El país de Duque

El país de Duque

Me quiero ir para allá, porque acá en Colombia, lo que se siente es el regreso de la guerra.

05 de julio 2019 , 07:00 p.m.

Yo quiero vivir en el país donde vive Iván Duque, un lugar donde todo marcha a la perfección. En el país de Duque, el glifosato es inofensivo, si acaso un jarabe. Unos dicen que es como el café, otros lo comparan con tomar agua, y una universidad afirma que el vino es más dañino. Una fortuna para nuestros niños, que pueden andar libres por nuestros campos sin temor a envenenarse. En aquel lugar, el fracking es también una cosa menor que causa a la naturaleza un daño imperceptible.

En el país de Duque, Nicolás Maduro tiene las horas contadas y en la frontera con Venezuela se organizan eventos de tal magnitud que hacen ver la caída del Muro de Berlín como una piñata infantil. Hay unas pocas cosas que arreglar, pero son nimiedades, por eso no pasa nada si viaja al exterior 17 veces en diez meses a promocionar este modelo perfecto que hemos creado. En ese país que él gobierna, es visto como un logro conseguir 15 becas para apoyar industrias creativas, y también que una fundación suiza exprese interés (ni idea de si verbalmente o por escrito) en el desarrollo de empresas tecnológicas.

El país de Duque superó hace rato la guerra y es ahora el reino de la economía naranja. Todos somos creativos, evolucionados y hipsters, y juntos vamos a sacar esto adelante porque tenemos todas las facilidades y herramientas para lograrlo. Acá se apoya al emprendedor, al empleado independiente; no se pagan miserias y ni por equivocación, una cuenta se paga a noventa días. En la nación de la que hablo, nos va de maravilla en las pruebas Pisa, que miden el nivel académico de los estudiantes de los países, porque acá todos somos divinamente y muy instruidos, gracias a la educación masiva de calidad de la que gozamos. Es tanta la dicha que el presidente del Senado no pide la ayuda de Interpol, la policía, sino de Interpol, el grupo de rock indie. Es que esto está tan bien que las pocas fallas se pueden arreglar con canciones.

En ese país ya no hay muertos por violencia y el asesinato sistemático de líderes sociales se debe a líos de faldas

La información negativa que viene del exterior hace parte de una campaña internacional de desprestigio, como afirma el canciller. Todo liderado probablemente por un medio abiertamente castrochavista como The New York Times. En ese país ya no hay muertos por violencia y el asesinato sistemático de líderes sociales se debe a líos de faldas, mientras que la inseguridad en las regiones, a que se están robando la ropa húmeda que se seca en los tendederos. Y tampoco han vuelto los ‘falsos positivos’ ni el paramilitarismo. En el primer caso se trata de unas pocas, poquísimas, manzanas podridas, mientras que el segundo es un asunto de gente mala matando a gente buena, como si esto fuera una película de vaqueros. Aunque suena a poco, el país de Duque es, más bien, una película de Disney.

Allí, la gente no tiene necesidades; por eso, la carta hecha a mano por una mujer desplazada y madre de cinco hijos en la cual pide ayuda para una casa terminó en el cesto de la basura de un restaurante, sin que llegara a las manos del Presidente. Todo está tan bien que él no necesita enterarse de esas nimiedades. Duque ha hecho todo bien, y los escasos asuntos que no marchan son culpa de Santos o, en el peor de los casos, de Samper. Su jefe Uribe y su ahora aliado, Pastrana, tampoco tienen incidencia en los dos o tres problemas que aquejan a aquel país. Me quiero ir para allá, porque acá en Colombia, lo que se siente es el regreso de la guerra y el aumento del desempleo y la desigualdad. Y de la economía naranja, ni rastros; más bien, peores condiciones de trabajo y más trabas. Seguro que, en ese país de Iván Duque, algo tan elemental como renovar el RUT por internet no toma un día entero y tres navegadores de internet diferentes.

Yo quiero vivir en el país de Iván Duque. No sé dónde queda, pero, fijo, con Google Maps se encuentra. Ojalá no pidan visa.

Sal de la rutina

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