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Venezuela

¿En qué consiste el bolívar digital que va a salir en Venezuela?

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A partir del 1.º de octubre entra en vigor esta medida que se ajusta a lo que ya venía sucediendo.

Ana Rodríguez Brazón
En las calles de Venezuela muy poco se habla de bolívares como forma de pago, a pesar de que es la moneda en curso, según la Constitución. La realidad es que la mayoría de los precios están fijados en dólares estadounidenses y quien no los tenga debe hacer la conversión al tipo de cambio oficial –o paralelo– para poder pagar con el cono nacional.
A partir del 1.º de octubre, en Venezuela entrará en vigor el bolívar digital, el nuevo cono monetario que es producto de la tercera reconversión que se da en el país en menos de 15 años y que intentará lo que sus antecesores, el bolívar fuerte (2008) y el bolívar soberano (2018), no pudieron frenar: el ciclo hiperinflacionario que tiene sumido al país desde hace cuatro años y que es uno de los más altos y largos de la historia.
Según informó el Banco Central de Venezuela (BCV), el nombre del nuevo cono monetario obedece a la escasa circulación de billetes físicos en las transacciones diarias de los venezolanos, que de a poco se acostumbraron a las transacciones digitales como forma principal de pago. Los economistas enfatizan que solo 3 por ciento del cono monetario actual, compuesto por 14 billetes y dos monedas es físico, mientras que el otro 97 por ciento de las compras se transan a través de medios de pago digitales que se ejecutan por internet o por la telefonía móvil.
La digitalización del bolívar, que ahora el Gobierno presenta como algo novedoso, es una realidad desde hace varios años. La escasez del papel moneda, consecuencia de la hiperinflación, ha llevado al uso obligado de plataformas como ‘pago móvil’ o a realizar transferencias instantáneas para cancelar en moneda local desde un pan hasta los recibos de servicios públicos.
No obstante, el bolívar digital contará con las denominaciones físicas de 100, 50, 20, 10 y 5 bolívares (igual que las de los billetes estadounidenses) con la promesa de augurar más dinero físico y menos pagos digitales. Además, el nuevo bolívar, pese a que su creación está sustentada por el BCV en la digitalización de la economía, se enfrenta a la mala conexión de internet y los constantes cortes de energía, lo que merma las posibilidades de realizar operaciones digitales, un problema ya conocido y que imposibilita, en muchas ocasiones, incluso, el uso de datáfonos para pago con tarjeta común.
Nicolás Maduro anunció que identificaron dos casos de la variante Delta

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Foto:AFP

En los supermercados, peluquerías y hasta puestos ambulantes, todos los precios están expresados en dólares. ‘Una empanada y un jugo por un dólar’, ‘corte de cabello a solo un dólar’, ‘ofertazo: lleve un kilo de carne a tres dólares’ son solo algunos de los anuncios que se leen en los distintos comercios.

Lo que pasa en Venezuela es algo que no tiene parangón porque es una política para destruir un aparato productivo para someter a todos a la dependencia de dádivas

