos, a una casa de clase alta, donde hay menos protección y más dinero, y no a un conjunto de clase media con varios celadores donde no sobra la opulencia, pero sí personas dispuestas a defender como sea lo que mucho les ha costado conseguir. Pero si en vez de robar de verdad quisiera crear pánico, ahí sí me iría a conjuntos residenciales para impactar a la mayor cantidad de gente posible. Pero ese sería yo, insisto, que ando medicado por mi psiquiatra.

Quienes mandan tienen claro que a la gente no se la convence de frente y a la brava, sino con manipulaciones sutiles que le hacen creer que lo que hace y piensa es por iniciativa propia

Las noches del jueves y viernes de la semana pasada hubo muchos sustos, amenazas, ataques de histeria colectiva y vecinos armados con bates, pero nada de robos ni capturas en esos puntos de mira de los supuestos vándalos. No pudieron las Farc en medio siglo de historia, con todo su poder y sus armas, meterse a las ciudades, lo iban a lograr tres gatos en una noche, pues. La conclusión es que el nivel de manipulación y tortura sicológica a la que nos vimos sometidos fue una cosa muy cruel.

Subestimamos la maldad de este gobierno, pero también su torpeza, ya que parece no saber que hoy, con un celular se puede desmontar cualquier información oficial, y lo que sobran en las redes son videos que desmienten varias de las cosas que nos ha dicho al respecto. Claro que eso no le quita que seamos fácilmente manipulables. Nos comemos cualquier cuento y juramos que es verdad solo porque nos dicen lo que queremos oír. Alguien echó a andar el falso rumor de que a Dilan Cruz le habían negado un crédito del Icetex, y empezamos a repetirlo solo porque nos parecía una verdad conveniente, oportuna, que le sumaba dramatismo a su muerte. Y así vamos con todo por la vida, jurando que estamos informados, que tenemos la razón, que nos las sabemos todas y que somos independientes e infalibles.

Lo cierto es que somos idiotas útiles, no sabemos nada de nada, no tenemos rigor ni criterio y juzgamos y actuamos con un mínimo de información, lo que nos lleva a tomar decisiones erradas. Quienes mandan tienen claro que a la gente no se la convence de frente y a la brava, sino con manipulaciones sutiles que le hacen creer que lo que hace y piensa es por iniciativa propia. Quienes están a favor o en contra del paro creemos que tenemos razón porque cargamos en las alforjas irrefutables argumentos de peso, y lo único que de verdad tenemos es babas cayendo de nuestras bocas. Tarados peleando en redes y en comidas familiares, dándose unfollow y retirándose el saludo, solo a eso llegamos.

Miren que Maduro ha condenado los ataques a la población civil en Colombia mientras somete a su pueblo, al tiempo de que nuestros políticos justifican los abusos del Esmad aquí, pero lloran cuando tal cosa ocurre en Venezuela. Y eso pasa porque en realidad no les importamos ni a uno ni a los otros. Ambos bandos libran una batalla por conservar el poder debilitando al otro, y el precio a pagar es llevarse a países enteros por delante. Solo les servimos para aportar votos y, en situaciones extremas como esta, sangre.

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