La frontera, ‘zona de fuego’ por el pulso de la ayuda humanitaria

La frontera, ‘zona de fuego’ por el pulso de la ayuda humanitaria

Policía se empleó a fondo para contener a los venezolanos que exigían permitir paso de caravanas.

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La frontera, ‘zona de fuego’ por el pulso de la ayuda humanitariaPolicía se empleó a fondo para contener a los venezolanos que exigían permitir paso de caravanas.
Venezuela

AFP

Por: Sandra Ramírez Carreño y Valentina Lares Martiz
26 de febrero 2019 , 02:09 p.m.

La imagen dolorosa de los camiones quemándose con la ayuda humanitaria que portaban; la brutal represión contra los miles de voluntarios que acompañaban las caravanas, el rompimiento de las relaciones diplomáticas entre Caracas y Bogotá y la deserción de al menos 60 efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana y la Policía marcaron la histórica jornada de este sábado en la que el presidente encargado del país vecino, Juan Guaidó, no logró hacer ingresar la ayuda humanitaria para, según él, salvar la vida de unos 3,2 millones de venezolanos.

Al final de la tarde, el régimen de Nicolás Maduro lograba resistir, al menos de momento, la presión de miles de venezolanos en el área de frontera que no lograron fracturar la unidad de la Fuerza Armada, pero a un costo altísimo: al menos 14 muertos (en la frontera con Brasil), según el diputado Américo de Grazia casi 300 heridos, y consolidar una imagen de represor, de violador de los derechos humanos y de indolencia ante las necesidades de su pueblo.

En la mañana, en el centro de acopio del puente internacional de Tienditas, el presidente colombiano, Iván Duque, había hecho entrega oficial de la ayuda humanitaria a Guaidó, mientras les pedía a los militares de ese país “ponerse del lado correcto de la historia” y permitir la entrada de las caravanas con los insumos médicos y los alimentos.

En la tarde, el canciller colombiano, Carlos Holmes Trujillo, pedía el regreso de los camiones.

Pero desde más temprano, a eso de las 5:45 de la mañana, al menos tres pelotones de la Guardia Nacional venezolana –unos 150 soldados– se desplegaron desde el lado venezolano del puente Simón Bolívar hasta el centro de San Antonio, en el estado Táchira, una de las ciudades más cercanas a la frontera, para responder a la orden de cierre de frontera emitida por el régimen de Nicolás Maduro la noche del viernes. Desde ya se anticipaba lo que podría pasar.

“¡Guardia, amigo, el pueblo está contigo!”, les gritaban los primeros manifestantes a los guardias nacionales, pero solo lograron que estos bajaran los escudos momentáneamente, pues pronto comenzaron los disparos de bombas lacrimógenas. Un grupo de manifestantes respondió lanzando piedras y botellas.

La refriega se mantuvo durante un par de horas hasta que decenas de motorizados, conocidos como ‘colectivos’ y que constituyen la banda armada paramilitar del régimen de Maduro, comenzaron a disparar balas al aire. Estos avanzaban con los rostros encapuchados y algunos caminaban detrás de pequeños grupos de guardias.

Las rondas de disparos disuadieron al grueso de los manifestantes opositores; sin embargo, muchos se acercaron por calles paralelas hasta la entrada del puente, donde la refriega de los opositores se realizaba a punta de piedras y en medio del escozor de los gases.

Los desertores

Un hombre joven muy afectado aseguraba: “Nos tienen en una guerra de desgaste”, y señalaba que si la Guardia Nacional resistía hoy (sábado), “solo nos podrá salvar una intervención”.

Mientras, en Ureña, la policía disparaba gases lacrimógenos y perdigones; en el puente internacional Simón Bolívar se vivían momentos dramáticos después de que una tanqueta de la Guardia Nacional Bolivariana embistió contra una de las vallas ubicadas allí para permitir que tres miembros de ese cuerpo desertaran y pidieran la protección del Estado colombiano. Minutos después, y entre lágrimas, otro efectivo de este mismo grupo también atravesó la frontera. Ya iban 28 militares desertores, algunos de alto rango.

“Nosotros desconocemos al presidente Nicolás Maduro y reconocemos a nuestro presidente interino, comandante en jefe Juan Guaidó”, dijo uno de los integrantes de la Guardia Nacional desde Colombia, después de pasar la frontera.

