Así fue el día de elecciones en Caracas

Así fue el día de elecciones en Caracas

La abstención se notó en calles. Chavistas y maduristas lo niegan y cuestionan a la oposición.

Votación en Caracas

Varios puestos de votación se vieron desolados en la jornada dominical.

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Ginna Morelo / EL TIEMPO

20 de mayo 2018 , 06:46 p.m.

En las afueras de las panaderías en Caracas había más personas que sufragantes en los puestos de votación. Esa fue la realidad de una jornada electoral atípica, para elegir presidente de Venezuela, que tuvo como protagonista a un pueblo ausente, cansado e incrédulo.

En las calles reinó la soledad y el silencio. Entre las basuras regadas en todos los rincones de la ciudad, algunos habitantes hurgaban buscando comida. Algo que niega el Gobierno. Ellos estaban ahí, no en los puestos de votación.

En Venezuela hay 20 millones de personas aptas para votar. En 2013 cuando resultó elegido Nicolás Maduro, votaron en total 14 millones.

Votar en Venezuela es un acto de fe y también de fiesta, eso me lo enseñó mi familia”, dijo Jusneillyn Graterol, pero la realidad vivida durante la elección extemporánea de presidente fue otra. En Caracas hay miles de seguidores del gobierno actual, pero también es cierto que hay una ola creciente de detractores, producto del hambre que se nota en las caras y tallas de los caraqueños.

Jusneillyn tiene 18 años y votó por primera vez en su vida. “El voto es secreto, pero voté por un candidato que no es Maduro”. La frase le salió herida. La chica estaba en las afueras de El Helicoide, centro de detención del servicio de inteligencia de Venezuela, en el que están recluidos un centenar de presos políticos. Nadie sabe exactamente cuántos porque en Venezuela no se conocen cifras oficiales de nada.

Votación en Caracas

En la jornada, algunos habitantes de Caracas tuvieron un día habitual. Trataron de buscar el sustento.

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Ginna Morelo / EL TIEMPO

Yonaiker, Graterol, hermano de Jusneillyn, fue apresado el viernes por la noche. No tenía antecedentes y todavía la familia no conoce de qué se le acusa. El joven de 20 años trabaja en un despacho de educación y su hermana en el Banco de Venezuela. Laboran con el estado, el mismo que ellos sienten que los golpea.

Dennis Azúa, de 39 años, está sentado en las afueras del colegio Agustín Aveledo, en el populoso sector Petare, en compañía de su pequeña hija. Sostiene en sus manos una bolsa con algo de carne y arroz.

Yo quiero sacar a este gobierno, pero si la gente no ayuda y no sale a votar, no hacemos nada

“Yo quiero sacar a este gobierno, pero si la gente no ayuda y no sale a votar, no hacemos nada”. Es de los que hicieron caso omiso al llamado de no salir a votar, que cumplió la gran mayoría. Era taxista, hace un mes le robaron el vehículo en frente de su casa y para subsistir trabaja en una fábrica de café.

Hace unos meses varios vehículos fueron hallados en un sector de altísima peligrosidad en Caracas, Cota 905, en Las Chiveras. Hasta el sitio, bandas delincuenciales que pululan en Caracas llevan a los secuestrados para cobrar extorsiones.

El domingo era posible llegar hasta lo más alto de Cota 905, porque el despliegue de policía, militares, guardia y cooperantes en los barrios de la capital venezolana era apabullante. En motocicletas de alto cilindraje se paseaban por todas las calles exhibiendo fusiles sin seguros.

Votación en Caracas

Grupos de chavistas y maduristas se reportaron en las mesas de votación.

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Ginna Morelo / EL TIEMPO

La inseguridad es una realidad creciente y reinante. Somos una ciudad de miedo, sin derechos y sin ley”, menciona Pedro Ezequiel López, jurista de la Federación Interamericana de Abogados, capítulo Venezuela, que intenta defender a varios de los presos que están en El Helicoide, y de quienes se sabe poco desde el pasado miércoles cuando dentro del penal se oyeron disparos y hubo riñas. Cuando se le pregunta si votó, hace una mueca en el rostro y dice “¿Para qué? Eso es una farsa, una mentira. Una más de unos hombres que llegaron al Gobierno para hacernos daño y mantenernos llenos de miedo”.

Ese miedo y resignación se veía en las caras de los electores que salían de los puestos de votación en Catia, un amplio y populoso sector de Caracas. Una vez votaban, caminaban no menos de 50 metros hasta una improvisada mesa llamada “punto rojo”, en donde una mujer con un teléfono le pedía a cada sufragante el carné de la patria para validar electrónicamente el código.

Luego el votante debía inscribirse en una lista y además proporcionar su número de teléfono. Al final, recibía un pan. Preguntar para qué les piden el teléfono, es ganarse un problema, pero lo que se cuenta es que lo hacen para llamarlos si las elecciones no salen a favor del movimiento bolivariano.

En Catia votó Nicolás Maduro mucho antes de que se abrieran las urnas a las 8 de la mañana. Lo hizo bajo el más absoluto sigilo en el Liceo Miguel Antonio Caro. Varios medios cuestionaron el hecho de que por primera vez no haya hecho su tradicional discurso.

Pese a que Caracas no es la misma ya que en sus rincones se exhibe suciedad y desaliento, no hay medicamentos, no hay dinero en efectivo, las estanterías de los supermercados en las secciones de carnes están vacías y en conjuntos residenciales como El Paraíso, más conocido como “los verdes”, donde viven cientos de opositores, quedan las huellas de los allanamientos violentos perpetrados por la fuerza pública el 13 de junio del año pasado, hay venezolanos que niegan de tajo lo hechos y aseguran que el país está mejorando.

Darío Mujica, de 78 años; Manuel Arveláez, de 45 y Adriana Lira, de 50 sufragaron en el puesto de votación de la institución educativa Andrés Bello, una de las más emblemáticas de la capital.

“El proceso electoral fue excelente. Aquí votó el chavismo. La oposición creo que no votó, no le interesa Venezuela ni el futuro de nuestra patria”, dice Darío. Adriana Lira agrega: “Lo veo bien (el futuro de Venezuela). Los cambios son importantes y todavía no hemos madurado en eso. Mucha gente no lo percibe porque se queja, porque no está acostumbrada a los cambios y quería seguir viviendo en la Venezuela que vivíamos antes, ahora no. Vamos avanzando con tropiezos y sufrimientos, pero los cambios son buenos”.

Su voz es apagada por un grupo de niños que hacen parte del “Batallón recreativo La Candelaria”, grupos de muchachos que son apoyados por el gobierno para realizar sus actividades culturales en los barrios. Este domingo varios de ellos estuvieron en algunos puestos de votación, haciendo ruido y alentando a la gente a votar. Pero las exiguas filas lo decían todo.

En contraste con unos muchachos llenos de alegría, de chavistas y maduristas que enfrentaban a quienes se mostraban decididos a no votar y les gritaban que si no estaban conformes que se fueran como se han ido miles, en la migración contemporánea más grande de América Latina en estos tiempos; en las calles de Caracas abundan los grafitis y las pancartas que critican a Maduro. Todos ellos viven en un territorio polarizado por el gobierno autor de la hiperinflación.

GINNA MORELO
El Tiempo

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