Historia de amor en medio del caos

Historia de amor en medio del caos

Con todo lo que pasó, lo épico, lo ridículo, lo trágico, era un día perfecto para enamorarse.

22 de noviembre 2019 , 06:44 p.m.

Es difícil escribir. No por falta de tema: vivir en Colombia te garantiza que siempre habrá algo para reseñar. Es que a veces pasan tantas cosas que la cabeza no las procesa, al punto de que las palabras no salen. No soy de los de hacer drama y decir que me duele mi país, que eso suena más a político en busca de votos o a tuitero sobreactuado. Pese a todo, es en momentos como este cuando más hay que hablar, así el ruido de las voces se vuelva insoportable.

Cualquier cosa que diga será torpe, insuficiente, inoportuna. Nada podría plasmar lo que pasa, necesitaría una novela de varios volúmenes, y eso. Tampoco quiero decir nada que divida, se malinterprete o ayude a la combustión, aunque es imposible, los sentimientos van a mil y, encima, dices una cosa, y la gente la lee como se le da la gana.

Lo que está ocurriendo es superior a nosotros, y no sabemos en qué vaya a parar porque no hemos vivido algo parecido. Todo es aun tragicómico, angustiante y excitante al mismo tiempo, como si se tratara de una película y no de nuestro futuro. Está en juego la vida de todos, el destino de un país, y todo lo que no esté en esa línea está fuera de lugar.

Qué aburrido conocer a alguien en una cita a ciegas; qué bello, en cambio, encontrar al amor de tu vida en plena zozobra, qué historia para contar a los nietos

Ayer, después de reportar las marchas y las agresiones, los canales nacionales pasaron novelas y realities, y yo pensaba: ‘Qué es esto’. La vida sigue, es cierto, pero no sé si la vida ahora sea buscar entretenimiento. El otro día vi un rato el reinado nacional de la belleza, y se sentía todo tan anacrónico, tan desconectado, que aguanté dos minutos. Y, aunque todos queremos vivir en paz, ser felices y que la vida se trate de problemas banales como cambiar de trabajo o buscar un sitio para las vacaciones de diciembre, no creo que sea lo que toca ahora. No hay espacio para medianías, nos estamos moviendo entre situaciones extremas, y lo cotidiano pierde importancia.

El día de la marcha salí de la casa antes de nueve de la mañana, y eran las tres de la mañana del día siguiente y no me había dormido, exaltado con todo lo que había pasado en el país en cuestión de horas. En jornadas así no puedes dormir, no quieres que nada se acabe porque temes que cuando abras los ojos vuelva a ser otro día cualquiera, igual a los miles que has tenido antes y los miles que con suerte vendrán.

Es que fue irreal: la belleza de las marchas, los disturbios en Cali, en Facatativá, los actos violentos de los encapuchados, el discurso de Duque como si la cosa no fuera con él, los utensilios de cocina arruinados por el cacerolazo, lo abusos del Esmad y la Policía, que se comportaron como si en vez de vivir en una democracia estuviéramos en una dictadura. No faltó nada: hasta le bloquearon la cuenta de Twitter a Uribe, y todo esto mientras Paris Hilton y Roger Federer visitaban el país por compromisos comerciales. Todo era tan absurdo que las declaraciones de Francisco Santos criticando al Gobierno y su descabellada defensa quedaron en el olvido.

El jueves fue un día inolvidable, no le faltó nada, porque hasta llovió. Con todo lo que pasó, lo épico, lo ridículo, lo trágico, era un día perfecto para enamorarse. Qué aburrido conocer a alguien en una cita a ciegas; qué bello, en cambio, encontrar al amor de tu vida en plena zozobra, qué historia para contar a los nietos.

El jueves, mientras pasaba de todo, hablaba con una mujer por chat, y en un momento el deseo fue tanto que le dije “espérame ahí”, y salí a encontrarla en medio de la lluvia y el ruido de las cacerolas. Mientras iba en su búsqueda tenía ansiedad y miedo, se sentía a la gente gritar y el mundo cambiar, pero nada importaba. Caminé afanado por la ciudad hasta dar con ella pese al caos y la poca pila que le quedaba al celular. No sé qué venga ahora para los dos, pero en ese momento tenía que hacerlo, la vida es muy corta como para no amar en tiempos como este.

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