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Vacunas para los mejores

Vacunas para los mejores

Lo que se siente es que Rappi decidió mercantilizar la vacuna creyendo que era buena idea.

02 de julio 2021 , 09:25 p. m.

Tengo la sospecha de que el ejecutivo de Rappi que salió esta semana a decir que la compañía iba a vacunar a parte de sus repartidores durmió muy bien la noche anterior a la entrevista. Tal vez se acostó conforme, casi feliz, convencido de lo bien que iba a caer su anuncio. ¿Vacunar contra el covid a los dos mil domiciliarios que más pedidos entreguen? Pero qué belleza de gesto, qué generosidad de la compañía. Tanta bondad tan pocas veces vista, en cualquier momento nos llama el Comité del Nobel para darnos otra vez el de Paz.

Me debato con Rappi. Por un lado, me alegra que unos compatriotas salgan con una idea efectiva y novedosa, que den empleo en un país que lo necesita tanto y que crezcan al punto de internacionalizar la marca. Colombianos conquistando los mercados del mundo en vez de vernos invadidos por marcas extranjeras, he ahí una historia para contar. Por el otro, se oyen tantos testimonios de pedidos entregados tarde y en malas condiciones (o sencillamente no entregados) que se pregunta uno para qué emprender a gran escala si se va a hacer mal. Y el lío no es que cometan errores, sino las quejas por lo mal que los gestionan.

Igual, poco importa ese detalle, a la larga Rappi fue hecho para que sus clientes recibieran en la casa lo que les da flojera buscar, desde una malteada hasta un mercado completo, así que merecen el mal servicio que a veces reciben. Yo sé que ahora con la pandemia, apelar Rappi suena perfecto, pero es apenas una excusa. Muchas veces quienes lo usan son unos malcriados a los que les da pereza conseguir su propia comida. Aunque no me pongan demasiada atención en este punto, que yo estoy hecho a la antigua: salgo a la calle hasta por una chocolatina Jet de las pequeñas y todos los trámites bancarios, pago de servicios públicos incluidos, los hago en la sucursal donde abrí la cuenta de ahorros.

Lo que se siente con la declaración de la empresa es que decidieron mercantilizar la vacuna creyendo que era una buena idea. Poner a competir a sus empleados para que mientras más pedidos entreguen más posibilidades tengan de inmunizarse tiene algo de lógica, pero es a la vez despiadado. Y eso que a sus empleados no los llaman como tal, muchas veces se refieren a ellos como ‘asociados’, quizá para que no se sientan tan explotados.

Sin embargo, tal condescendencia puede crear el efecto contrario y hacer sentir peor al sujeto de turno; justo como los restaurantes de comida rápida que en vez de llamar a sus clientes por un número lo hacen por su nombre, como si tal estrategia los hiciera sentir especiales.

Lo ocurrido con Rappi podrá ofender pero no extraña, el episodio hace parte del deterioro que ha sufrido su imagen a lo largo de los años. Y no solo hablo de que cada vez se sepa más sobre el trato que reciben sus empleados, del cambio en las reglas de juego y de la bajada de tarifas por entrega; también, del no pago de prestaciones sociales y de contratar cada vez más venezolanos no porque les preocupe su mala situación, sino porque trabajan por la mitad que un colombiano. El desgaste se observa también en los ‘rappitenderos’. Uno los veía antes con sus chaquetas y morrales anaranjados reluciendo desde lejos, parecían la hinchada de Holanda. Hoy andan con esas prendas todas desteñidas, descosidas, desjetadas y dan pena, no dan ni para barra del Envigado.

Entonces, lo que debería ser un orgullo se vuelve más bien motivo de vergüenza. Rappi es, entre otras cosas, uno de los estandartes de la tan famosa economía naranja promocionada por el Gobierno, que insiste en afirmar que podemos convertirnos en el Silicon Valley de Latinoamérica, teoría que no hay de dónde agarrarla. Explotación, malos sueldos y peores condiciones, eso es lo que hay; con suerte somos el Camboya del continente.

Adolfo Zableh Durán

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