Lo que se vive y sufre en Norte de Santander con el reflujo migratorio

Lo que se vive y sufre en Norte de Santander con el reflujo migratorio

Migración Colombia pide no caer en falsas promesas que ofrece un rápido regreso a Venezuela.

Migración venezolana en Norte de Santander

Migración venezolana en Norte de Santander.

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EL TIEMPO

Por: Diana Ravelo Méndez
14 de junio 2020 , 06:15 p.m.

La migración ha demostrado que tiene memoria, reconoce caminos, recuerda las carreteras por donde pasó y las formas en que se desarrolló el viaje de llegada. Por lo que ahora, tratando de huir de la pandemia, muchos venezolanos han emprendido su recorrido de vuelta hacia el mismo lugar por donde entraron la primera vez: el puente internacional Simón Bolívar. Así narra Víctor Bautista, secretario de Fronteras y Cooperación Internacional de Norte de Santander, el actual reflujo migratorio.

La pandemia hizo cerrar las fronteras, aunque se suponía que nadie podía viajar, eso se quedó en el papel

Desde que la palabra coronavirus se volvió una de las más pronunciadas y paralizantes, es como si para muchos venezolanos todos los caminos llevaran a Norte de Santander, una zona que con los años se ha convertido en un corredor de entrada y salida estratégico para millones de personas.

Para Bautista, comprender este departamento es fundamental, pues ya son años sin que sus habitantes sepan lo que es un día sin escuchar de comités de crisis o puestos de mando unificado. La inestabilidad se ha implantado en la mente de la gente, y la angustia que genera ver a miles saliendo con niños al hombro, manos vacías o media vida en una maleta jamás será algo que se pueda procesar fácilmente, sino que alimenta la impotencia y la necesidad de ayudar.

(Lea también: Regresar a su país, el nuevo drama de los venezolanos)

En consecuencia, en tiempos de covid-19, a Norte de Santander se le ha sumado una mezcolanza de problemáticas adicionales a las que ya existían: por un lado está la presencia de caminantes, como se les dice a aquellos que decidieron emprender su camino de vuelta a pie; también la eterna espera de quienes han vivido por años en la frontera y ahora están esperando autorización para devolverse, y, además, quienes arribaron en buses, ya sea de manera regular o en transportes ilegales, buscando un cupo de tránsito hacia su nación.

“La pandemia hizo cerrar las fronteras, aunque se suponía que nadie podía viajar, eso se quedó en el papel. Se nos dijo que era un proceso excepcional, pero de excepción en excepción ya vamos en 60.000 personas que han llegado a estas regiones”, atestigua Bautista, no sin antes agradecer al Gobierno sus grandes esfuerzos por tratar de contener las salidas masivas en medio de una situación que difícilmente se puede controlar de un solo lado, pues la movilización depende de las disposiciones dictadas por Nicolás Maduro.

En cifras oficiales entregadas por Juan Francisco Espinosa, director de Migración Colombia, se revela que desde el 14 de marzo de 2020 más de 70.000 venezolanos han retornado en más de 945 buses dispuestos por las autoridades colombianas.

Aunque se ha visto una tendencia de reducción en el flujo migratorio de la mano del proceso de reactivación económica, unas 15.000 personas aún estarían buscando estar de nuevo en su país.

Los motivos del regreso

Durante una intervención humanitaria gestionada por la Secretaría de Fronteras y la gobernación del Norte de Santander, con el apoyo de las agencias de Cooperación Internacional, el Instituto Departamental de Salud y la Ponal Mecuc, se realizaron encuestas aleatorias a 107 cabezas de familia, el equivalente a 400 personas, para tratar de perfilar a las personas que están varadas en la frontera. Con esto se encontró que un alto porcentaje de los migrantes que estaban apostados cerca del puente internacional llegaron caminando o en buses desde Chile, Perú, Ecuador y otro tanto de ciudades colombianas.

Al preguntarles por el promedio de días que caminaron para llegar a La Parada, Villa del Rosario, el 30 % dijeron que entre un día y cinco; el 18 %, entre cinco y diez, y un 52 %, entre diez y más de 20 días. Los destinos más mencionados fueron: Táchira (7,5 %), Barinas (7,5 %), Mérida (6,5 %), Miranda-Caracas (17,7 %) y Carabobo (16 %).

Sobre las motivaciones de su travesía, la mayoría afirmó que se encontraba sin trabajo y sin medios de subsistencia, unos expresaron miedo al coronavirus y otros aseguraron que sienten que en Venezuela algo puede estar cambiando o mejorando.

Sin embargo, ante esta última creencia, el director de Migración Colombia ha sido radical al afirmar que “la situación en Venezuela no ha mejorado ni sigue igual, la situación cada día es peor”. E hizo un llamado a la población venezolana en el país para que no se dejen engañar por mentiras o rumores que están generando desinformación.

