La vida es otra cosa

La vida es otra cosa

No puede ser que todo sea motivo de pelea. ¿Qué nos han hecho para que seamos tan violentos?

04 de octubre 2019 , 07:15 p.m.

La semana pasada murió una familiar, y sus hijos mandaron por WhatsApp viejas fotos de nuestra infancia en las que casi no pude reconocerme. Salíamos en un paseo de finca; yo, al lado de otras personas aún más irreconocibles, pobres miserables en los que no pensaba hacía décadas. Cada cosa que hago me hace sentir viejo, y, aunque no lo esté del todo, esta medianía de los cuarenta pesa demasiado. De entrada, menos pelo y más barriga. Más arrugas también. Mientras más me miro al espejo, más me cuesta encontrar al niño de las fotos. Para dar con él me toca concentrarme en sus ojos, que todavía miran el mundo con miedo. Por mucho que decaigamos, los ojos son lo único en nuestro cuerpo que no envejece.

Los años se sienten en las rodillas, en la pausa con la que se empiezan a hacer actos cotidianos como servirse la comida o sacar dinero de la billetera. También, en el sexo. El deseo sigue ahí, pero las ganas de lidiar con las cosas operativas se acaban. Citarse con la persona, hablar con ella antes y después, dar lo mejor de sí; todo resulta tan vacío. El sexo casual se acaba no porque no haya gente para practicarlo, sino porque tiene que haber algo más que la consecución de un orgasmo. Se necesita algo que una, que no tiene que ser amor necesariamente. Admiración, complicidad, amistad, algo que logre que después del orgasmo no queramos mandar todo al carajo. Con el tiempo uno se vuelve peor polvo, pero mejor persona. O la mejor versión de uno mismo, más bien; es decir, con sus defectos de siempre, pero matizados.

La mejor versión de mí mismo incluye no enterarme de la coyuntura. Empecé dejando de ver noticieros en televisión, ya voy en no leer noticias, si acaso los titulares como para untarme con un barniz de realidad. También participo menos en Twitter y ‘stalkeo’ menos en Instagram porque las redes sociales están llenas de personajes falsos que solo tienen dos dimensiones: están increíblemente felices o increíblemente emputados, igual que la gente cuando se emborracha en la vida real.

Cualquier persona que no esté tratando de llegarles a los demás y cambiar sus vidas para mejor está en el camino equivocado

Yo llevo años diciéndoles que tienen que calmarse, pero no me oyen. No puede ser que todo sea motivo de pelea. ¿Qué nos han hecho para que seamos tan violentos? Pasó con Greta Thunberg, la activista sueca que lucha contra el cambio climático. Unos la defendían y otros la atacaban con una vehemencia que todo parecía una parodia. Greta y todo lo demás por lo que nos enfrentamos son apenas excusas para sacar el veneno que llevamos dentro. Si de verdad queremos preservar la vida en el planeta, no hay que dejar de consumir pitillos sino dejar de odiarnos.

Hace meses empecé a sentir dolores en el pecho. Ocurrió por los días en que Iker Casillas sufrió un infarto, así que me fui a urgencias, solo para comprobar que se trataba de otra cosa. El punto es que me puso a pensar por primera vez de verdad en la muerte, en el suceso de ya no estar en este mundo. Cuando te sientes de salida descubres que debes tocar vidas antes de irte. Mejorar la tuya de arranque, pero también llegarles a los demás. No sé qué voy a inventarme para lograrlo, pero con algo saldré. Por lo pronto les deseo cosas bonitas. Que dejen de sobreinformarse y lean más libros, oigan más música, que conozcan por medio de obras de arte a personas que están tratando de decir algo; gente tan sola y desesperada como nosotros, pero que encontró una voz para poder contarnos cómo se siente.

Greta Thunberg, el desempleo, la subida del dólar, los abusos del Esmad, el colombiano del Mundial de Ciclismo que pinchó y se puso a llorar; nada de eso me llega porque hay momentos de la vida en que las luchas que importan son internas. Admiro a quienes siguen la realidad, pero yo ya no estoy ahí. Cualquier persona que no esté tratando de llegarles a los demás y cambiar sus vidas para mejor está en el camino equivocado.

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