Nosotros lo que hicimos hoy (sábado) lo hicimos por nuestras familias, por el pueblo venezolano. No somos ningunos terroristas (...) somos padres de familia, hijos, y ya basta de tanta incertidumbre y de tanta injusticia. Compañeros, llegó el momento, llegó la hora”.

Venezuela

Las fuerzas del régimen de Nicolás Maduro quemaron comida y medicinas que intentaron entrar a Venezuela.

Foto:

Reuters

Decenas de venezolanos habían empezado a remover las vallas puestas en el lado venezolano mientras decían que “tenían derecho de entrar a su país”.
“Empezamos con un muchacho a quitarlas. Estaban unidas con alambre y las separamos poco a poco, diciéndoles que queríamos pasar a nuestro país. Ellos decían que no podíamos pasar, que era orden del presidente y que la frontera estaba cerrada”, contó Kharla Parra, venezolana de 25 años que había pasado a Colombia para asistir al concierto Venezuela Aid Live.

Y luego, cuando llegaron los camiones con la ayuda, y se empezó a armar la cadena humanitaria, se desató el caos, pues la Guardia Venezolana empezó a disparar sin distingo balas de gases lacrimógenos y bombas aturdidoras que provocaron una estampida. Personas que cayeron al piso, otras a punto del colapso por haber inhalado el lacrimógeno y otras con la cara reventada por los impactos fueron las imágenes más comunes de la ofensiva de los antimotines que con sus proyectiles llegaban del lado colombiano.

Para importar bombas sí tiene dólares el tirano, pero no para comprarnos comida.

Luego se observó cómo salían llamas de dos camiones, mientras los voluntarios desesperados intentaban rescatar el cargamento.
“Ahorita estamos esperando si nos van a dejar pasar o qué vamos a hacer”, decía una venezolana en el puente. En el lugar había rastros de sangre de heridos tanto en el suelo como en las vallas de Migración Colombia.

“Quiero que vengan los venezolanos, que nos apoyen. Hay que convencerlos de que nos dejen pasar”, pedía una mujer a gritos.

Justo en el punto en que los guardias bloqueaban la frontera, un grupo de personas cantó el himno de Venezuela. “¡Gloria al bravo pueblo...!”, mientras se dirigían a los miembros de la Guardia Nacional, al tiempo que gritaban “libertad, libertad, libertad” y ondeaban una bandera venezolana.

En el río Táchira, justo en la frontera, varios solados venezolanos estaban desplegados. “¿No tienen familia?”, les gritaba un hombre. “¡Piensen!”

A kilómetros de distancia, en Caracas, Nicolás Maduro convocaba a sus seguidores y celebraba lo que llamó una victoria rotunda en medio de una seguidilla de insultos contra el presidente Duque y el estadounidense Donald Trump. Allí anunció el rompimiento de relaciones con Colombia.

Al final de la jornada, los venezolanos quedaron con una sensación de desasosiego y de tristeza. Quizás tenían muy elevadas sus expectativas sobre lo que podría ocurrir, ilusionados por el camino marcado por Guaidó. Pero es evidente que se está aún muy lejos del fin de este pulso y que nadie puede cantar victoria.

Al ponerse el sol, la policía venezolana seguía disparando gases lacrimógenos. “Para importar bombas sí tiene dólares el tirano, pero no para comprarnos comida”, se le escuchó decir a una mujer con un pañuelo en la boca y con la cara ensangrentada. El mismo rostro de cientos (¿miles?) de venezolanos que aún no se rinden.

Puerto Rico denuncia amenazas a barco humanitario

El gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló, informó que el barco que partió de la isla caribeña rumbo a Venezuela con ayuda humanitaria recibió amenazas por parte de embarcaciones del país suramericano, por lo que temporalmente abandonará el área.

“Hace unos minutos fui informado de que el #BarcoPuertoRico, que partió hacia
Venezuela con ayuda humanitaria el miércoles pasado, recibió amenaza directa de fuego por parte de naves venezolanas. Esta amenaza constituye una grave violación contra una misión humanitaria, integrada por ciudadanos americanos”.

Sandra Ramírez Carreño y Valentina Lares Martiz
Enviadas especiales de EL TIEMPO
Cúcuta y San Antonio del Táchira

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