Putin tiene el camino despejado para gobernar más que Stalin

Putin tiene el camino despejado para gobernar más que Stalin

El polémico líder ruso logró que la ciudadanía votara sí a una serie de reformas constitucionales.

Reformas Putin

El presidente ruso, Vladimir Putin, en su intervención durante la discusión en la Duma de las reformas constitucionales.

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AFP

Por: Simón Granja Matias - Redacción Domingo
05 de julio 2020 , 12:18 p. m.

El veredicto era el esperado. El presidente Vladimir Putin obtuvo esta semana el apoyo mayoritario de los rusos para continuar en el poder más allá de 2024, cuando terminaría este periodo presidencial, e incluso podría hacerse reelegir hasta el 2036. Esto lo convertiría en uno de los dirigentes que más tiempo ha estado en el poder (36 años) en los últimos cinco siglos de historia de Rusia, y podría a superar al dictador Stalin, que ostentó el poder durante 29 años.

El apoyo lo tuvo en un plebiscito constitucional muy cuestionado por falta de transparencia. Aunque las autoridades han enfatizado la legitimidad del proceso de votación y han desestimado las acusaciones de manipulación y fraude electoral, existen sospechas de una falsificación a gran escala, la oposición habla de millones de votos anómalos en los 50 millones que se registraron.

Aun así, más del 77,9 % de los electores votó sí a las 206 enmiendas constitucionales propuestas por Putin y el partido del Kremlin. En el fondo, el líder ruso tuvo la habilidad de convertir esta reforma en un plebiscito sobre él. De hecho, el portavoz del presidente, Dmitry Peskov, calificó la votación como un “referéndum triunfal sobre la confianza en el presidente Putin” después de que se anunciaron los resultados preliminares.

Entre las enmiendas, una en específico es la más llamativa, pues le permite a Putin postularse para la presidencia nuevamente en 2024 y luego reelegirse hasta el 2036. Este es el cambio más significativo hecho en la Constitución de 1993. Dentro de las enmiendas, otros cambios fortalecen aún más lo que ya es una presidencia muy fuerte, por ejemplo: mayor influencia en la Fiscalía. Sin embargo, es probable que la mayoría de los votantes rusos que votaron por el paquete de reformas no lo hicieran por estos cambios, sino más bien por otras enmiendas, como promesas de un mayor apoyo estatal para los ciudadanos.

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Putin, aunque no se pronunció oficialmente después de conocerse los resultados el 1.º de julio, pero previamente dejó en evidencia su intención de volver a la carrera electoral “por el bien de su país”.

La consulta sobre la reforma de la Constitución era en realidad un trámite innecesario, pues las enmiendas ya habían recibido el visto bueno del Tribunal Constitucional y del Parlamento. No obstante, el líder ruso señaló en repetidas ocasiones que él no firmaría hasta que la ciudadanía no aprobara la reforma en las urnas.

Esta jugada maestra es un paso más de los muchos que ha dado Putin en su larga carrera política. El que ha sido catalogado como el hombre más poderoso del mundo por la revista Forbes desde 2013 hasta 2016, y que fue agente de la KGB, ha construido una envidiable popularidad en su país. Sin duda, con su relativo carisma, un discurso que incomoda especialmente en Occidente y su firmeza en levantar de las rodillas al pueblo ruso, se ha sabido ganar a un amplio sector de su pueblo.

Vladimir Putin

Vladimir Putin, presidente de Rusia.

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AFP

Durante 20 años, Putin ha dejado su huella como un hombre de acción, un líder hiperactivo siempre dispuesto a enfrentar a los enemigos del Kremlin en su país y en el extranjero, e incluso a los tigres salvajes en los remotos bosques rusos. Aunque su puesto en la presidencia no ha sido constante desde el año 2000, cuando ganó su primera elección, pues en el 2008, al final de su segundo mandato, tuvo que retirarse, su poder sí lo ha sido. En ese momento declaró su apoyo como nuevo presidente a Dmitri Medvédev, quien ganó arrolladoramente. Una vez quedó electo, Medvédev propuso a Putin como ministro de Estado. Para luego ser nuevamente elegido presidente en el 2012 y hasta la actualidad.

