Los propios ‘sapoperros’

Los propios ‘sapoperros’

Son quienes tienen un apego especial hacia el poder y les gusta la democracia con sus propias reglas

20 de noviembre 2020 , 09:25 p. m.

Más que para conocer a Trump, las elecciones en Estados Unidos sirvieron para reafirmar el tipo los líderes políticos que tenemos en Colombia. Aunque aquí los votos se cuenten más rápido que en Norteamérica, nuestra democracia es tan débil que un personaje como Trump barrería porque representa el autoritarismo y la arbitrariedad, la justicia a la carta que tanto les gusta a nuestros gobernantes. El presidente no acepta su derrota y cada vez que habla es para ordenar que se cuenten los votos (o dejen de contarse) de la manera como a él le convenga. Mientras un sector de su partido no apoya sus reclamos, desde Colombia muchos políticos le siguen el juego y hablan de fraude electoral; es decir, unos ‘sapoperros’. Cuando alguien se mete donde no le corresponde y en vez de sumar, resta, lo mejor que se le puede decir es que es un sapoperro.

A quienes tienen un apego especial hacia el poder (y, de paso, a sus seguidores) les gusta jugar al juego de la democracia con sus propias reglas, posando de correctos y legales cuando les convienen y adaptándolas a sus necesidades cuando lo necesitan. Fanáticos del orden establecido e intolerantes al cambio, ante cualquier situación de debate suelen hacerse del lado del opresor, así para ganar votos tengan que fingir afinidad por el oprimido.

El Ejército o la Policía cometen abusos contra la población civil y salen a apoyarlos, cuestionando el comportamiento de los ciudadanos para justificar las agresiones y hablando de “unas pocas manzanas podridas”. Apoyan sin chistar el sistema financiero y las formas que tiene la Iglesia para discriminar. Cuando sale un movimiento como el Black Lives Matter, que tiene por fin hacer visibles los abusos que ha sufrido históricamente la raza negra, ellos salen con la idiotez del ‘All lives matter’; y si los homosexuales crean el orgullo gay, ellos contestan con algo tan absurdo como el orgullo hétero.

Es que no solo no toleran nada, sino que no entienden nada. Son tan obtusos que la pluralidad de Twitter pretenden contrarrestarla con una red social similar, que nació muerta, llamada Parler, todo con el fin de hablar entre ellos, lejos de los que llaman mamertos y comunistas. No es que los demás sean tal cosa, es que todo lo que no se adapte a su forma de pensar es rojo y de izquierda. Son impresentables, no tienen sentido común ni gracia, tampoco tienen sentido del humor, es gente aburrida a la que solo le importan el poder y la plata.

Si una mujer denuncia acoso o abuso sexual, prefieren ponerlo en duda usando argumentos como la forma como estaba vestida, la hora que era, el lugar donde se encontraba y si mandó señales equivocadas al supuesto agresor. Cuando se supo que el hermano de Marta Lucía Ramírez había sido procesado por robo y condenado por narcotráfico en Estados Unidos, salieron a señalar la “dolorosa tragedia familiar” que había tenido que atravesar la Vicepresidenta, premisa que no aplican con los narcotraficantes rasos sin apellidos ni influencias. Y así van por la vida, juzgando todo de acuerdo con el perfil del personaje de turno; lo que es defendible para algunos resulta intolerable en aquel con el que no simpatizan.

Ellos constituyen un club cuyo principal fin es no perder sus privilegios (y llorar cuando ven el más mínimo riesgo de que tal cosa ocurra), por eso Trump, en teoría el hombre más poderoso del mundo, se queja como si en vez de nacer favorecido hubiese llevado una vida de atropellos e injusticias. A él hasta se le entiende, no conoce otra cosa, lo inexplicable es que haya gente acá haciéndole eco. Una vez más, los propios sapoperros. Disculpen que repita la expresión, pero es que la descubrí hace poco y es mi favorita; tanto que si les hago caso a mis amigos y adopto una mascota, como me han sugerido varias veces, pienso ponerle así. Sapoperra si llega a ser hembra.

Adolfo Zableh Durán

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