Estado Zulia, con 30 grados y apagones de nueve horas por día

Estado Zulia, con 30 grados y apagones de nueve horas por día

Productividad de la región de Venezuela cayó 70 %. Gobierno dice que todo es producto del ‘saboteo’.

Venezuela

La crisis energética en el estado Zulia se ha ido agravando con el paso de los meses y las protestas se han multiplicado. Esa es una de las regiones más calurosas del país.

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Efe

20 de julio 2018 , 10:29 p.m.

Solían bromear los zulianos con que la capital de su región, Maracaibo, era “la ciudad más fría de Venezuela”, a pesar de sus inclementes y permanentes 30 °C, “porque todos los aires acondicionados están prendidos”.

Pero ya no hay gracia detrás del chiste porque, desde el comienzo del 2018, la que fue la región petrolera por excelencia, uno de los estados más ricos del país, sufre apagones diarios que entre enero y febrero duraban dos o cuatro horas, pero desde hace, al menos, dos meses superan las ocho horas y con frecuencia, incluso, la barrera de las 24 y 36 horas.

El presagio del colapso ocurrió en la Navidad del año pasado, cuando el 24 de diciembre se fue la luz a la nueve de la noche y volvió en algunos sectores 10 horas después y en otros, el 26 de diciembre.

Ya veníamos sufriendo bajones de electricidad, apagones cortos, y la gente decía ‘ahí viene el lobo, el gran apagón’, pero la Navidad a oscuras lo dijo todo, que este año iba a ser el padecimiento”, cuenta a EL TIEMPO vía telefónica Aída Perozo, una repostera que vive en el sector Zarapa II de Maracaibo.

No obstante los anuncios hechos por la Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec), las interrupciones del servicio no ocurren de forma programada, no siguen un cronograma ni tienen un tiempo determinado de ocurrencia. La electricidad simplemente se va, y con ella suelen dejar de funcionar las bombas de agua y, según la zona, las repetidoras de los servicios de telefonía fija y celular. Así, de pronto, los zulianos se quedan sin luz, agua ni teléfono varias veces al día.

El promedio diario de interrupción del servicio es hoy de 9 a 10 horas, que suelen repartirse entre 4 o 5 horas durante el día y otras tantas en la noche, pero de una forma tan irregular que no permite planificación.

La rutina del zuliano ha cambiado drásticamente, con horarios reducidos en escuelas –ahora, comenzando en época de vacaciones, los niños están en casa–y oficinas, además de comercios cerrados prácticamente todo el día y el sueño en sobresalto cuando el apagón es nocturno y el clima hace de las suyas. “Ha sido extenuante”, cuenta también Diana Vergara, una joven maracucha instructora de yoga.

“Es mentira que estén regulados los cortes; anoche, la luz iba y venía por lo menos 15 veces. Es muy fuerte porque esta ciudad es caliente; mucha gente no puede dormir, la gente mayor, los niños”.

Entre los bajones de voltaje y luego los “subidones”, la gente ha visto perder sus enseres eléctricos, a pesar de protegerlos con reguladores de voltaje. “A mí se me dañó el aire acondicionado del cuarto, ya ni prendo los demás por temor a que también se me quemen”, dice la señora Padrón.

La productividad en la región ha caído hasta 70 por ciento, según cifras de la principal federación de empresas de Venezuela, Fedecámaras, en las que se incluye la inactividad de los comercios públicos, que a cada apagón deben cerrar sus puertas porque no funcionan los puntos electrónicos de venta.

Ya veníamos sufriendo bajones de electricidad, apagones cortos, y la gente decía ‘ahí viene el lobo, el gran apagón’, pero la Navidad a oscuras lo dijo todo, que este año iba a ser el padecimiento.

El colapso del servicio afecta sin distingo de área u ocupación, pegando con fuerza en los hospitales, donde la prensa local ha reportado al menos siete muertes producto directamente de apagones que han detenido respiradores y dejado completamente a oscuras los quirófanos en plena cirugía.

Colapso anunciado y justificación

El gobierno venezolano, responsable y administrador del servicio eléctrico, abunda en explicaciones sobre las causas del deterioro del servicio, entre las que destaca la ofrecida por el secretario de la gobernación del Zulia, Lisandro Cabello, quien desató su creatividad al explicar los apagones. “Es un fenómeno equinoccio –dijo–; es que estamos muy cerca del sol y cuando hay frío en el mundo, aquí hay calor (…) Si el tema climático mejora, inmediatamente va mejor”.

En realidad, oficialmente, el gobierno comenzó por desconocer la situación y luego, tras la incidencia constante de apagones, el ministro de Energía Eléctrica, general Luis Motta Domínguez, se decantó por la justificación más revolucionaria: el saboteo de “factores desestabilizadores” al tendido e instalaciones eléctricas que surten la zona; por cierto, la más lejana al complejo hidroeléctrico Guri, que produce el 60 por ciento de la electricidad que se consume en Venezuela.

Según el ministro, 11 subestaciones eléctricas han sido saboteadas, lo que ha afectado la generación de 600 megavatios de los 1.900 diarios que consume la región.

Superada la ciencia ficción, lo cierto es que se trata de un colapso de las instalaciones y tendidos eléctricos advertido hasta la saciedad por el Colegio de Ingenieros de Venezuela, que en 2015 hizo el más claro diagnóstico: nueve termoeléctricas del país entonces no funcionaban correctamente, de las cuales tres que surten al Zulia (Termozulia, Rafael Urdaneta y Ramón Laguna) funcionaban incorrectamente y por debajo de su capacidad y otras dos que también deben surtir la zona (Tamare-Bachaquero) estaban paralizadas.

Las tres primeras, con una capacidad instalada de 2.000 megavatios, solo generan 600, según los ingenieros.

Una última evaluación de expertos entregada a la Asamblea Nacional concluye que entre la falta de mantenimiento e inversión, el Zulia ha perdido prácticamente toda la capacidad de generar energía. “De los 1.900 megavatios que necesita la región, solo se genera 10 por ciento”, informó el diputado Juan Pablo Guanipa.

El resto, según la Comisión de Energía y Petróleo del Parlamento, podría importarse a través del tendido eléctrico, pero este se encuentra en tal estado de corrosión y descuido que no resiste las cargas eléctricas.

Valentina Lares Martiz
Corresponsal de EL TIEMPO
Caracas

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