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Netanyahu no suma mayoría para formar Gobierno en Israel
Benjamin Netanyahu

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, líder del partido Likud, saluda a los partidarios en la sede de la campaña del partido en Jerusalén.

Foto:

AFP / EMMANUEL DUNAND

Netanyahu no suma mayoría para formar Gobierno en Israel

El escenario que parece más factible es la realización de nuevas elecciones.

La Comisión Electoral Central de Israel publicó este jueves 25, casi dos días después de cerradas las urnas, los resultados definitivos de las elecciones parlamentarias, y queda claro que ningún bloque tiene mayoría para poder formar gobierno. En este momento, el escenario que parece más factible es la realización de nuevas elecciones dentro de unos meses. Serían las quintas en aproximadamente dos años y medio.

Pero claro está que es prematuro anunciarlas este jueves.

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Hay distintos escenarios con los que cada una de las partes podría intentar maniobrar, pero todos requieren retractarse en algo de promesas dadas en la campaña electoral y de posturas ideológicas declaradas repetidamente. Si estos cambios no se dan en alguno de los bloques- en términos de con quién cada uno acepta a sentarse en la coalición- la única opción será ir nuevamente a las urnas.

Estos son los números, el mapa político trazado por los votantes, formando el 24° Parlamento de Israel (Kneset), con sus 120 escaños, en el que ningún lado obtuvo 61 , o sea la mitad más 1:

-El bloque pro Netanyahu obtuvo 52 escaños.
-El bloque del cambio opuesto a él obtuvo 57.

Los 11 escaños que faltan se dividen entre dos partidos que en estos momentos pueden cambiar todo, cada uno con sus particularidades: Yemina de Naftali Bennet recibió 7 y Raam del Dr. Mansur Abbas, 4.

Por un lado, Yemina es ideológicamente parte del bloque de derecha. Su jefe fue ministro de Educación y de Defensa en gobiernos de Netanyahu. Pero criticó duramente al Primer Ministro y fue a estas elecciones como candidato a sustituirlo, aunque durante toda la campaña procuró no proclamar-a diferencia de otros-que no sería parte en un nuevo gobierno de Netanyahu.

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Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel

Benjamin Netanyahu, líder del partido Likud.

Foto:

MENAHEM KAHANA / AFP

Del otro lado está Raam de Mansur Abbas, un partido árabe islamista, que era hasta hace dos meses parte de la Lista Conjunta mayormente árabe, aunque también tiene votantes judíos. En su partido anterior, a nadie se le habría ocurrido siquiera no colocarlo automáticamente del lado opositor.

Pero precisamente el trasfondo de su escisión fue un intento de desarrollar un nuevo tipo de diálogo que conduzca a una participación política activa de los árabes más allá del hecho que votan como todos y pueden ser electos al parlamento israelí. Mansur Abbas dejó muy en claro que irá con quien le de el mayor beneficio a su público, los ciudadanos árabes israelíes. Y eso significaba, por primera vez, dejar abierta la puerta a la posibilidad de sumarse al gobierno o al menos de apoyarlo sin ser parte de la coalición.

Si estos dos partidos -Yemina y Raam- deciden apoyar a Netanyahu, tendría por supuesto la mayoría necesaria para formar gobierno.Pero es difícil concebir ese paquete armado sin nuevas grietas, ya que Raam y uno de los partidos que apoya a Netanyahu, el Sionismo Religioso, ya han aclarado que no aceptan sentarse juntos.
Los problemas del otro lado del mapa político israelí son más complejos aún. El bloque “pro Bibi” es mucho más homogéneo que el opositor, conocido ahora como “bloque de cambio”.

No es casualidad que no se esté hablando de “derecha” e “izquierda” sino de bloque pro o anti Netanyahu. Y para este último, el término “bloque de cambio” es muy apropiado. En ese bloque hay dos partidos claramente de posturas de derecha en lo relacionado por ejemplo al conflicto con los palestinos, está la izquierda sionista de Meretz, el centro izquierda laborista , 1 partido árabe y dos partidos de centro que son los más grandes del bloque. Es un mosaico demasiado complejo como para que se convierta en gobierno por más que los una a todos sus miembros la oposición a Netanyahu.

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Y este es otro punto que vale la pena dejar en claro para entender a fondo la constelación política actual, que dicho sea de paso, no comenzó ahora.

Por más que el partido Likud sea el más grande del país (con 30 escaños, 13 más que el que le sigue, el opositor Yesh Atid de Yair Lapid), por más que Netanyahu sea indiscutiblemente mucho más popular que todos los demás líderes políticos de hoy, los números dejan en claro que la mayor parte de la ciudadanía votó para que él ya no sea el Primer Ministro: 64 de 120 escaños (el bloque del cambio y Yemina, que por más que ideológicamente está del lado de Netanyahu, basó su campaña en la necesidad de que se vaya y Bennett venga en su lugar).

Por otro lado, se confirma que la mayoría de la ciudadanía israelí tiene posturas de derecha en cuando al conflicto con los palestinos y las relaciones con los árabes: 65 de 120 escaños fueron-cruzando las fronteras del campo pro o anti Netanyahy- a partidos de derecha, con sus distintos matices. Al mismo tiempo, está claro que no es cierto que la izquierda ha desaparecido. Los sondeos vaticinaban la posibilidad que tanto el partido laborista como la izquierda sionista de Meretz, no entren siquiera al Parlamento. No fue así. Ambos entraron, superando las expectativas.

Los próximos días serán sumamente interesantes. Comienzan los contactos entre los distintos actores del escenario político actual. Quizás sea el comienzo de nuevos pactos antes inconcebibles. Si estos no arrojan frutos, Israel irá indefectiblemente de nuevo a votar en unos meses.

JANA BERIS
PARA EL TIEMPO
JERUSALÉN

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