Corrupción y educación

Corrupción y educación

La corrupción en Colombia no se solucionará con más leyes ni más consultas.

Por: Cartas del lector
26 de agosto 2018 , 12:00 a.m.

Señor Director:

En el baño público de un centro comercial, un hombre enrolla en su antebrazo metros de papel higiénico. Lo veo, y calculo que serán unos 20 metros para ponerlos alrededor del sanitario. Otro tanto lo llevará a casa como muestra de su “astucia” y rebeldía. He visto niños y chicos haciéndolo, que no se intimidan ante la queja de los mayores. Me dicen que en los baños de mujeres sucede otro tanto.

Ello es corrupción también, pues quita a la sociedad, con propósitos individuales, recursos puestos por el sector privado o público para satisfacer necesidades generales. Igual hacen los que no cruzan por las esquinas, compran contrabando a la informalidad en los andenes o acceden al transporte público por otros medios. La corrupción en Colombia no se solucionará con más leyes ni más consultas. Lo grande se ve en lo pequeño. Ya olvidamos la enseñanza japonesa en el Mundial de Fútbol de Rusia, donde también vimos como contraste el accionar de la ‘malicia indígena’ y la ‘viveza’ de nuestros compatriotas que quizá nadie quiera imitar.

Mayo Monroy

Fincas productivas como prisión

Señor Director:

En desarrollo de su política de lucha contra la corrupción en todos sus campos, el Gobierno ha adoptado la expresión del asunto y el Presidente ha ordenado a la Fuerza Pública varios (muchos) operativos contra la delincuencia. Es muy seguro que caigan muchos delincuentes, para los cuales no habrá espacio en las diferentes cárceles del país, dadas la superpoblación existente en estas y la incapacidad de la infraestructura carcelaria.

Solución a largo plazo sería la construcción de sitios de reclusión en diferentes lugares del país, lo cual no resolvería el problema con la oportunidad que se propone el Gobierno. Una solución en el corto tiempo sería adaptar algunas fincas declaradas en extinción de dominio para que, convertidas en cárceles productivas, pueda hacerse efectiva la racionalización de los delincuentes.

Jaime Delgado Hernández

Mejorar la movilidad

Señor Director:

La Secretaría de Movilidad de Bogotá piensa bajar los límites de velocidad de 60 a 50 kilómetros por hora, con el fin de reducir la accidentalidad. Eso suena bien, pero en muy pocas calles y avenidas se puede transitar a más de 40 km/h, por ejemplo. Y en ocasiones a 20 o 10 kilómetros por hora, pues los trancones se ven por todo lado. Claro, de noche, algunos corren a grandes velocidades. Es alta la accidentalidad, pero no sé si habrán estudiado que sea más por fallas mecánicas, por huecos en la vía, por distracciones o, de verdad, porque unos aprovechan el momento de despeje de una vía, o un domingo, para ‘volar’. Porque de todo hay en esta jungla. Unos taxistas quieren tener alas, por ejemplo. Está bien, en todo caso, que intenten salvar vidas, pero también busquen mejorar la movilidad, pues ahí se pierden muchas horas laborales, se enferma la gente por el estrés y, entre otros perjuicios, se quema demasiado combustible. Es fundamental hacer nuevas vías y ampliar otras.

Ángel María Aguilar

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