La voz de la conciencia

La voz de la conciencia

Amos Oz era y será un referente de dignidad, un torrente de crítica.

30 de diciembre 2018 , 01:12 a.m.

Pocas personas han sabido encarnar como él el coraje de vivir, de denunciar, de escribir, de hacernos pensar, de luchar denodadamente por la paz. Frente a la intolerancia, frente al fanatismo de un lado y de otro. Ha muerto Amos Oz, uno de los más grandes escritores y articulistas de las últimas cinco décadas. Su voz, recia en el desierto de los que no quieren oír ni escuchar o prefieren la grandilocuencia vacía de términos como ‘nunca’, ‘jamás’, etc., se ha apagado físicamente a los setenta y nueve años de edad. El escritor israelí era y será un referente de dignidad, un torrente de crítica, tan escasa y ausente en la zona más convulsa del mundo, Oriente Medio, y su sempiterno conflicto palestino-israelí que nadie quiere solucionar.

Oz había nacido en Jerusalén en 1939, una década antes de la creación del Estado de Israel. Sus padres habían huido de una ensoberbecida Europa que expulsó y arrinconó la élite más culta y preparada, la judía. De Odesa a la mítica Eretz. Oz, cuyo verdadero apellido era Klausner y quien a los quince años, al irse a vivir a un kibutz lo cambiaría por el de Oz (del hebreo ‘coraje’), fue una voz díscola, creíble, legítima, esperanzadora en esa nebulosa que envuelve la región. Su madre se había suicidado apenas tres años antes. Su vida fue durísima. Creció a la par que lo hizo el nuevo Estado, entre guerras, asentamientos, mitos y construcciones de nación. Frente al mito de los pioneros y fundadores del Estado, frente a los intelectuales conservadores empuña el arado y el fusil. Se marcha a cultivar la tierra, a construir el mito con el arado y ese fusil que tanto ha

significado en Israel y sus guerras desde el canal de Suez en el 56 hasta las de los seis días o la del Yom Kippur.

Ahí nace el escritor de izquierdas, el demiurgo de personajes desdichados que sufren pero que también aman, que se consuelan y desconsuelan como la vida misma. Obras que son sin duda referentes literarios a nivel mundial. ‘Mi querido Mijael’, ‘Un descanso verdadero’, ‘La tercera condición’, ‘Judas’ y un largo etcétera.

Al lado de ese nervio inagotable de escritor y literato surge, irradiando denuncia y verdad, la voz de la conciencia. La voz del hombre que clama y declama por la paz, por los dos Estados, por el fin de la ocupación israelí en los territorios palestinos. Lo hace ya en la década de los sesenta. Funda el movimiento Paz Ahora, y lo hace con ese valor y coraje que solo él atesoró. Escribe un ensayo que refleja esa conciencia tan especial, ‘Contra el fanatismo’. Contra aquellos que no pueden cambiar, ni nunca lo harán ni querrán hacerlo. Y esos, que los hay en Israel, en Palestina y en todo Oriente Medio, prefieren seguir en el inane vacío temporal en que se han cerrado y ahogado toda puerta a una paz verdadera. No era un pacifista de eslogan y pancarta, pero sí de dignidad y justicia, pero sobre todo de libertad. La que necesitan los dos pueblos porque ambos tienen derecho a existir. Ese era Amos Oz. En 2007 se le reconoció con el Príncipe de Asturias. Pero su mayor reconocimiento ha sido el enorme respeto intelectual, humano y moral que atesoró por todo el mundo.

ABEL VEIGA COPO

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