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2019: Turbulencias políticas y económicas

2019: Turbulencias políticas y económicas

La gran incertidumbre es si Pedro Sánchez adelantará a mayo, o no, las elecciones legislativas.

02 de enero 2019 , 06:00 p. m.

2019 parece, al menos así es a primera vista, que no dejará a nadie indiferente. No hay debate. Pero sí mucha polarización. Y esa polarización llevará a la volatilidad en lo político y a mucha incertidumbre en lo económico. El vaivén político no solo es en España, lo es también en Europa, con o sin ‘brexit’, en América Latina, que de nuevo bascula hacia el populismo de izquierda pero también sorpresivamente de derechas y el espectáculo o esperpento que el cuadragesimosexto presidente norteamericano ofrece a diario catapultando con ello la agenda hacia donde le conviene e interesa.

En España la turbulencia se apuesta a un todo o nada el domingo 26 de mayo, donde ahora mismo no se sabe si serán tres citas electorales o cuatro con la recompensa mayor de La Moncloa. En el entreacto previo el juicio al procès aunque la sentencia será para el otoño. Los partidos se tienen muchas ganas, pero no por ello pueden esconder la enorme mediocridad que atesoran. La verdadera batalla no se librará en las elecciones europeas, sino en los ayuntamientos. Con varias joyas de la corona en juego y que será la conquista del todo o nada para algún partido. La irrupción de Vox a buena fe que dará espectáculo, porque el bochorno del insulto y el despropósito es tan contumaz como el estercolero de ideas sin debate. Para qué pensar, quizás es mucho pedir para una clase política que siempre ha tratado con desdén y disimulado desprecio a la ciudadanía.

El punto débil de las municipales vendrá por el juicio tras cuatro años a las alcaldías que han ocupado los adláteres y marcas propias o prestadas en torno a Podemos. Valencia, Madrid, Zaragoza, Barcelona, Cádiz, Coruña, Santiago y Ferrol escrutarán sin dudarlo hecho o dejado de hacer por sus corporaciones locales y alcaldes a la cabeza. Veremos también si Ciudadanos es capaz de ganar alguna alcaldía y qué son capaces de recuperar populares y socialistas. En algunos sitios Vox decantará la balanza, pero lo que nadie sabe es el precio de esos apoyos. Ni el costo de la fragmentación de la derecha que se ha despertado, los populares, de su solariega siesta durante casi cuarenta años de soledad querida y aplaudida.

En trece comunidades autónomas, el mapeo o consolidará o cambiará el color político, pero se acabaron las mayorías absolutas en todo el territorio. La última y única de momento, Galicia. Donde el relieve y tirón personal de su presidente es la clave. Ellos o saben, pero hasta el año próximo no hay cita electoral en el noroeste.

La gran incertidumbre, sin duda, es si Pedro Sánchez adelantará a mayo o no las elecciones legislativas o esperará a finales de otoño. Hacerlo antes es la consumación de un fracaso total y de no llegar siquiera al año de gobierno convirtiéndose tras el gobierno de Calvo Sotelo en el más efímero. Perder Andalucía aun habiendo ganado las elecciones es un durísimo revés para el socialismo. Jugar a que en tres meses cambien las tornas y las percepciones en torno al presidente es no querer ver la realidad sobre todo con un partido popular echado al monte en boca de su presidente y a la desesperada que no concederá ni agua y un Albert Rivera que lleva siete meses totalmente descolocado y que se veía ya, sin haber hecho nada, como inquilino inhóspito de la Moncloa. Resistir y aguantar el temporal y luchar voto a voto es lo único que le queda a Sánchez, no al sanchismo, que no existe.

La gran incertidumbre, sin duda, es si Pedro Sánchez adelantará a mayo o no las elecciones legislativas o esperará a finales de otoño. Hacerlo antes es la consumación de un fracaso total y de no llegar siquiera al año de gobierno convirtiéndose tras el gobierno

de Calvo Sotelo en el más efímero. Perder Andalucía aun habiendo ganado las elecciones es un durísimo revés para el socialismo. Jugar a que en tres meses cambien las tornas y las percepciones en torno al presidente es no querer ver la realidad sobre todo con un partido popular echado al monte en boca de su presidente y a la desesperada que no concederá ni agua y un Albert Rivera que lleva siete meses totalmente descolocado y que se veía ya, sin haber hecho nada, como inquilino inhóspito de la Moncloa. Resistir y aguantar el temporal y luchar voto a voto es lo único que le queda a Sánchez, no al sanchismo, que no existe.

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