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Mark Galeotti, en su libro Necesitamos hablar sobre Putin, explica que lo que hace que Putin funcione no es dinero. Tampoco está motivado por la ideología. De hecho, Galeotti insiste: “Putin no tiene ningún compromiso ideológico con nada, realmente”. La clave está en que Putin es un “patriota de nivel instintivo, que cree que Rusia debe ser considerada una gran potencia... porque es Rusia”.

Algunos ya llaman a Putin un zar de facto. Pero eso, por supuesto, depende de lo que entendemos por ‘zar’. “Si queremos decir un gobernante de por vida, técnicamente Putin aún no está allí, ya que la Constitución ahora requerirá que renuncie a la presidencia en 2036, cuando tenga 83 años. Y un zar es el jefe de una familia real. No hay señales de que Putin planee hacer de uno de sus parientes el próximo jefe de Estado”, explica a EL TIEMPO Ben Noble, profesor de política rusa del University College de Londres (UCL).

Cierto es que Putin no tiene los poderes de un verdadero dictador; no puede ejecutar el gobierno o incluso administrarlo sin funcionarios, oligarcas y falsos partidos de oposición de los que depende su autoridad y capacidad de gobierno. Y, sin embargo, demasiado comentario occidental sobre Putin invoca paralelismos con la era soviética cuando destaca su asfixia de los medios independientes, su demonización de los enemigos internos, su represión contra los movimientos de protesta y su hostilidad hacia el Oeste, explica un artículo de The Guardian.

Sin poder pleno

Además, debe recordarse que Putin aún no ha dicho que se postulará para la presidencia en 2024. “Al no comprometerse a postularse todavía, pero de acuerdo con la Constitución, Putin mantiene la incertidumbre entre la élite, que no sabe lo que planea hacer –señala Noble– y así no puede planificar en consecuencia”.

Los datos de las encuestas de agencias independientes y amigables con el Kremlin muestran que la mayoría de los rusos aprueban al mandatario. Lo hacen porque muchos lo asocian con el retorno de la fuerza y el orgullo ruso después de la incertidumbre de la década de 1990. Siendo la invasión y anexión de Crimea uno de los máximos trofeos de Putin.

También hay quienes lo asocian con mejores niveles de vida, aunque, en realidad, esto fue principalmente el resultado del aumento de los precios mundiales del petróleo que coincidió con los primeros años de Putin en la presidencia.

“Además, muchos rusos lo aprueban en parte porque no hay alternativas visibles”, explica a EL TIEMPO Vladimir Gel’man, un expatriado ruso, profesor de política de su país en la Universidad de Helsinki. A esto se suma que muchos rusos reciben sus noticias a través de la televisión controlada por el Estado.

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Aunque su popularidad es evidente, las calificaciones de aprobación de Putin han disminuido significativamente en los últimos dos años, por razones económicas, y sus calificaciones de confianza han caído aún más. Y a esto se suma la crisis por el coronavirus, que ha llevado a una hibernación económica para tratar de atajar la epidemia, según Gel’man.

Aun así, no hay señales de que el poder se aleje del mandatario a quienes opositores, y específicamente en Occidente, denominan como un dictador. Al respecto, Noble señala que “si nos referimos a alguien que no puede ser removido del poder por el pueblo mediante elecciones o por la élite por medios no letales, entonces Putin es un dictador”.

Además, dice Noble, a esto se suma que los datos sociológicos muestran que las personas no están lo suficientemente enojadas. Pueden estar profundamente preocupadas por el estancamiento o la caída de los niveles de vida, pero no lo suficiente como para pensar en derrocar al régimen. E incluso si lo estuvieran, tal escenario requeriría una división dentro de la élite gobernante.

No debemos olvidar que Putin no tiene poder absoluto. A menudo hace pedidos, incluso sobre la vida en las regiones, que nunca se implementan. Y esta transformación parece haber sucedido con una resistencia notablemente pequeña.

El camino para Putin está siendo trazado para que llegue a estar 36 años en el poder y convertirse en la persona que más tiempo ha estado al frente de Rusia, superando al exjefe soviético José Stalin, quien gobernó durante casi tres décadas.Sin embargo, aún no todo está determinado y su poder no es total.

Simón Granja Matias 
Redacción Domingo 
@simongrma

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