Así se elige a un rey

Así se elige a un rey

Nuestros gobernantes se eligen a dedo. La política se ha convertido hoy en refugio de mediocres.

08 de enero 2021 , 09:25 p. m.

Es curioso que en un país sin monarquía como Colombia, la mejor opción para progresar en la vida siga siendo ser heredero. Heredero político, quiero decir, porque si el dinero de la familia viene del sector privado, toca heredar y ya; me refiero, entonces, a los que han hecho del Estado su propia empresa familiar. No en vano, a los que toman el legado de sus padres en el sector público los llamamos delfines, como en la Francia de antes, y no entiendo cómo ser denominado así no es considerado un insulto, sino un halago.

Nuestros gobernantes se eligen a dedo, en conversaciones casuales de pasillo; alguien bota un nombre y lo que empieza como una idea al viento se convierte en rumor; luego, en secreto a voces, y posteriormente, en orden del partido. Se repite tantas veces que para cuando llega a los votantes ya es una verdad de a puño. Nosotros seguimos creyendo que los escogemos en las urnas, pero lo cierto es que cuando llega el día de la votación ya todo está decidido. Alguna vez, alguien me dijo que medio país se rio cuando un joven Andrés Pastrana dijo que quería ser presidente, y vean en lo que vamos: dos décadas después seguimos oyéndole la lora y pagándole el sueldo. Porque el problema no es solo que manden, que eso es apenas cuatro años, sino que después toca mantenerlos. Eso es lo que más incomoda de Duque: de la Casa de Nariño se va a ir en 2022, pero de nuestras vidas no se va a marchar nunca.

En su afán por perpetuar su reinado, Uribe puso un par de presidentes. El primero se le volteó rápido, el otro no ha dado pie con bola, por eso entendió que lo más indicado para continuar su legado era apelar a su propia sangre. Es que es lo lógico, si a él sus seguidores lo llaman presidente eterno, nadie más indicado para sucederlo que su hijo mayor. Así es como nos quiere salvar en 2022, dejándose de rodeos y subiendo al poder al único que puede aspirar a él por derecho divino. Es que es una belleza, ama tanto a su país que lleva décadas salvándolo y no se cansa de hacerlo; no nos va a alcanzar la vida para agradecerle por tanto.

Pero los Uribe y otros presidenciables son minoría, la realeza de la realeza colombiana. Debajo de ellos, soportándolos, hay una cantidad de caciques menores, reyes en sus regiones que se hacen elegir una y otra vez. Ahí está Roberto Gerlein, cerca de medio siglo en el Congreso, casi un título nobiliario. No solo se retiró cuando quiso, sino que se marchó en medio de homenajes. Y, nuevamente, el lío no es solo que lleguen al poder, sino que se encarguen de que el sistema siga dañado eligiendo a alguien de su cuerda.

Lo más triste es que no se ve renovación. Ahora hay una serie de aspirantes que, aunque vengan de lugares distintos que los políticos tradicionales, no tienen preparación ni cara de aportar soluciones. Aunque, todo hay que decirlo, en una democracia tan frágil como la nuestra no se necesita preparación alguna para llegar a un cargo público; hoy más que nunca, la política se ha convertido en el refugio de los mediocres. Por eso están aspirando una cantidad de activistas políticos sin contenido cuya principal virtud es tener muchos seguidores en redes sociales. Uribe mismo se encargó de proponer a Jorge Cárdenas y Carlos Antonio Vélez, y por muy gracioso que parezca, lo dijo en serio. Yo no los veo en ese plan, la verdad. Al primero no le da ni para actuar, mientras que el segundo ya se cree por encima del bien y del mal solo por hablar de fútbol, que es el trabajo más fácil del mundo. ¿Cómo va a querer que lo llamen si llega al Senado? ¿El congresista número uno?

La oposición no se ha querido quedar atrás y para hacer contrapeso ha propuesto a tuiteros y youtubers, que si los juntas a todos no dan ni para montar un puesto de empanadas. Toda la situación es chistosa y triste al mismo tiempo; ahora estamos riendo, ya nos llegará el momento de llorar.

Adolfo Zableh Durán

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