La primera Nochevieja de una migrante venezolana en Colombia

La primera Nochevieja de una migrante venezolana en Colombia

Michell Leo contó las tradiciones que comparte con nuestro país y envió un deseo de Año Nuevo.

AUTOPLAY
Venezolanos fuera de su país envían mensajes de Navidad a sus familiaresMuchos de los que están en Colombia pasarán su primera Navidad lejos de los suyos.
Migrantes venezolanos

Luis Robayo / AFP

Por: Michell Irlena Leo Barco
31 de diciembre 2018 , 05:05 p.m.

Las Navidades en una casa venezolana... Lo primero que me viene a la memoria es una casa llenísima de gente. La casa de los abuelos siempre fue el corazón de la familia. Allí, propios y extraños, eran bienvenidos con cariño y alegría e inexorablemente todos orbitábamos alrededor de esa casona.

Los abuelos, Maíta y Paíto, siempre insistieron en que en las fiestas debíamos mostrar la gratitud por todo lo que teníamos y lo que nos faltaba, dando calor de familia a quien lo necesitara. Esta premisa fue la que llevo a nuestra familia, ya numerosa, a crecer con las parejas y sus familiares, los amigos y compadres de la vida y todos los vecinos que quisieran sumarse.

Nuestros abuelos nos enseñaron que lo más importante era que nos quisiéramos y nos apoyáramos unos a otros, dándole más peso SIEMPRE a nuestras virtudes por encima de nuestros defectos. Y esa es la base de la unión familiar que nos mantiene cerca, aunque los kilómetros se empeñen en decir lo contrario.

La comida no era lo único delicioso de esas épocas, pero era una parte importante de la programación. Todo empezaba cuando Paíto hacía la preparación de "el guiso". La recuerdo como una actividad ceremoniosa. Él era el único que lo preparaba y solo aceptaba ayuda de dos o tres nietos.

Al siguiente día tocaba otra gran reunión en la que todos participábamos. Había una gran línea de ensamblaje para el armado de las hallacas. Cada uno tenía su función y nos reuníamos por igual hombres y mujeres, niños y adultos, a poner un granito para hacer las hallacas más ricas del universo.

Ya llegado el fin de año, todo se centraba en la cena, con platos típicos de las fechas así como la limpieza de fin de año. Esa costumbre nos hacía abrir la casa, limpiarla, ordenarla, decorarla e iluminarla para darle entrada a las energías positivas que nos trae el año nuevo.

La mesa se decoraba con cornucopias repletas de frutas, flores, granos y cereales que significaban la abundancia que esperábamos tener en el nuevo año. Así como en Colombia no podían faltar las lentejas y las doce uvas, que debían comerse una con cada campanada, pidiendo un deseo por cada una; mientras escuchábamos el poema de Andrés Eloy Blanco ‘Las uvas del tiempo’ o bailábamos los cañonazos ‘Faltan 5 pa’las 12’ y ‘Año Nuevo’ de La Billo’s Caracas Boys.

También como aquí, tenemos rituales pintorescos, como tener dinero en los bolsillos y en la mano para la bonanza, salir a recorrer la cuadra con maletas para atraer los viajes y paseos o la ropa interior amarilla para la prosperidad. En fin, toda una suerte de ceremonias que nos llevaban a despedir el Año Viejo y recibir el Año Nuevo.

A veces la celebración duraba días, y de ella salieron las anécdotas y memorias que aún hoy nos mantienen juntos. Los recuerdos permanecen, el afecto de los primos, de sangre y de cariño, las ganas de volver a estar juntos y celebrar la familia como alguna vez lo hicimos. Porque lo más importante siempre fue que la familia estuviese unida y en abrazo fraterno celebrar los recuerdos y enseñanzas, agradecer lo mucho o lo poco que se tenía y lanzar los deseos y sueños por cumplir al universo con esperanza y fe.

Por ahora nos toca vernos a través de un teléfono o de una computadora. Nos reunimos, bendecimos, regalamos y nos amamos por Whatsapp y seguimos trabajando duro para ayudar a los que quedan

Actualmente, de los 65 que contamos en esa última reunión, solo quedan en Venezuela los hijos de los viejos y tres de los nietos, todos los demás salimos en desbandada por todo el mundo.

Hoy en día las redes sociales y los servicios de mensajería son nuestros medios de reunión. Para mí y mi familia es la primera Navidad que pasamos separados, la migración nos llevó a dejar a nuestras hijas atrás en busca de un futuro mejor para ellos.

Ahora estamos en busca de oportunidades para hacernos una vida honesta con la que poder brindarles el camino de vida que decidan tomar, sin verse influenciados por políticas mezquinas que los obliguen a sobrevivir y no a vivir, o en un lugar donde no sepan lo que es compartir en familia.

En adelante, solo nos queda trabajar duro para empezar de nuevo, ayudar a los que se quedaron, mantener el contacto lo más posible, enseñarle a nuestros hijos el significado de la familia, las tradiciones y la importancia de ese amor fraterno que le dio a mis hijos tíos de sangre y de la vida, quienes desde cualquier lugar del mundo los siguen acompañando, entreteniéndolos y esforzándose no solo por mantener vivo el legado de la familia, que es el de miles de familias venezolanas.

Por ahora nos toca vernos a través de un teléfono o de una computadora. Nos reunimos, bendecimos, regalamos y nos amamos por Whatsapp y seguimos trabajando duro para ayudar a los que quedan. Seguimos rezando por los que no están y reuniendo fuerzas para seguir adelante, con la esperanza de que llegará el año en que nos volvamos a ver.

Por Michell Irlena Leo Barco, para todos los venezolanos

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