Actualmente, un dólar representa 4’040.784,73 bolívares, según el cambio oficial. Valor que se traduciría, a partir del 1.º de octubre, en cuatro bolívares digitales. Si bien parece una solución efectiva, el temor de los ciudadanos surge al considerar que, si se suman las tres reconversiones, ya son 14 ceros los que ha perdido la moneda oficial, por lo que la nueva modificación del cono monetario daría paso a una nueva devaluación y con ella a otro duro golpe al poder adquisitivo.
Quienes no tienen acceso a dólares, o prefieren venderlos en el mercado negro para obtener bolívares, muchas veces usan los medios electrónicos para pagar, rogando que el internet funcione, puesto que si no se llevan unos cuantos dólares en efectivo, es casi imposible conseguir dinero a través de los cada vez más escasos cajeros automáticos.
Carmen Álvarez, una abuela residente en Caracas, ya olvidó qué era ir con frecuencia al supermercado: “Mi pensión de vejez es de ocho millones de bolívares, ¿qué compro con eso?, nada, si un kilo de carne cuesta casi 15 millones”.
Como Álvarez, muchos adultos mayores no saben usar los sistemas digitales de pago. “Escuché que el bolívar será digital, yo no sé ni usar el pago móvil y, a veces, sufro cuando en un lugar solo tienen ese método de pago. A veces mis hijos me dan algunos dólares, pero también es complicado”, relata.
La incertidumbre también agobia a los vendedores informales, usuarios del transporte público y conductores, quienes creen que a partir del 1.º de octubre se verá el impacto real de esta medida. Desde ya los transportistas vaticinan un desastre. Actualmente, un pasaje de bus en Caracas cuesta entre 500.000 y 1’000.000 de bolívares soberanos, al suprimir los seis ceros estimados en la reconversión, el costo quedaría en 0,50 y un bolívar digital, pero con una inflación diaria que se ubica en 0,6 por ciento, según el economista Ángel Alvarado, el poder adquisitivo es cada día menor y para cuando entre a regir la medida, el pasaje de bus costará el doble.
Al día de hoy, una familia de cuatro integrantes necesita 78’562.500 bolívares semanales (US$ 19,69) para cubrir la carga calórica de supervivencia, que equivale a 60 por ciento de las necesidades alimenticias. Esta carga está compuesta por alimentos como harina, aceite, arroz y algunos enlatados, cuyo precios también se verían impactados.

Cuatro años

Al cierre de 2020, el BCV informó que la nación acumulaba una inflación de 2.959,8 por ciento, luego de meses sin dar cifras oficiales. Este número sorprendió a la opinión pública, pues significó que desde el Estado se reconocía la crisis económica que golpea cada vez más a la gente de a pie.
Aunque aún elevado, el registro estaba por debajo del anunciado por el Observatorio Venezolano de Finanzas (OVF), un organismo independiente integrado por profesores de economía. Los cálculos del ente registraron una cifra de 3.713 por ciento, número que no fue más alto por la incidencia de la pandemia.
Lo que sorprende en el caso venezolano son los años que lleva la hiperinflación azotando a todos por igual. Argentina, Zimbabue, Alemania, Grecia y otros países europeos han sido ejemplos previos de este fenómeno.
En el caso de los Estados del Viejo Continente, la Primera y Segunda Guerra Mundial fueron parte del detonante, pero en Venezuela, el responsable del problema no fue un acontecimiento histórico de ese calibre, sino el gasto fiscal, la impresión de billetes sin respaldo y la falta de políticas coordinadas.

Foto:Mauricio Moreno. EL TIEMPO

Así, la nación suma 44 meses de hiperinflación igualando a Grecia y convirtiéndose en el segundo país con mayor tiempo en ese proceso, “cosa que no es de orgullo, pero sí un indicador de gravedad”, advierte el economista Aarón Olmos.
Olmos explicó que lo que pasa en Venezuela es incomparable, por ejemplo, con Argentina o Brasil porque en ninguno de estos países se llegó a un nivel tan elevado de “descalabro” económico. “Brasil reconvirtió siete veces y Argentina tuvo hasta un ‘corralito’, pero lo que pasa en Venezuela es algo que no tiene parangón porque es una política para destruir un aparato productivo a fin de someter a todos a la dependencia de dádivas”, afirmó.

El punto de partida

El profesor de economía venezolano José Guerra, quien se encuentra en el exilio, recuerda que el nacimiento de esta crisis se dio en 2015, pero fue solo hasta 2017 cuando hizo explosión “a partir del deterioro de la industria petrolera y las restricciones de financiamiento”, lo que obligó al fisco a recurrir al BCV para financiarse. “Lo que vemos ahora es que la hiperinflación se ha prolongado a niveles récord porque el Gobierno no cuenta con fuentes de financiamiento, todo lo que hace es emitir dinero sin respaldo por parte del BCV”, explica.
A esto se suma que la nación lleva más de siete años con una caída de producto interno bruto (PIB), una distorsión monetaria y altos niveles de pobreza. El 96,3 por ciento de los hogares venezolanos son pobres desde el punto de vista de ingresos, según la última Encuesta de Condiciones de Vida de la Universidad Católica Andrés Bello.

