‘Sin unidad, el cambio le corresponderá a otra generación’

‘Sin unidad, el cambio le corresponderá a otra generación’

Ramón Guillermo Aveledo, exsecretario de la mesa opositora venezolana, habla de la transición.

Ramón Guillermo Aveledo

Aveledo confía en que el presidente Duque maneje el problema con Venezuela con "pruedencia y firmeza".

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Archivo / EL TIEMPO

Por: María Angélica Correa
28 de agosto 2018 , 09:14 p.m.

De un encuentro fortuito nació esta conversación con Ramón Guillermo Aveledo sobre la orfandad que enfrenta el pueblo venezolano y otros temas que domina por su vasta experiencia. Abogado, doctor en Ciencias Políticas de Madison University, profesor universitario, Aveledo fue presidente de la Cámara de Diputados del extinto Congreso Nacional y secretario ejecutivo de la Mesa de Unidad Democrática, cuya formación promocionó desde marzo de 2005 hasta el 20 de julio de 2014, fecha en que presentó su renuncia al cargo.

En Venezuela se palpa una presencia fantasmal de orfandad. El pueblo no esconde el dolor de haber quedado solo, abandonado a su suerte por sus dirigentes, que se han sumido en el silencio...

Es propio de este tipo de crisis que la gente se sienta, en su angustia, huérfana. Ese silencio es atribuible a ellos y al contexto. También los venezolanos sienten más angustia hoy ante el hecho de que las cosas no cambian, y viene esa desafección, esa distancia.

Me dejaron solo. Estoy desamparado. Y ese sentimiento calza perfecto para el régimen...


Sí. Porque el régimen es malo para lo bueno, pero es bueno para lo malo. Sembrar la desconfianza, la división en la oposición, como fuente de desconfianza, les hace mucho bien, inclusive para desprestigiar, devaluar el voto. Fueron trabajando en eso.

El pueblo siente que no hay una ruta definida por la dirigencia opositora después del 20 de mayo...


Es que no hay una ruta. ¿Por qué? Porque la ruta es la electoral, esa es una ruta. Porque tiene reglas, límites, y tú puedes exigir en esa ruta que se esté cumpliendo la ruta. Cuando entras en el terreno del mero hecho, no hay ruta. El desafío ahora es reconstruir la ruta, y es un problema político mucho más grande, que no tiene soluciones automáticas ni fáciles, y eso no lo hemos transmitido eficazmente. En buena parte es porque no lo sabemos. Es que en la política venezolana de hoy, las reglas desaparecieron. Los actores no saben cuál es el juego que se está jugando. Y el poder pone las reglas, y su íntima decisión es no respetar esas reglas. Por eso sus voceros, como la antigua presidenta de la constituyente, ahora vicepresidente ejecutiva, dijo: “Nosotros más nunca vamos a entregar”. Que es claramente su intención.

Entiendo que habría un consenso de presidentes de la región, entre ellos Iván Duque, para llevar a Nicolás Maduro ante la Corte Penal Internacional, pero Duque tiene importantes retos de entrada.

Él hace bien cuando tiene en el radar a Venezuela y haría mal ignorándola. Tiene que medir los pasos que va a dar. Porque no es un asunto de política internacional, es de política doméstica. Así como lo colombiano aquí es de política doméstica, influye en nuestras vidas, lo de Venezuela ya influye como nunca antes. Una inmigración gigantesca que crece velozmente. Un comercio binacional que ahora está en ruinas, una cantidad de deformaciones en las relaciones. Ese conjunto de realidades hacen que el presidente de Colombia, fuera quien fuera, deba ocuparse de Venezuela. Duque tiene que administrar el apoyo de la fuerza política que lo llevó con sus activos y sus pasivos. Es decir, el presidente Uribe es sin duda un activo, un líder muy popular, pero como es un líder polarizante, entonces también significa pasivos. Y a él (Duque), que es quien va a estar en la Casa de Nariño, le toca administrarlo con la debida prudencia. Imagínate tú, qué cosa tan impropia parecería que un venezolano recete lecciones de prudencia a un colombiano, resultaría poco creíble. Yo creo que la prudencia es un componente esencial. La prudencia no tiene nada que ver con falta de firmeza. La prudencia puede ser muy firme, la firmeza puede ser muy prudente.

Porque va a tener una influencia en el propio desarrollo del comienzo de su presidencia que no debería sobredimensionarse porque tiene su agenda nacional, que es en sí misma muy exigente. Pero además es muy interesante; su antecesor, el presidente Santos, junto con salir muy debilitado entre los colombianos, es una figura de una inmensa fortaleza en el mundo, y Colombia esas relaciones exteriores las cuida; las ha llevado con mucho pulso. Entonces, el cuadro es de gran complejidad. Creo que el escoger al canciller que escogió indica justamente poner a alguien de mucha experiencia de Estado. Iremos viendo cómo evoluciona.

¿Ve posible llevar a Maduro ante la CPI?

Es un asunto al que el Presidente está obligado, y estoy seguro de que lo hará con prudencia y firmeza.

Volviendo a Venezuela. Se dice que Maduro y parte de su entorno quieren negociar, pero muchos militares se lo impiden.

No lo sé. Hasta ahora, los que mantienen el poder han dado pocas indicaciones. Parecería lo lógico. Pero han perdido todas las oportunidades, en el año 14, 16, 17 y comienzos del 18, y eso ha incrementado el precio. Porque ahora el Grupo de Lima es muy grande, por las sanciones personales del gobierno de EE. UU. y la Unión Europea. Pero esa presión internacional debe estar acompañada por una presión de los venezolanos, que no se está sintiendo en el liderazgo, pero tampoco en la ciudadanía. Es decir, no hay una presión de la ciudadanía sobre el liderazgo para que haga presión. Han aumentado las protestas por servicios públicos.

