Hasta dónde llegará el ‘presidente encargado’ de Venezuela Juan Guaidó

Hasta dónde llegará el ‘presidente encargado’ de Venezuela Juan Guaidó

Bajo el liderazgo del joven líder de la Asamblea Nacional, oposición lanza un desafío a Maduro.

Venezuela

Miles de personas fueron a juramentación que Juan Guaidó hizo en la marcha programada por la oposición.

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Reuters

Por: Valentina Lares Martiz
23 de enero 2019 , 10:58 p.m.

La gente le gritaba “¡ju-ra-mento, ju-ra-mento!”, y el presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, después de un breve discurso, dio el paso y se juramentó como “presidente encargado” de la República de Venezuela, que este jueves amanece con dos gobernantes.

Sin banda presidencial, pero rodeado de cientos de miles de personas que salieron a las calles de Caracas, primero dijo: “Para que no quede ninguna duda, hoy doy el paso con ustedes, levantemos la mano derecha”, y se escuchó un estruendo impresionante.

“Hoy, 23 de enero de 2019, en mi condición de presidente de la Asamblea Nacional, invocando los artículos de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, tomo ante Dios todopoderoso, Venezuela, el respeto a mis colegas diputados, juro asumir formalmente las competencias del Ejecutivo Nacional como Presidente encargado de Venezuela, para lograr el cese de la usurpación, un gobierno de transición y elecciones libres”.

Su juramentación, el reconocimiento posterior del gobierno de Estados Unidos, y luego la cascada de otros ejecutivos de la región –incluido Colombia, que ha tenido un liderazgo clave– marcan un antes y un después en la historia venezolana reciente, pero llenan al país de incertidumbre, pues en un mismo país conviven un presidente con todo el poder y el respaldo de la Fuerza Armada Nacional y de las instituciones chavistas, pero con un menguante apoyo popular, y otro, con amplio reconocimiento internacional, con creciente apoyo popular, pero sin ningún poder.

Como apuntan algunos analistas: uno sin legitimidad, pero con poder real de fuego. Y otro legítimo, pero sin mecha.

A esto se sumó una declaración de la Unión Europea que manifiesta su apoyo a la Asamblea Nacional, pide abrir un proceso que lleve a elecciones libres, pero no reconoce explícitamente a Guaidó.

Aquel es el objetivo. Basados en el apoyo popular evidenciado en las marchas de este miércoles, en el reconocimiento internacional y en la legitimidad que tiene la Asamblea Nacional por la transparencia de su elección en el 2015, ir hacia un escenario de elecciones libres en el menor de los plazos. Pero todo eso dependerá de la suerte de Guaidó. ¿Hasta dónde podrá llegar?

“Estamos en una situación que muchos teóricos de las revoluciones llaman ‘deber de soberanía’”, dice el analista venezolano Luis Salamanca. “Es la posibilidad de que haya dos personas que reclaman la soberanía en el territorio. Si la oposición da este paso, deben tener el apoyo militar, o por lo menos crear una reacción militar favorable que produzca una fractura. Si Guaidó logra esto, es posible un cierre dictatorial definitivo; pero si no: cierran la Asamblea, detienen a Guaidó y proceden a detener masivamente a los opositores, que es el paso que le queda por dar a Maduro, porque él no puede permitir que haya un presidente paralelo”.

Ya está claro que la Fuerza Armada está con Maduro y así lo hizo saber el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, a través de un trino: “(...) Los soldados de la patria no aceptamos a un presidente impuesto a la sombra de oscuros intereses ni autoproclamado al margen de la ley”.

Desde esa perspectiva, la analista Collete Capriles cree que el país seguirá en un ya larguísimo “choque de trenes”: “En mi opinión, seguiremos con este choque de poderes, pero una oposición más fortalecida gracias al gran e intenso apoyo internacional, que es muy importante para la economía. Y, por otro lado, Nicolás Maduro afirmándose como presidente con el apoyo de las fuerzas armadas”.

¿Apretón económico?

A nivel económico, Washington puede apretar mucho más aún a Caracas por los lados del petróleo y de las sanciones.