Un nuevo sistema monetario para estabilizar y cambiar la vida monetaria y financiera del país de manera radical

Y mientras que la primera de las reconversiones buscó dar una “mayor eficiencia al sistema de pagos en el país”, así como “consolidar la confianza en la moneda nacional”, según dijo el entonces presidente Hugo Chávez, unos objetivos que no se alcanzaron, puesto que “el fuerte” solo duró una década en los bolsillos de los venezolanos. En 2018, Nicolás Maduro anunció que el bolívar soberano iba a suponer “un nuevo sistema monetario para estabilizar y cambiar la vida monetaria y financiera del país de manera radical”.
Esos objetivos se vieron todavía más alejados de la realidad: la hiperinflación no ha cesado, la capacidad adquisitiva del país ha sido arrasada y el soberano ha sido testigo de cómo, bajo su imperio, comenzaba un éxodo de venezolanos en busca de un futuro mejor fuera de su país.
Durante la era chavista también aumentó el gasto público con la entrega de bolsas de comida a través del programa denominado Comité Local de Abastecimiento y Producción (Clap), que efectúa transferencias directas de dinero a quienes cuenten con el carné de la patria, y el incremento de la nómina de empleados públicos.
El proceso de inflación pasó a convertirse en hiperinflación al acumular en tres años más de 300 por ciento en la variación continuada de precios y por la emisión sin control de dinero inorgánico.
En todo este tiempo, el bolívar no hizo más que perder su valor. Los economistas recuerdan que, teóricamente, una moneda se respalda en tres activos: oro, divisas y crédito interno, pero para el caso venezolano no es así, puesto que el dinero venezolano está respaldado en papeles de Petróleos de Venezuela S. A. (PDVSA), es decir, en títulos de valores que emite la estatal y que el BCV compra. “El activo internacional te da el acceso a los bienes externos, mientras que con un papel de PDVSA no se puede ni hacer una importación”, señala el economista Guerra.

A la expectativa

Según el OVF, en junio de 2021 la inflación fue de 6,4 por ciento. En lo que va del año, se ubica en 333 por ciento, mientras que la economía registró una caída en términos interanuales de 3 por ciento para el segundo trimestre y hubo una caída del sector financiero de 55,2 por ciento. Eso, sumado a que el sector petrolero se ha reducido en más del 77 por ciento entre 2013 y 2021. La industria petrolera, principal sostén de la economía nacional, sigue en picada y ubica su producción en 445.000 barriles por día, según el reporte de abril de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, lo que también debilita la fuente de ingresos del país.

Venezuela sí puede producir a pesar del bloqueo criminal. Se le asfixió 99 por ciento de sus ingresos. La nueva expresión monetaria permitirá consolidar nuestro sector productivo

Los empresarios y economistas le piden una vez más al Gobierno fortalecer el aparato productivo para incentivar la producción nacional. Las exportaciones han caído en más del 70 por ciento, según los analistas en materia económica, y la producción del campo es cada vez más complicada.
Los expertos insisten en que para que la nueva moneda nazca con éxito es necesario que concluya la hiperinflación. Eso solo se conseguirá si se frena el desajuste fiscal severo que el Gobierno solventa con emisión monetaria. Pero, en la vía contraria, la administración de Nicolás Maduro cree que va por buen camino. “Venezuela sí puede producir a pesar del bloqueo criminal. Se le asfixió 99 por ciento de sus ingresos. La nueva expresión monetaria permitirá consolidar nuestro sector productivo”, dijo esta semana la vicepresidenta Delcy Rodríguez, al informar sobre un decreto presidencial que elimina la exoneración de aranceles a 597 códigos de productos para “impulsar” los productos terminados en una Venezuela que se asfixia en sus propios billetes.

Más noticias internacionales

ANA RODRÍGUEZ BRAZÓN
Corresponsal de EL TIEMPO
Caracas
En Twitter: @anarodriguez_b
Ana Rodríguez Brazón
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