(También: Nacer migrante y en tiempos de pandemia)

De hecho, asegura que desde su institución se ha detectado la presencia de personas que están asumiendo conductas que podrían constituir tráfico de migrantes, por lo que se están haciendo las investigaciones para, en coordinación con la Fiscalía y la Policía, hacer las respectivas capturas.

Añade que es importante denunciar este tipo de casos, así como no ser ingenuos ante estafas como el supuesto kit de salud o los transportes ilegales que prometen tener ingreso garantizado. “Permanezcan en donde se encuentran y juntos construyamos una posibilidad de crecimiento profesional y personal en un marco de protección a la salud”, declaró Espinosa en días pasados.

Un embudo migratorio con atasco profundo

Para Víctor Bautista, secretario de Fronteras y Cooperación Internacional de Norte de Santander, es importante entender la magnitud de los riesgos que se están viviendo por lo que él define como un embudo migratorio, término que usa para referirse al filtro que se viene haciendo en el puente internacional Simón Bolívar para regular la capacidad de personas que pasan a Venezuela.

“Si en el pasado nos encontramos entre 800 y 900 personas pasando la noche en parques y era difícil, ahora esto en un entorno de covid-19 multiplica los peligros a los que están expuestos esta población y las personas de la zona”, describe Bautista.

Atender las necesidades de estas personas se ha convertido en una dificultad, pues implica unos costos que no estaban contemplados en los presupuestos de los planes de desarrollo de la alcaldía de Villa del Rosario ni de Norte de Santander.

La situación en Venezuela no ha mejorado ni sigue igual, la situación cada día es peor

Cuando la crisis sanitaria por el virus obligó a limitar los desplazamientos en el país, Migración Colombia trabajó para habilitar corredores humanitarios en Norte Santander, La Guajira y Arauca, garantizando a los venezolanos su derecho de volver a su tierra natal. Fruto de eso fue la resolución 1265 de 2020, expedida el 28 de mayo, en la que se establecieron las acciones institucionales para dicho proceso a través de un protocolo que consta de cinco etapas:

1. Expresar a las autoridades del municipio en el que se encuentren el deseo del retorno voluntario.

2. Permitir a las secretarías de Salud departamentales o municipales realizar una valoración para determinar que no presenten síntomas de contagio.

3. Articular con Migración Colombia la verificación de la nacionalidad a través de la Dirección Regional que corresponda, que es la encargada de definir la fecha y hora posible de viaje de acuerdo con su capacidad diaria.

4. Entrega de listado de pasajeros, placa del vehículo y nombre del conductor a Migración Colombia, entidad que internamente, a través de su subdirector de Verificación, coordina con la Policía de Carreteras la autorización.

5. La entrega de un reporte con el listado de pasajeros por parte de la empresa transportadora.

Sin embargo, con el paso de los días, desde el país vecino se empezaron a restringir los ingresos y el contexto cambió. Lo primero que se limitó fue la salida por Arauca, donde el paso de personas solo puede realizarse los días lunes, miércoles y viernes. Posteriormente, también se disminuyó el cupo por el puente Simón Bolívar. De tal manera, aunque Migración Colombia planeaba unos flujos de 700 personas al día, desde el pasado 6 de junio se conoció la decisión de restringir las salidas a lunes, miércoles y viernes y solo para aproximadamente 300 personas en cada uno de esos días.

(De su interés: La odisea de los venezolanos que decidieron devolverse)

La decisión obligó a efectuar cambios en los procesos que ya estaba manejando el Gobierno Nacional y desencadenó la necesidad de acortar la posibilidad de que los migrantes siguieran siendo trasladados en buses para no aumentar la carga de las zonas fronterizas.

“Respetamos profundamente el derecho a migrar, de retornar a su país, pero siempre hemos exigido coordinación, respeto, organización y protección tanto para los migrantes como para los colombianos en esas ciudades de tránsito y frontera”, declaró Espinosa.

El panorama ahora es incierto. Si bien se sigue trabajando en darles prioridad a las personas que se encuentran en zona de frontera, se está dando una salida gradual y controlada en una cantidad bastante inferior a lo que inicialmente se tenía contemplado.

Hacemos un llamado a que, en la medida en que no tengan la necesidad de regresar, no lo hagan. Las decisiones de Venezuela de restringir el ingreso de esta forma significan una afectación superior al 80 % de la movilidad de venezolanos hacia su país”, añadió el directivo.

Por lo pronto, la restricción de la movilidad de buses y una estrategia de desahogo en los puntos de frontera para priorizar a quienes se encuentran en estas zonas son las dos medidas anunciadas por Migración Colombia para enfrentar esta problemática mientras se intenta lograr un fortalecimiento de la atención en salud y alimentación por parte de cooperación internacional.

DIANA MILENA RAVELO
diarav@eltiempo.com
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