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La educación flexible en Colombia

La educación flexible en Colombia

En este país nos falta mucho en cuanto a la educación en línea.

Señor Director:

Hace cinco años me gradué del colegio y, como muchos, tenía grandes expectativas para mi futuro. Pretendía trabajar en mi pasión, la música, y estudiar Comunicación Social en la Universidad Javeriana simultáneamente. Todo empezó bien y empecé a cursar el primer semetre, hasta que la experiencia me mostró que dividir mi tiempo era más difícil de lo que pensaba y que en Colombia no hay tantas alternativas además de la educación tradicional.

Las cosas parecían color de rosa: tenía excelentes notas y mi carrera musical estaba avanzando de manera positiva. Todo cambió el día que me enfrenté a la decisión de dejar la universidad para poder dedicarme a la música. No era sostenible mi vida en giras internacionales y al mismo tiempo en una universidad presencial. Intenté hablar con la universidad para que me ofrecieran una opción de educación en línea y me la negaron. Averigué en otras universidades en Colombia, como la Universidad Nacional Abierta y a Distanica, que sí ofrecen carreras en línea, pero no daban ningún tipo de flexibilidad en cuanto a los horarios ni el número de materias por cursar. Después de un tiempo me rendí. Me resultó imposible estudiar en una universidad colombiana una carrera en línea de manera exitosa.

Esto me hizo reflexionar. Yo estoy en una posición de privilegio y tuve la fortuna de poder iniciar más tarde mis estudios en una universidad española que ofrece mucha flexibilidad, la Universitat Oberta de Catalunya. Pude balancear la música con mis estudios. Sin embargo, hay muchos colombianos que necesitan trabajar mientras estudian para poder apoyar a sus familias, o pagar sus estudios, o para poder subsistir. Para esas personas no hay más alternativa que batallar para ver cómo hacer todo en las 24 horas que tiene un día. No hay soluciones flexibles de parte de las universidades para las personas que tienen responsabilidades significativas además de sus estudios.

En este país nos falta mucho en cuanto a la educación en línea. La llegada de la pandemia reforzó esta idea, tomó a las universidades por sorpresa, sin experiencia ni preparación. Las clases consisten en una dinámica de Zoom que no es efectiva para el aprendizaje. La educación en línea va más allá de replicar la educación presencial a través de la tecnología. Hay que ir un paso adelante. Por ejemplo, la Universitat Oberta de Catalunya tiene dos profesores encargados por cada materia, pero no hay ‘clases’ a horas específicas. Los profesores proveen materiales de aprendizaje elaborados por ellos mismos, y los estudiantes deben leerlos y luego realizar proyectos complejos que demuestren la comprensión de los diferentes conceptos. Cada estudiante maneja su tiempo y tiene una comunicación personalizada con el profesor en caso de ser necesaria. Además, hay espacios de foro y debate en donde todos los estudiantes pueden colaborar entre sí respondiendo dudas y conversando sobre opiniones. Esta flexibilidad genera independencia y habilidades de organización.

En otros países ya existen hasta programas para hacer el 100 por ciento de maestrías en línea. Es que es evidente que la educación flexible se está volviendo una necesidad en la vida de muchas personas proactivas. Claramente, este tipo de educación no es la ideal para todo el mundo, pero es importante que la alternativa exista y salirnos del estereotipo de que la educación tradicional es la única válida y ‘buena’.

En Colombia, todas las universidad deberían empezar a plantearse la posibilidad de ofrecer educación en línea flexible. Además de responder a las necesidades de muchas personas, también es una nueva oportunidad de negocio para ellas. Dar ese paso para que la educación evolucione en el país puede ser esencial para aumentar el número de profesionales que puedan aportar a la sociedad.Olga Lucia Vives

Derechos tenemos todos

Señor Director:

¿Cómo entender lo que está sucediendo? Motivos para protestar tenemos todos. Si bien es cierto que estamos cansados de ver cómo la clase política tolera la corrupción, convive con ella y la alimenta, sin atender las voces de millones de colombianos que pedimos que la justicia los castigue, nuestra protesta pierde toda legitimidad cuando los vándalos irresponsables se abanderan de esta.

¿Cómo entender a quienes alientan o participan en la destrucción indiscriminada que han dejado a su paso estas mal llamadas ‘protestas’? ¿A quién beneficia que, en medio de un tercer pico, se le impida al transporte público cumplir su propósito esencial, se pudran toneladas de alimentos en las carreteras mientras tanta gente sufre de hambre, se entorpezca el programa de vacunación, que, aunque lentamente, finalmente avanza? ¡Recuperar lo arrasado nos va a costar más que la reforma tributaria! ¿Desde cuándo el derecho a la protesta puede pasar por encima del derecho a la vida? Derechos tenemos todos, no solo los manifestantes. ¿Dónde quedan los derechos de la población civil? ¿Acaso los miembros de la Fuerza Pública, que en su gran mayoría arriesgan su vida para protegernos, no tienen también derechos? ¿Qué tendrán que decir quienes han alentado esta situación cuando las cifras de contagio se disparen y nuestro sistema de salud no tenga cómo responder?Juanita Casas Carvajal

Cali, sitiada

Señor Director:

Nuestra ciudad está en una situación de guerra. Sitiada, sin alimentos, sin los insumos básicos para el transporte, la salud o el trabajo, presa de la enfermedad y la muerte por la pandemia. Bandas criminales acechando en carreteras y vías principales, incendiando y saqueando. Y el símbolo icónico de la catástrofe: el dueño del destruido hotel La Luna elevando los brazos al cielo, llorando amargamente, desconcertado, reclamando al único que lo oye: la Providencia divina.

Por qué pareciera que la falta de liderazgos políticos, la miseria y los grupos delincuenciales se confabulan en contra del ciudadano trabajador y honesto, aprovechando la polarización política y las lecciones no aprendidas de la difícilmente construida dialéctica de paz. ¿Quiénes están detrás del acoso criminal en Cali?Carlos H. Quintero B.

Colombia, de luto

Señor Director:

Hoy me levanté con una sonrisa en el rostro, animado a iniciar mis labores. Sin embargo, al ver las atrocidades y los atropellos que en cada imagen y video observaba, pronto mi sonrisa se borró, me rodaron las lágrimas, un nudo en la garganta me sofocó por unos segundos. No puede ser... disparos, muerte, caos y acciones excesivas por la fuerza. Me duele mi patria, mi país y no puedo ser indiferente a mis hermanos. Como colombianos estamos sufriendo al ver que preciosas vidas se recorten de tajo con cruel injusticia y salvajismo.

¿Qué hay de malo en pensar distinto? ¿Por qué las miradas y los tratos como si fuéramos enemigos mortales? La libertad de la que tanto hablaron los padres de la patria hoy pareciese una mentira. Colombia sufre y está de luto.Juan Pablo Méndez Rodríguez

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