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Colombia, en la encrucijada

Colombia, en la encrucijada

¿Quién, por qué, o para qué fueron contratados exmilitares colombianos? Preguntas aún sin respuesta.

16 de julio 2021 , 08:32 p. m.

En 2016, cuando en el gobierno del presidente Juan Manuel Santos se firmó el acuerdo de paz con las Farc –a pesar de la demoledora campaña en contra, concebida y liderada por el expresidente Álvaro Uribe– y cuando 12.000 guerrilleros entregaron sus armas, que luego fueron fundidas para formar el piso fuerte de Fragmentos, de la famosa artista Doris Salcedo, el nombre de Colombia figuraba con honores en las primeras páginas de los periódicos y revistas del mundo. Pues casi todos los países celebraron la firma del proceso de paz con las Farc, promovido por el presidente Santos.

Cinco años después, el nombre de Colombia vuelve a ocupar las primeras páginas de la prensa mundial. No por motivos dignos y admirables, como ocurrió en 2016, sino por ser la patria de un grupo de presuntos asesinos, todos ellos militares retirados, quienes, contratados, según dicen, para reforzar la seguridad del controvertido presidente de Haití, Jovenel Moïse, terminaron involucrados en el atroz asesinato del mandatario.

En efecto. El pasado 7 de julio una turba de encapuchados irrumpió a medianoche en la residencia del jefe de Estado e invadió la alcoba en donde dormían el presidente y su esposa, Martine Moïse. Dicen que la turba reforzaría la seguridad del mandatario. Sin embargo, en lugar de protegerlo, lo asesinó y dejó malherida a su esposa.
Ella, ayudada por fieles ciudadanos, fue llevada en avión a un hospital de Miami, en donde la atienden y ha comenzado a reponerse de las de las graves heridas que recibió. Comenzó también a hablar sobre las graves consecuencias que tiene, tanto para la Nación como para su familia, el atroz atentado.

Para Colombia, hoy invadida por la pandemia, por las marchas callejeras de protesta, por el desorden, por la inseguridad y por la incertidumbre, es una verdadera desgracia, que produce rabia y vergüenza, saber que aquí existen ciudadanos que, en su calidad de militares retirados, se pueden prestar para cumplir, a cambio de gruesas sumas de dinero, cualquier misión ordenada por sus contratantes. Pueden ser actividades lícitas y necesarias, como ayudar a prestarle seguridad a un personaje en el exterior, o ayudar a reforzar la seguridad en otros países. Pero algunos también pueden ser invitados para colaborar en actividades criminales, como parece que ocurrió en Haití. Aunque sigue la duda sobre quién o quiénes promovieron el horrible asesinato del presidente de ese país.

Las investigaciones avanzan, pero las dudas no se aclaran. ¿Quién, por qué, o para qué fueron contratados tantos exmilitares colombianos? Son preguntas por ahora sin respuesta.

Las investigaciones avanzan, pero las dudas no se aclaran. ¿Quién, por qué, o para qué fueron contratados tantos exmilitares colombianos? Son preguntas por ahora sin respuesta. Pero el hecho mismo de implicarlos en un crimen atroz es una desgracia y una enorme vergüenza para los implicados, para sus familias y, claro, para este golpeado país, que no aguanta más tanta incapacidad, tanta violencia y tanta inmoralidad.
Este es un país en donde los corruptos son capaces de contaminar la comida de los escolares más pobres, en donde se falsifican las drogas, en donde no se puede andar por las calles sin que lo asalten o le roben la cartera o el celular, como ocurre a diario en Bogotá. Pero estas desgracias son menos graves si se comparan con la posible participación de exmilitares colombianos en el asesinato del presidente de Haití.

Aunque hay muchas versiones al respecto, la policía haitiana ha maltratado a los colombianos. Vimos por TV cómo guardas encapuchados empujan a los exmilitares obligándolos a tirarse al piso, con las manos atadas atrás. Sin aclararse su actuación, la policía haitiana los trató a las patadas.

Mientras descubren las razones de por qué matar al presidente de Haití, han señalado a algunos culpables. Pero en Haití podría pasar lo mismo que pasó en Colombia, en donde aún no se sabe quién mandó asesinar –el 9 de abril de 1948– al caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, ni quién asesinó al excandidato conservador Álvaro Gómez Hurtado ni quién mandó asesinar a Luis Carlos Galán.

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