El Mindo está loco

El Mindo está loco

El mundo está tan loco que la gente ya no necesita un nombre y un apellido para ser famosa.

09 de agosto 2019 , 08:01 p.m.

Va tan rápido el mundo que resulta imposible no sentirse obsoleto. Ayer usábamos el periodismo para compartir información, y hoy competimos por volvernos virales y vender lo que haya para vender. Va todo tan veloz que no solo Snapchat caducó casi al mismo tiempo que nacía, sino que no hemos aprendido a usar YouTube e Instagram cuando ya hay una nueva red que manda la parada: se llama TikTok, y en ella las personas, casi todas preadolescentes, comparten videos musicales caseros. Resulta difícil entender qué le ven y mucho más difícil, participar en ella, por lo que, insisto, es fácil sentir que estamos en plenitud de capacidades, pero al mismo tiempo a semanas de jubilarnos.

En el afán por ganar dinero, las marcas contratan a cualquiera con alcance, y los influencers están dispuestos a hacer casi lo que sea. De arranque, lucir siempre felices y llenos de energía, lo que es una puesta en escena desgastante. También inventarse retos pedorros, algunos inofensivos y otros peligrosos, como grabarse desde lo más alto de una construcción, a ver si logran no caerse. En cuestión de meses hemos visto a youtubers vendiendo cosas como el agua con la que se bañan o réplicas de su bebé, a una influenciadora que posaba de vegana pero que fue pillada comiendo a escondidas pescado y huevo para no pasar hambre, y a otra que se quebró por llevar un estilo de vida con viajes y hoteles que no podía costear. En esta carrera por obtener fama instantánea hay quien se graba mientras va a un almacén, abre un helado, lo lame, lo tapa y lo regresa a la nevera.

Personajes como Pautips y Yuya reinan en internet y ganan millones; yo me declaro incapaz de ver uno de sus videos, pero bien por ellas. Y, aunque sus carreras apenas empiezan, se ven como dinosaurios al lado de un youtuber de apenas siete años que tiene veinte millones de suscriptores y facturó 22 millones de dólares el año pasado. Es que hoy, los niños sueñan con ser influenciadores como antes querían ser doctores o policías, pero a este ritmo el mercado va a explotar. Es una industria que se está depurando porque convertirse en uno es fácil, pero ser relevante no es del todo sencillo: se necesitan imaginación, gracia y disciplina, aunque tampoco es que sea resolver ecuaciones de física. Siempre será más placentero monear en internet, así no se tenga ningún talento, que trabajar por monedas en una oficina.

Conozco también gente que está lejos de ser influencer, pero con ínfulas de tal; gente que pasó de subir fotos de la vida cotidiana a ‘postear’ imágenes de comida cara, ropa fina y lugares exóticos con colores trastocados. En sus tomas, todo es limpio y lujoso, no hay hambre ni pobreza. Es decir, todo es plano y tedioso, y llega un punto en el que no se entiende qué manera de llevar la vida es esa. ¿Dónde queda ese mundo perfecto en el que viven? Además, es gente aburrida. Viajan y comen mejor que muchos, pero qué insufrible hacer planes con ellos. No tienen nada interesante que decir, no informan ni aportan. Posan en paisajes extraordinarios para escribir una frase boba y llenar eso de hashtags.

Hace poco leí un titular que decía: ‘El Mindo le reclamó a la novia de La Liendra por no saber cocinar’, y me sentí viejo y triste al mismo tiempo. Por mí, por la prensa, por la vida, por ellos mismos. Ignoro quiénes serán El Mindo y La Liendra, por qué son famosos y por qué uno le reclama a la novia del otro. Pero parece que es gente importante, en especial El Mindo, porque después leí otra nota que contaba que se había pasado con un comentario que le había hecho a La Segura, que ni puta idea de quién será tampoco.

El mundo está tan loco que la gente (Yuya y Pautips incluidas) ya no necesita un nombre y un apellido para ser famosa; son como Prince, o el papa Francisco. O tal vez todos estemos cuerdos, y el que esté loco sea El Mindo.

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