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La salud de los maestros

La salud de los maestros

El servicio de salud es cada día más precario y no avizora solución alguna.

SEÑOR DIRECTOR:

Varios artículos publicados sobre ansiedad y depresión, estimulados por la pandemia, lo llevan a uno a pensar sobre la situación del magisterio, pues los maestros padecemos esas patologías, sin que nadie se preocupe, pues el servicio de salud es cada día más precario y no avizora solución alguna, ya que, curiosamente, cada vez que se acerca una nueva contratación aparecen los mismos oferentes, quienes salen favorecidos con jugosos contratos.

Las patologías a las cuales me refiero se pueden agravar, en momentos en que algunos secretarios y rectores de colegios pretenden obligar a los estudiantes a la presencialidad del 100 por ciento, sin que se cumplan normas de bioseguridad establecidas por la OMS y desacatando comunicaciones de Minsalud, en el sentido de que con la posible llegada de la variante delta se deben intensificar el distanciamiento, lo cual sería imposible atender en colegios donde la mayoría de los salones no cuentan siquiera con áreas de más de 56 metros y en donde se pretenden meter a 35 y 40 estudiantes.

Henry Sarabia Angarita

No más sangre

SEÑOR DIRECTOR:

Una nueva masacre ocurrió en San Rafael, Antioquia, en días pasados. Desafortunadamente, para muchos esto se ha convertido en una noticia más, pero no podemos normalizar estos hechos. La vida se respeta.

A diario miles de colombianos viven con temor a sufrir una tragedia de esta magnitud. Según cifras de Indepaz, en lo ocurrido de este año ya van 77 masacres, una cantidad alarmante que cuestiona las garantías de vida en Colombia. Como ciudadanos, debemos exigir seguridad en todas las regiones.

Es demasiado triste pensar en las familias quebrantadas a causa de la violencia. Y también hay ver la inseguridad vivida en las principales ciudades del país, donde no solo te arrebatan lo que has conseguido con esfuerzo, también te quitan la vida.

David Esteban Pinzón

Política y deporte

SEÑOR DIRECTOR:

En el 2022 Colombia elegirá nuevo Presidente y Congreso, y desde hace rato se inició la guerra verbal de micrófono y redes sacándose los trapos al sol a través del insulto, la calumnia y la injuria.

Los partidos están desesperados porque hay muchos candidatos y pocos líderes. Los políticos están al borde de un ataque de votos. No es nuevo el apostar por figuras brillantes en el deporte o el arte para ‘usarlos’ como ganchos de campaña, y después ignorarlos cuando de decisiones determinantes se trata. Pero cabe recordar que a los deportistas y artistas que fueron congresistas en el pasado les fue muy mal; y ni hablar de las minorías étnicas. Presencié años atrás en el Congreso la discriminación de una parlamentaria indígena, quien era ignorada en todas sus opiniones. Pero sí la utilizaron en campaña para capturar votos que jamás hubiesen obtenido de otra manera.

Ojalá a nuestra atleta olímpica Caterine Ibargüen y a los deportistas que convocaron para el Congreso no los enreden y les den su lugar, no solo en campaña sino después de elegidos.

Helena Manrique Romero

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