De otro lado, se configura el caos institucional venezolano, cuyas principales instituciones tienen un doble: hay dos presidentes, dos Tribunales Supremos de Justicia (uno en el exilio que oficia en Bogotá), dos legislativos (la Asamblea Nacional, considerada en desacato, y la Constituyente, que oficia) y, en suma, dos tipos de venezolanos, los inmigrantes y los que se han tenido que quedar.

Ante esta incertidumbre, el único poder cierto parece ser el de la Fuerza Armada Nacional, a pesar de pequeños levantamientos en algunas guarniciones y las fisuras que aunque parecen evidentes aún no logran una retirada del apoyo a Maduro.

Por eso, varios analistas concluyen que el verdadero poder que no ha permitido que Maduro caiga ha sido el de las fuerzas armadas, de ahí que muchos de los mensajes vayan dirigidos a que los militares tomen decisiones como garantes de la Constitución y defensores del pueblo. El problema es que hace tiempo se declararon chavistas.

“Este paso que Guaidó da, lo hace para provocar una reacción militar, pero hay que esperar si la va a haber. Hay que ver cómo una eventual detención de él caería en el sector militar, porque también está muy dividido, hay un malestar, una oposición militar contra Maduro”.

La autoproclamación de Guaidó escribe una historia inédita en Venezuela. Su juramentación como presidente encargado no está prevista como tal bajo ningún artículo de la Constitución, que, sin embargo, ordena en los artículos 233, 333 y 350 tomar las acciones que sean necesarias para restablecer el orden constitucional.
Esto, a juicio de la Asamblea Nacional y millones de venezolanos, se rompió el 10 de enero, cuando Maduro renovó el mandato luego de unas elecciones marcadas por las irregularidades y la abstención.

Este paso que Guaidó da, lo hace para provocar una reacción militar, pero hay que esperar si la va a haber.

Aun así, las decisiones que Guaidó tome como presidente encargado no tendrán un efecto práctico, de momento, pero sí en el plano político, por lo que pidió a la ciudadanía seguir en las calles.

“Ahora, hermanos venezolanos, sabemos que esto no es de una persona, sabemos que esto va a tener consecuencias, sabemos que es necesario permanecer en las calles de Venezuela para lograr la democracia”.

Mucha de la gente que salió lloraba y se abrazaba en los minutos que corrió la noticia de la juramentación.

Desde temprano se volcaron a las calles de las principales ciudades de Venezuela. Las imágenes eran impresionantes desde Maracaibo, Barquisimeto, Barcelona, Barinas y Maracay. Poco después comenzó una fuerte ola de represión por parte de las fuerzas de seguridad.

Específicamente en Caracas, antes de la juramentación, la zona de El Paraíso revivió momentos como los del 2017, cuando la Guardia Nacional disparó perdigonazos y gases lacrimógenos. En la víspera se habían reportado 4 muertos, 3 de ellos en el estado Bolívar y uno en el caraqueño sector de Catia.

De acuerdo con el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social, en 72 horas se produjeron 16 muertos en todo el país.

El chavismo también acudió al llamado de Maduro para celebrar el nacimiento de la democracia que se conmemora cada 23 de enero, pero en cantidades menos que modestas.

Poco después, el segundo hombre fuerte del régimen, Diosdado Cabello, tomó la palabra y mandó a los seguidores de la revolución a arropar a Maduro.

Para que no quede ninguna duda, hoy doy el paso con ustedes, levantemos la mano derecha.

Luego, un furibundo Maduro trató de minimizar la figura de Guaidó (cuyo nombre nunca ha pronunciado públicamente) y afirmó que la juramentación es un plan estadounidense para instalar un “gobierno títere” y aprovecharse de los recursos del país. En ello, anunció la ruptura de relaciones políticas y diplomáticas con Washington y dio 72 horas a su personal para marcharse de Venezuela.

EE. UU. respondió que en adelante sus relaciones diplomáticas las conducirá con Venezuela a través de Guaidó.

“Maduro algo tiene que hacer porque le están robando el cargo. ¿Detener a Guaidó? Eso tendría una reacción mundial, y ya con EE. UU. de por medio, peor. Toda una papa caliente”, concluye Salamanca.

VALENTINA LAREZ MARTIZ
Corresponsal de EL TIEMPO
Caracas

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