En Venezuela, la constituyente hace de todo menos la Constitución

En Venezuela, la constituyente hace de todo menos la Constitución

Tras un año de elección, el proceso busca crear instituciones leales a la ‘revolución bolivariana’.

Venezuela

Varias personas se han manifestado contra el gobierno venezolano y la Asamblea Nacional Constituyente.

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Efe

Por: Valentina Lares Martiz
30 de julio 2018 , 11:16 p.m.

Al cumplirse un año de la elección de sus integrantes, la Asamblea Constituyente venezolana exhibe muchos trofeos para la ‘revolución bolivariana’, pero ni una línea sobre la promesa que justificó su instalación, la creación de una nueva Constitución.

Impulsada por el presidente Nicolás Maduro en junio del 2017 como una respuesta a las protestas en contra de su régimen –que a la postre terminaron con más de 130 personas muertas– y sin ser sometida a referendo consultivo para su instalación como ordena la Constitución vigente, la Constituyente vio la luz el 30 de julio del 2017 como un artificio oficial que logró un doble propósito.

En el corto plazo desactivó las protestas en la calle y en el mediano plazo, al erigirse como un ‘suprapoder’, despidió de sus cargos a funcionarios incómodos como la fiscal general Luisa Ortega Díaz y suplantó las labores de la Asamblea Nacional, el escollo más incómodo para el régimen desde que la oposición obtuvo la mayoría de sus escaños en las elecciones parlamentarias de diciembre del 2015.

Así, prácticamente sin cortapisas institucionales y con la venia absoluta de los poderes Ejecutivo, Judicial, Electoral y Moral (con nuevos Fiscal, Contralor y Defensor), la Constituyente es la especie de nuevo parlamento que en un año ha creado once ‘leyes constitucionales’, en su mayoría destinadas a echar las bases para el modelo económico socialista.

Así destacan leyes como la ‘Ley constitucional contra la guerra económica para la racionalidad y uniformidad en la adquisición de bienes y obras públicas’ o la ‘Ley constitucional de precios acordados’, pasando por la ‘Ley constitucional del comité local de abastecimiento y producción (Clap)’, siendo esta última la que busca normar la distribución de bienes y servicios subsidiados por el Estado.

De ese entramado de leyes destaca la ‘Ley constitucional contra el odio, la convivencia pacífica y la tolerancia’, no por su carácter económico, sino estrictamente censor. Al establecer penas de entre 10 y 20 años de prisión “a quien públicamente (...) fomente, promueva o incite al odio, la discriminación o la violencia contra una persona o conjunto de personas”, es una de las leyes más restrictivas en materia de libertad de expresión puesto que no detalla a qué se refiere con promoción e incitación al odio.

El apresamiento de dos personas en el estado Carabobo, en enero del 2018, que participaron en protestas contra el gobierno de Maduro fue la primera y más sonada aplicación de esta nueva ley, sobre la que se advierte que podría, además de criminalizar la protesta –un derecho que protege la Constitución vigente–, fomentar la censura y la delación de personas e ideas que se expresen contra el régimen revolucionario.

Entre los ‘actos constituyentes’ que se arroga esa instancia también están las recientes excarcelaciones de unos de 80 presos políticos por parte de la llamada ‘Comisión de la Verdad’, una instancia de la Constituyente que asegura trabajar para esclarecer los hechos relacionados con las protestas antigubernamentales de los últimos años.

Será ahora, con el camino electoral despejado tras las elecciones presidenciales del 20 de mayo y con esa estructura primaria de ‘leyes constitucionales’ que los voceros de la Constituyente han prometido salir a recorrer las regiones del país para recolectar las ideas y “aportes del pueblo” para la confección de la nueva Constitución.

La última constituyente venzolana, instalada en julio de 1998, bajo la orientación del presidente Hugo Chávez, redactó la Carta Magna vigente en seis meses, sus debates eran públicos y contaban con cobertura periodística completa, a diferencia de la actual, en cuyos debates apenas se permite el paso de la prensa del Estado y de cuyos debates no se tiene registro de acceso público.

Más allá de estos detalles, en el discurso oficial, el primer año de la Constituyente fue celebrado como un “triunfo de la paz”.

“Hace un año vivimos uno de los procesos democráticos más importantes de la revolución, 8 millones de venezolanos, pese a las dificultades y amenazas impuestas por la derecha fascista, eligieron la @ANC_ve para derrotar la violencia. ¡Triunfó la paz!”, trinó Maduro.

Valentina Lares Martiz
Corresponsal de EL TIEMPO - Caracas

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