La preocupante situación de los menores venezolanos en Colombia
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La preocupante situación de los menores venezolanos en Colombia

A septiembre de 2018, el ICBF atendió a más de 55.000 niños, niñas y adolescentes en todo el país.

Acnur - Niñez venezolana

En Arauca, Acnur trabaja en metodologías pedagógicas junto a niños, niñas y adolescentes refugiados.

Foto:

@Acnur / Johanna Reina.

Por: Somos Panas Colombia*
06 de noviembre 2018 , 01:50 p.m.

Con un par de hojas de papel y lápices de colores, las niñas y los niños migrantes y refugiados venezolanos que han llegado al asentamiento improvisado ubicado a unas cuadras de la terminal de Transportes del Salitre de Bogotá, se distraen de la realidad que les rodea mientras sus padres salen en busca de dinero a través de la venta de dulces, que es la fuente de ingresos más común.

Migración Colombia señala que, a corte del 30 de agosto de 2018, un total de 935.593 migrantes y refugiados venezolanos han atravesado la frontera colombo – venezolana, de los cuales 156.575 son menores de 17 años.

Según María Mercedes Liévano, subdirectora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), la situación de los niños, niñas y adolescentes venezolanos que han llegado a Colombia es crítica.

“Estamos hablando de niños y niñas que llegan en condiciones muy complejas de vulnerabilidad y pobreza, lo que los convierte en sujetos de riesgo ante problemáticas que los puedan afectar. Estamos hablando de que se pueden presentar casos de violencia intrafamiliar, explotación sexual, trabajo infantil, reclutamiento, vinculación, situación de calle y mendicidad, riesgo de abuso sexual, entre otras”, señala la subdirectora.

Actualmente el ICBF está atendiendo más de 55.000 menores de edad venezolanos en todo el territorio nacional, dentro de los cuales 49.258 son niños y niñas menores de cinco años. Sumado a esto, en rutas de acompañamiento se encuentran 2.477 mujeres gestantes venezolanas. El número de atenciones ha aumentado significativamente pasando de 3.219 casos en 2017 a más de 55.000 en 2018.

Atlántico, Bogotá, Guajira y Norte de Santander son los territorios con mayor índice de atención a niños, niñas y adolescentes migrantes y refugiados del vecino país con un 52,77%.

Para la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Acnur, en estos procesos de flujos migratorios mixtos, los niños, niñas y adolescentes pueden separarse de su familia y de otras redes de apoyo, irrumpiendo su ciclo de educación y sus proyectos de vida.

Los niños y niñas de 9 a 13 años, los más afectados

Emocionalmente, los niños y las niñas venezolanos se han visto afectados por los fuertes e inesperados cambios a los que son sometidos. Muchos padres de familia se ven desorientados a la hora de ayudar a enfrentar el duelo migratorio por el que atraviesa el niño o niña.

Ante esta situación, el Secretariado Nacional de Pastoral Social/ Cáritas Colombiana (SNPS), de la iglesia católica, viene realizando esfuerzos en la respuesta solidaria a la crisis humanitaria por causa de la migración venezolana.

Esta institución lleva más de 50 años activando rutas de atención psicosocial para apoyar a las familias en el duelo migratorio, centrados en el proyecto de vida durante cualquiera de las etapas de la migración: origen, tránsito, destino o retorno.

Según los casos que ha atendido María Camila Calderón, del equipo psicosocial del programa de atención a solicitantes de asilo, refugiados y personas de interés de la Pastoral, no todos los niños viven por igual el proceso migratorio. Para los niños y niñas cuyas edades oscilan entre los 0 y 8 años, el proceso en la etapa de tránsito o de destino es más fácil de asimilar que para los niños de 9 a 15 años.

“Los niños más pequeños afrontan la situación de otra manera, muchas veces la asumen como algo novedoso: una casa nueva, amigos nuevos, ambiente nuevo y lo manifiestan en sus narrativas. Pero los niños más grandes son más callados a la hora de compartir o entablar un diálogo. Comparan las situaciones que viven actualmente con las que dejaron en sus lugares de origen, es decir - yo antes estaba en un colegio más bonito, allá tenía ropa, acá no; allá comía esto, aquí no” -, manifiesta la profesional.

De acuerdo a los procesos de acompañamiento psicosocial, el hermano o la hermana
mayor, o el único niño varón de la familia, empieza a atribuirse responsabilidades y
obligaciones que no son acordes a su edad
, pues él o ella siente que
es un deber sacar a su familia adelante.

Estas situaciones pueden generar en los niños y niñas de 9 a 15 años síntomas de ansiedad o tristeza, que al ser persistentes incrementan su vulnerabilidad. Incluso, puede llevarlos a buscar refugio en otros ambientes poco seguros donde les venden una falsa ‘comodidad’: lugares de consumo de sustancias psicoactivas, o redes de crimen organizado para la mendicidad, explotación sexual y riesgo de habitabilidad en calle.

“El acompañamiento psicosocial que ofrece el SNPS parte de una evaluación de necesidades y de capacidades. Brindamos herramientas de apoyo a los padres de familia y adultos que contribuyen a la corresponsabilidad del cuidado y protección de los menores de edad, animamos la formación de redes de apoyo y recursos de afrontamiento para entender el sufrimiento emocional de los niños en la migración forzada y así minimizar posibles riesgos. Esta estrategia se complementa con la respuesta jurídica frente a los vacíos de protección que se evidencian”, asegura Calderón.

