Los Crocs

Los Crocs

Los primeros Crocs de Colombia los tuve yo, y me siento orgulloso de ello.

18 de agosto 2018 , 12:00 a.m.

Los primeros Crocs de Colombia los tuve yo, y me siento orgulloso de ello. Eran anaranjados, no me los bajaba y aún los tengo. Los compré hace doce años en Israel, donde eran muy populares, luego me paseé con ellos dos meses por Europa y después por Colombia, sin que nadie tuviera algo parecido, y muchos preguntaran qué era eso que llevaba en los pies. Unos por curiosidad, otros por físico repudio.

Pero si miran bien, son un gran invento: unos zuecos de colores hechos de caucho; livianos, fáciles de usar, fáciles de limpiar. No tienen pierde, es como andar descalzo sin estarlo. Son tan maravillosos que cambiaron el panorama de los zapatos, pusieron a la gente a hablar de ellos, y hasta a chiviarlos.

El mercado está lleno de imitaciones de Crocs, y eso dice mucho de su impacto. Porque nadie es indiferente a ellos, o los aman o los rechazan. A mí me parecen una maravilla, y quienes los descalifican por feos son unos prejuiciosos, porque va uno a ver quiénes son, y resulta que les gustan cosas tan o más feas. Oyen reguetón, tienen pugs, manejan carros deportivos y compran esas carteras Louis Vuitton que vienen con el mosaico de la L y la V. Podrán parecer finas, pero lo cierto es que son de lo corroncho que hay.

Es más, quien usa algo así es doblemente corroncho porque un Croc se sabe feo, no aspira a más que a consentir el pie; la cartera, en cambio, es en teoría un símbolo de sofisticación, cuando en realidad deja en evidencia a una persona que quiere gritarle al mundo que tiene plata.

Si miramos bien, es coherente que el expresidente los use; la gente ama u odia a Uribe en la misma medida en que ama u odia los Crocs, como si estuvieran hechos el uno para el otro.

El punto es que esta semana fueron noticia porque anunciaron que iban a cerrar sus fábricas y que su jefe de finanzas había renunciado, lo cual produjo el júbilo de muchos, ni idea de por qué. Hay gente que dice que odia los Crocs con la misma ligereza con que dice que odia el helado de ron con pasas o la lengua en salsa; unos sobreactuados, como si alguna de esas cosas les hubiera hecho daño.

Cuando alguien dice que odia algo de la vida cotidiana que simplemente está ahí es porque está buscando atención, no se sabe expresar o simplemente se odia a sí mismo. El cierre de las fábricas no quiere decir la desaparición de los Crocs, o al menos eso anunciaron. Se trata de una estrategia para fabricarlos en maquilas y así abaratar costos. Parece que habrá Crocs para rato.

De la noticia me enteré por un tuit de Álvaro Uribe, fanático de la marca, que seguro difundió la información con gran preocupación. Y si miramos bien, es coherente que el expresidente los use; la gente ama u odia a Uribe en la misma medida en que ama u odia los Crocs, como si estuvieran hechos el uno para el otro. Es macabramente tierno ver a Uribe en Crocs, como si no tuviera la culpa de nada y fuera apenas un abuelito que retoza con sus nietos. Luego lo oye uno decir con falsa humildad que él usa Crocs mientras que Petro viste Ferragamo, para recordar el viejo manipulador que es.

Yo ya no hago muchas de las cosas que hacía doce años atrás, entre esas usar Crocs en público. Y no tiene nada que ver con que sean los zapatos preferidos de Uribe, sino con un asunto de madurez. ¿Han visto esa gente que se deja las medias a la hora del sexo? Yo una vez tuve sexo con Crocs puestos, y no me enorgullezco de ello; hoy solo los uso cuando estoy en casa porque no encuentro nada más cómodo, y entiendo que un zapato así solo se usa en la privacidad del hogar si tienes un pie herido, trabajas en el área de la salud o tienes ocho años. Y salvo que sea expresidente de un país, nadie puede llegar a una reunión en Crocs y esperar ser tomado en serio.

Si alguien es tan fanático de los Crocs como yo y tuvo su primer par antes de mayo de 2006, que me avise. Podríamos reunirnos, intercambiar impresiones y, de paso, mandarle un DM a Uribe a ver si quiere acompañarnos. Eso si no nos ha bloqueado antes.

ADOLFO ZABLEH

Columnistas

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