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Volver a la educación cívica

Volver a la educación cívica

Quienes tuvimos suerte de estudiarla aprendimos a valorar el orden social, a ejercer la ciudadanía.

SEÑOR DIRECTOR:

Pocos ponen en duda la buena intención del Gobierno con la implementación de los Consejos Municipales de Juventud, cuya primera elección registró una baja participación de los electores: 10,42 % de los 12,2 millones que estaban habilitados para participar en los comicios. Tuve la oportunidad de consultar con algunos de los votantes sobre la razón de su participación en la histórica jornada, y me sorprendió su desconocimiento sobre lo que son y para qué sirven estos consejos.

Muchos votaron para emular a algún amigo, por la novedad de ejercer por primera vez el derecho al voto, etcétera. Ninguno habló con propiedad y conocimiento sobre lo que significa la buena intención gubernamental. El escenario anterior debiera preocupar al Ministerio de Educación para que recomiende en las instituciones educativas la imperiosa necesidad de retomar la cátedra de educación cívica, que hace años fue borrada del pénsum académico.

Quienes tuvimos la suerte de estudiar cívica aprendimos a valorar el orden social, a ejercer la ciudadanía; conocimos los principios de la democracia, el funcionamiento del Estado y el sistema político; valoramos las festividades históricas y el respeto por los símbolos patrios.

Mario Patiño Morris

Los envueltos

SEÑOR DIRECTOR:

Me refiero a su editorial ‘Envueltos’ (4-12-2021). Siente uno orgullo por las dos mujeres, Zoraida Agamez y su hija Heidy Pinto, y por ese trabajo recursivo, apasionado y completo sobre estas comidas hechas en hojas, que son una tradición y son históricas. Son, además, una muestra de los recursos ancestrales y de lo generosas que son las tierras para proveernos de comida, comenzado por el maíz, que es base de muchos alimentos, y con los que se han criado muchas generaciones, pero que, curiosamente, hoy los hemos menospreciado como cultivo.

José Francisco Piñeres

Vallenatos decembrinos

SEÑOR DIRECTOR:

En enero de 1951, con apenas 21 años de edad fallecía trágicamente en Cartagena el joven bogotano Julio Torres Mayorga cuando las violentas olas del Caribe en Bocagrande dieron por finalizada la brillante y efímera carrera musical. Él tuvo la osadía de fundar el primer grupo de música vallenata en la capital del país con los instrumentos característicos: acordeón, guitarras y guacharaca, los cuales desde sus comienzos produjeron éxitos que todavía hoy en día disfrutamos, especialmente en estos diciembres.

Aún se escuchan y se bailan el merengue Mis aguinaldos y los significativos versos de "Vamo a gozá esta Nochebuena / Vamo a gozá esta Navidad", que encontramos en el paseo Mi canoa, parte de un repertorio que incluyó Los camarones, El aguacero y muchos más. Esos éxitos que no solamente se impusieron en el interior, sino también en la exigente costa Caribe colombiana, aparte de repercusiones en Venezuela, Ecuador, Perú y Panamá.

El fallecimiento de Julio Torres no impidió que habiéndose acabado Los Alegres Vallenatos, 70 años después siguen vigentes. Por eso lo recordamos como una de las mejores figuras que difundieron el vallenato.

José Portaccio Fontalvo

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