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Cerraron y se fueron

Cerraron y se fueron

Es desolador transitar por el sector de la Javeriana en Bogotá, el comercio ya no es el mismo.

Señor Director:

Un sinsabor y un desasosiego se han apoderado de mí últimamente. La razón: muchos de los establecimientos comerciales que existían en el sector que habito ya no están, se extinguieron, se borraron del mapa, y junto con ellos, los sueños y esperanzas de propietarios y empleados.

La pandemia se llevó consigo personas, metas, ilusiones y sustentos de muchas familias. Es desolador transitar por el sector de la Javeriana en Bogotá, el comercio ya no es el mismo. Es difícil creer cómo negocios tan prósperos y que nos ofrecían una gran variedad de artículos que iban desde víveres de primera necesidad, ropa, papelería y comida hasta bares se hayan convertido en una vaga remembranza.

Predominan los avisos de ‘se vende’ y ‘se arrienda’. Es como un pueblo fantasma en donde poco a poco se apagan las luces. Al mirar por sus ventanas, sus deudas yacen en el suelo representadas en recibos de servicios públicos. Aun en su soledad, retumban las risas y las historias. ¿Qué será de aquellos trabajadores? ¿Qué será de sus familias? Solo queda desearles los mejor.

John Jairo Salgado Barbosa

¡Es una tarea de todos!

Señor Director:

En el tercer pico de la pandemia, esto se ha convertido en una carrera en la que, al parecer, solo puede haber un ganador: la vida o la economía. Hasta la fecha han muerto 65.889 personas, y el Gobierno y la ciudadanía durante este año de pandemia no han podido encontrar un equilibrio y una responsabilidad justa para cada una de las partes. Los colombianos debemos ser más estrictos con las normas básicas de bioseguridad, al menos portar bien el tapabocas. Las empresas deben velar por la salud de sus colaboradores, el deporte debe respetar las condiciones de los jugadores y el Gobierno Nacional debe encontrar medidas y apoyo que puedan suplir a las personas que más se han visto afectadas.

Aunque tengamos las vacunas, los médicos están agotados, los respiradores en varias ciudades ya no son suficientes y la conciencia frente a los riesgos de este virus es poca.

Alejandra Gantiva Rodríguez

El mal no distingue

Señor Director:

La muerte de los viejos, aunque parezca más o menos natural, no lo es, pues se van antes de tiempo, inesperadamente, en condiciones absurdas. Pero también se van los jóvenes y los niños. Sí, los niños. Qué mal tan cruel. Solo nos queda extremar medidas, llamar a la conciencia, cuidarnos unos a otros, que se amplíe y refuerce nuestro sistema de salud. Y, sobre todo, crear las condiciones para prevenir. Y tiene que ser un esfuerzo común, alejado de la política, pues el mal no distingue.

Lucila González de M.

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