Secciones
Síguenos en:
Pagar o pagar

Pagar o pagar

La reforma tributaria nos pone un poco más lejos de los ricos y más próximos a la precariedad.

09 de abril 2021 , 09:25 p. m.

A mí sí me decepciona que no les vayan a poner IVA del 19 por ciento a ciertos alimentos. Primero, porque una vez más se demuestra que este gobierno no tiene norte ni plan, más bien va por la pandemia apagando incendios. No les queda bien al Presidente y a sus funcionarios jugar al juego de la manipulación de una manera tan evidente, anunciando medidas y después cancelándolas ellos mismos, que esa treta es muy vieja y ya nadie se come el cuento de que nos quieren salvar de ideas que ellos mismos propusieron.

Y, segundo, porque con el aumento del IVA a varios elementos de la canasta familiar me alcancé a ilusionar con que por fin iba lograr lo que durante años no había conseguido: llevar una dieta rigurosa. Verán, cuando se trata de comida no me mido, y más ahora en cuarentena, cuando con el encierro y el aburrimiento son pocos los gustos que puedo darme. Desde hace un año estoy comiendo peor que de costumbre, y entre los excesos y el sedentarismo me estoy destruyendo, así que veía con mucho agrado que el Estado me diera por fin una mano y pusiera por los aires los precios de los productos que están ayudando al deterioro de mi salud.

Pero más allá de mis necesidades personales, lo que más me llamó la atención del asunto es que el viceministro de Hacienda (otro funcionario de esta administración que pasa del anonimato al desprestigio en cuestión de horas) dijera que productos como la sal, el azúcar, el café y el chocolate no eran considerados esenciales en la alimentación de las personas. Sobre el papel tiene razón, y, si nos ponemos rigurosos, a la larga esencial, lo que se dice esencial, apenas son el aire, el agua y poco más, si acaso unos harapos para no aguantar frío ni ofender a Dios. Parece que quieren dejarnos con lo mínimo, lo básico, y que todo lo demás sea dispensable, incluso lujo; los impuestos como si fueran un pie sobre la cabeza de los ciudadanos.

Y no solo eso, sino que tal medida deja en evidencia el esfuerzo de los gobiernos por agrandar la brecha entre ricos y pobres atacando directamente a la clase media. Uno de clase media no aspira a ser rico. Sueña con el hecho y le encantaría serlo, tal vez gracias a un golpe de suerte, como en las películas, pero sabe que no tiene las habilidades para enriquecerse. Entonces su esperanza es mantenerse, progresar poco a poco y guardar monedas a lo largo de los años que den un poco de tranquilidad.

Pero, más que estabilidad, a lo que se aspira es a hacerle el quite a la miseria, a no caer en desgracia por causa de una dura enfermedad o cualquier otro golpe de la vida. Los mediocres no sabemos qué hacemos aquí y, más que la posibilidad de progresar, lo que nos lleva a no bajar la guardia es el miedo a hundirnos.

Pero ahora, con o sin IVA del 19 por ciento, la reforma tributaria que se viene aviva ese miedo, al tiempo que nos pone un poco más lejos de los ricos y más próximos a la precariedad, todos juntos montados en el tren que nos lleva al hambre, como dice ese genio llamado Capusotto.

Yo no les pongo atención a las reformas tributarias, no porque no me duela pagar más impuestos, sino porque no sirve de nada preocuparse cuando ya las han echado a andar. ¿Qué voy a hacer? ¿Rebelarme, mudarme de país? Ya pa’ qué, ya estuvo. Las entienda o no, esté de acuerdo o en contra de ellas, la única opción que tengo es pagar, entonces para qué desgastarme en eso; más bien lo que toca es mirar hacia el futuro, votar mejor y exigirles a los políticos algo de decencia.

Y para eso habría que evitar cosas como que el ministro Carrasquilla diga públicamente que la reforma es inminente porque al Gobierno no le quedan más de seis semanas de caja. ¿Qué cree, que así vamos a darles felices la plata para que puedan seguir en el poder haciendo lo que les da la gana? Al revés, si lo que queremos es que se vayan y nos dejen en paz, si fueran tan amables.

Adolfo Zableh Durán

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.