Sí, muchos focos de protestas, pero la gente se siente muy cansada...

Sí, comprendo todo eso.

Perdió la fe en sus líderes.

Pero hay que tener cuidado. Así como yo no excuso a los líderes, tampoco excuso a los ciudadanos, porque la ciudadanía es un ejercicio. Estamos insatisfechos porque los líderes no están haciendo, entonces tengo que preguntarme qué estoy haciendo yo, qué puedo hacer, porque la ciudadanía no es un deporte de espectadores.

¿Y salir a la calle?

En Venezuela hemos hecho manifestaciones gigantescas, enormes. Es que la lucha cívica combina varios elementos, es como una ecuación.

¿Por ejemplo?

Cuando Solidaridad y Walesa en Polonia negociaron con el gobierno, ¡con el gobierno comunista¡, hicieron las huelgas de hambre, participaron en una elección para la mitad del Parlamento, hicieron activismo internacional para proyectar lo que estaba pasando en Polonia, que era una sociedad mucho más regimentada porque era un régimen comunista establecido, una dictadura muy vieja que tenía la tutela de la Unión Soviética. Hay muchos ejemplos. Nunca nadie se ha metido por un solo carril, y más en una situación como la nuestra en que las reglas están borradas, en que no hay camino, en la que hay que construir un camino nuevo.

¿La falta de acuerdo para concertar un candidato único ha sido la causa de la división de la oposición venezolana? ¿Será que el ego impide que se pongan de acuerdo, mientras miles de venezolanos huyen del país?

Todos los que aspiran a ser presidentes tienen derecho a aspirar. Ahora, todos cometen un error si piensan que alguno de ellos va a ser el o la presidenta de la transición, porque ninguno va a ser. Sin cambio no hay posibilidad para ninguno.

Todos los que aspiran a ser presidentes tienen derecho a aspirar. Ahora, todos cometen un error si piensan que alguno de ellos va a ser el o la presidenta de la transición, porque ninguno va a  ser

¡Para ninguno¡ Parece una cosa de absoluto sentido común. No tienen por qué quererse. Tienen que ponerse de acuerdo en una cosa esencial: cómo hacemos para ayudar todos a que ese objetivo se cumpla. Sin una unidad elemental de la oposición, el cambio va a tardar mucho más tiempo. Y le corresponderá a otra generación, y va a ser en un país mucho más devastado, mucho más destruido.

Piensa tú si se hubiera empeñado Walesa en ser el protagonista. ¡El primer ministro no comunista fue Tadeusz Mazowiecki, no Walesa! Piensa si se hubieran empeñado los opositores del franquismo de tantos años, los socialistas o comunistas. Los protagonistas fueron Adolfo Suárez y el rey. Una oposición que fue básicamente republicana prefirió calarse (aguantarse) al rey. Y él y Suárez, que no era un funcionario de primerísima línea, fueron los que adelantaron la transición. ¿Quién se imaginaba que doña Violeta Chamorro podía hacer la transición en Nicaragua? Y lo hizo. ¿Y quién se imaginaba en El Salvador que la paz iba a llegar de la mano de Alfredo Cristiani, que era de Arena? Es que las transiciones se saben que son transiciones después de que ocurren, no antes. Pero antes tiene que haber gente trabajando para eso y preparándose para cuando eso ocurra. La sabiduría del liderazgo político está en detectar cómo se hace posible. La política es el arte de hacer posible lo que es necesario.

¿La transición puede ser por parte de un sector chavista democrático?

Ahora no parece, ¿pero cómo lo sabe uno?

Chavistas que no estén alineados con el régimen cubano.

Un chavista democrático que no esté con Cuba. Uno no sabe. Lo que parece es que el gobierno está convencido de que puede escapar del cambio. A diferencia de los blancos de Sudáfrica o los comunistas polacos o Mijaíl Gorbachov. El gobierno parece refractario a eso, y por eso no negocia. Ahora, ¿cuánto va aguantar? Hasta cuando pueda atender a su clientela. ¿Están dispuestos los militares, que han sido un pilar de sostenimiento de la situación, a cargar con eso? ¿Cómo sabemos que no va a ver más adelante…?

Un gran estallido social y ¿quién lo reprime...? Los militares.

Es a quienes les toca. ¿Y van a cargar los militares con ese muerto?

¿Y quién le da la patada a la mesa? ¿La comunidad internacional?

No. Yo siempre estaré a favor de los cambios menos traumáticos, porque sufre menos gente. No sé qué es menos traumático y cómo va a ser posible. Fíjate tú en Checoslovaquia, Rumania y la RDA (Republica Democrática Alemana): fueron regímenes parecidos pero los cambios fueron distintos. Ahora, ¿ese cambio en Venezuela qué costo va a tener?

Pero es que es una política de Estado que la gente se vaya.

¡Ah, claro¡ Piensan que se van quedando los que se la calan. Eso está haciendo un daño inmenso al país, y ese es un dato al cual no pueden ser indiferentes los países de América Latina porque les está afectando a ellos.

Entonces, ¿quién le pondría el cascabel al gato? ¿La comunidad internacional?

Un factor importantísimo. Necesitamos una enorme asistencia de la comunidad internacional, porque el daño es inmenso.

Sí, somos un país en guerra...

Sí, sufriendo las consecuencias de una guerra sin que hayamos vivido una propiamente.

MARÍA ANGÉLICA CORREA
ESPECIAL PARA EL TIEMPO

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