La red de apoyo interinstitucional y de personas cercanas consiste en dinamizar grupos de atención y de solidaridad que se comprometan en la corresponsabilidad del interés superior y la prevalencia de derechos de los niños y su bienestar.

En cuanto a los recursos de afrontamiento, la mejor manera de distraer al menor para
ayudar a enfrentar su duelo migratorio es a través de un pasatiempo que le ayude a
gestionar su tiempo de manera creativa.

Otro aspecto fundamental es el relacionado con la comunicación constante con los
familiares que se encuentran lejos
. Esto fortalece el vínculo familiar y los hace sentir
importantes para el resto de la familia.

Para los niños y niñas cuyas edades oscilan entre los 0 y 8 años, el proceso en la etapa de tránsito o de destino es más fácil de asimilar que para los niños de 9 a 15 años

¿A qué tiene derecho un niño o una niña migrante o refugiado en cualquier país?

Los niños, las niñas y adolescentes migrantes y refugiados venezolanos tienen los mismos derechos que toda la población infantil en el mundo. El Derecho Internacional consagra los derechos del niño e incluye la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del niño.

Los Estados deben asegurar el goce efectivo de los derechos para estos niños, así como su efectiva aplicación sin distinción de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de otra índole, el origen nacional, étnico o social, la posición económica, los impedimentos físicos, el nacimiento o cualquier otra condición del niño, de sus padres o de sus representantes legales (Artículo 2, Convención de la ONU sobre los Derechos del Niño, 1990).

“La educación, por ejemplo, es un derecho humano básico y está consagrado en la Convención sobre los Derechos del Niño y la Convención de 1951. La Declaración de Nueva York sobre Refugiados y Migrantes señala la educación como un elemento clave en la respuesta a los refugiados y es por esto que el Acnur trabaja junto al Gobierno colombiano y otras organizaciones internacionales para garantizar el acceso a una educación de calidad para niños y jóvenes refugiados”, señala Johanna Reina, Oficial de Protección con base comunitaria de Acnur.

La educación en Bogotá

Actualmente la Secretaría Distrital de Bogotá ha registrado 3.808 matrículas de estudiantes venezolanos, todos distribuidos en diferentes colegios públicos de la capital.

“El mandato distrital es claro: las niñas, niños y jóvenes son lo primero en Bogotá. Sin importar su procedencia, su estrato o sus diferencias culturales, sociales o físicas. Por eso, la Secretaría de Educación garantiza el acceso a la educación pública a los migrantes y refugiados venezolanos con las mismas condiciones de bienestar, calidad y seguridad que reciben los estudiantes bogotanos, incluida la alimentación escolar”, asevera la Secretaria distrital de educación, Claudia Puentes.

Así mismo, desde el mes de marzo de 2018, la Secretaría ha venido adelantando un plan de sensibilización en cada una de las instituciones educativas con el fin de prevenir la xenofobia en ambientes administrativos, sociales y culturales a los que pueden estar expuestos los niños, las niñas y los adolescentes migrantes y refugiados venezolanos.

La búsqueda “casa a casa”, es otra iniciativa que hace parte activa de este plan de sensibilización cuyo objetivo es el de identificar población desescolarizada.

Retos y políticas públicas de protección

Aunque Agencias del Sistema de Naciones Unidas como Unicef, OIM, Acnur e instituciones nacionales como el ICBF y el SNPS han creado y fortalecido entornos protectores para la niñez en diferentes puntos de llegada de población venezolana como Rumichaca, Maicao, Riohacha, Cúcuta y Bogotá, entre otros, aún queda mucho por hacer para garantizar una adecuada protección a los niños y niñas migrantes y refugiados venezolanos.

“En la coyuntura actual, Acnur trabaja para asegurar el acceso a documentación legal para niños y niñas, así como a procedimientos de registro de nacimientos para prevenir la apatridia. De la mano del Estado Colombiano, y del ICBF, Acnur se ha comprometido a fortalecer los sistemas y servicios nacionales de protección y abogar para que todos los niños refugiados, sin discriminación, tengan acceso a ellos”, manifiesta Johanna Reina.

Por su parte, el ICBF está elaborando un documento Conpes con el fin de organizar la oferta institucional que se tiene que dar en torno a las necesidades de la población venezolana.

“Estamos en el plan de identificar más rápidamente las necesidades de ellos. Poder seguir articulándonos para poder agilizar la ruta de acción. En la Guajira se tiene previsto la apertura de un internado que tendrá capacidad para 50 niños y niñas. Será un centro donde se reciba a los niños mientras se resuelve su situación.”, asegura María Mercedes Liévano, subdirectora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF).

Para María Mercedes Liévano, la situación migratoria que está viviendo Colombia es una de las más grandes que se ha registrado en América Latina y para la cual el país no estaba preparado. La situación es tan compleja y tan grande que está desbordando la capacidad de ayuda. En este contexto, centrar la atención en las necesidades específicas de los niños, niñas y adolescentes y cómo garantizar la protección es uno de los desafíos mayores.

*Este texto es de Somos Panas Colombia, una campaña de Acnur

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