Secciones
Síguenos en:
El milagro de la vida

El milagro de la vida

¿Cómo es que alguien de mis características, taras y defectos no haya sido vencido por la vida aún?

16 de abril 2021 , 09:25 p. m.

¿No les pasa que su mayor orgullo es seguir vivos? No sé ustedes, pero yo cada vez con más frecuencia me miro al espejo y pienso ‘no sé cómo llegué hasta acá’ con una mezcla de asombro y agradecimiento, casi como una alabanza. ¿Cómo es posible que alguien de mis características, taras y defectos no haya sido vencido por la vida aún? 

Yo llego a fin de mes y hago fiesta. ¿Cómo es que no me he muerto de hambre? ¿De dónde he sacado dinero y fuerzas para estar al día con todo lo que hay que pagar cada treinta días? Y no solo encuentro como un gran logro que no me hayan cortado ningún servicio público, sino no haber tenido que pedir plata prestada para pagarlos. Tampoco deja de sorprenderme el hecho de abrir la nevera y que haya algo de comer, incluso que tenga nevera. Y no exagero, que viví sin una durante dos años porque no podía costeármela, así que hasta el día de hoy sigo considerando un lujo poder refrigerar la comida.

También me llena de regocijo haber llevado hasta ahora una vida más o menos ordenada y estar en capacidad de decir cosas medianamente coherentes. A estas alturas podría estar diciendo cualquier cosa, preso de ideas dementes y oraciones inconexas. Es que no sé cómo no me he resquebrajado y, al revés, he logrado tener amigos, socializar, tener historial bancario, haber viajado, que me hayan ofrecido trabajo y que, en general, el mundo haya contado conmigo de alguna forma. Si yo no hago nada, literalmente, me paso los días en el sofá de la sala viendo televisión, ¿cómo es que el mundo ha acudido a mí en vez de yo haberle pedido auxilio a él?

Ignoro cómo he aguantado durante años la presión de verme obligado a encajar en la sociedad. No me canso de celebrar ese pequeño triunfo, que es a la larga el gran triunfo de los adultos de hoy: ser esclavos del sistema sin ser devorados por él. A veces estoy en la casa, miro a mi alrededor y digo cómo es que estoy aquí y no en la calle o en la cárcel. Valoro mucho tener un techo, así sea alquilado, pero aprecio más tener un baño, un lugar dónde lavarme las manos, mirarme al espejo para poder hacerme estas preguntas, hacer número uno (o número dos mientras miro redes sociales en el celular) y bañarme con agua caliente. Más que dormir en la calle, mi mayor miedo siempre ha sido tener que hacer necesidades en la calle.

Y siento que vencí todos los pronósticos, que nadie confiaba en mí; que siendo un adolescente me miraban y pensaban: ‘Este pobre diablo qué, no va a aguantar ni cinco minutos por su cuenta’. Quizá por no haberme olvidado de tal cosa es que pienso que sobrevivir apenas es una victoria memorable. Entonces no miro hacia el pasado con orgullo, sino con alivio, como una horrible obligación de la que ya salí. Y tal idea no se debe a que esta rutina de andar con tapabocas me tenga sumido en el pesimismo, así he pensado durante los últimos quince, veinte años.

Por eso nunca he dejado de esperar el día del desastre. Antes, cuando estaba bien, me parecía que lo lógico era estar cada vez mejor; hoy más que todo pienso que estoy bien, que no me he quebrado todavía, pero que ya llegará el día, así que es solo cuestión de tiempo. Por ahora no me quejo, más allá de que esperar constantemente el momento de la desgracia no sea vida.

En este momento no veo otra forma de asumir los días, aunque no siempre fue así. Antes solía enorgullecerme de conocer países, ir a mundiales de fútbol, incluso de que una mujer se interesara en mí, todo con una falsa modestia tan malsana que más que darme felicidad me estaba consumiendo. Hoy, todo eso me tiene sin cuidado, y si ninguna de esas cosas vuelve a ocurrir, no importa. Lo único que quiero ahora es estar en paz y llegar vivo al día de mi muerte.

Adolfo Zableh Durán

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.