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La historia del último sah de Irán, 40 años después de su reinado
La historia del último sah de Irán, 40 años después de su reinado

Venerado y luego condenado por los suyos, Mohammad Reza Pahlavi fue obligado a exiliarse en 1979. En la foto, Mohammad Reza Pahlavi y su tercera esposa Farah Diba.

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AFP

La historia del último sah de Irán, 40 años después de su reinado

El 16 de enero de 1979 Mohamed Reza Pahlevi huía de Irán luego de protestas contra su régimen.

Durante los meses que precedieron a la huida del último sah de Irán y al derrumbe de 25 siglos de monarquía, el comerciante Ahmad Sheij Mehdi fue testigo del fervor popular que condujo a su país hacia la Revolución Islámica. Hace cuarenta años, el 16 de enero de 1979, el sah Mohamed Reza Pahlevi, que se autoproclamó emperador, huía de Irán después de meses de manifestaciones masivas contra su régimen. 

Su partida permitió el regreso triunfal desde Francia, el 1 de febrero, del ayatolá Ruholá Jomeini y la victoria de la Revolución Islámica. "Todo el mundo se vio transformado por la revolución. Sentíamos esperanza", confiesa Sheij Mehdi, que en aquella época trabajaba como asistente de un comerciante del Gran Bazar de Teherán.

El bazar era uno de los centros de apoyo a la revolución, un bastión tradicionalista muy cercano del clero que se oponía a lo que los religiosos describían como la secularización y la occidentalización predicadas por el sah.

Sheij Mehdi guarda un recuerdo muy vivo de esta época. Recuerda en particular los cantos repetitivos de un derviche -adepto de una vía mística del islam- que recorría los pasillos del bazar, los meses precedentes a la huida del sah.

"Nada irá bien mientras que nosotros no estemos bien. Pronto, todo cambiará", recita aún hoy Sheij Mehdi, de 76 años, para quien este canto sonaba como una profecía. "Y todo cambió", añade.

Apasionados

El sah y su mujer huyeron primero a Egipto, en el inicio de un periplo de 18 meses que les llevó principalmente a Estados Unidos y a México, antes de volver a El Cairo, donde Reza Pahlevi murió de cáncer el 27 de julio de 1980, con 60 años.

Su caída comenzó un año antes de abandonar Irán, en enero de 1978 con la publicación en el diario Etelat de un artículo de orden insultante para el ayatolá Jomeini. Estudiantes de teología salieron a las calles para protestar pero las manifestaciones fueron objeto de una sangrienta represión.

Los funerales de las víctimas dieron lugar a una espiral de nuevas protestas y represiones. Los disturbios se acentuaron durante el año 1978. El Gran Bazar cerraba a menudo como señal de apoyo a los manifestantes.

"Un joven venía corriendo al bazar, silbaba y gritaba 'íEstán aquí!', y cerrábamos todos nuestras tiendas para unirnos a las manifestaciones", recuerda Ebrahim Almassi, de 77 años, que todavía regenta una tienda de trajes en el bazar.

Dice extrañar este espíritu revolucionario emocionante, inspirado por el carisma de Jomeini. "La gente era apasionada en esos tiempos", asegura.

Sheij Mehdi recuerda por su parte que compraba huevos para los trabajadores en huelga, uno de los ejemplos de solidaridad que prevalecían entonces. "La gente venía y nos preguntaba si nos faltaba algo y nos daba dinero. Ayudábamos a la gente todo lo que podíamos", rememora.

Corrupción moral

Educado en Suiza, Mohamed Reza Palhevi subió al trono el 16 de septiembre de 1941, con solo 21 años.

El joven rey solo consiguió autoridad real tras un golpe de Estado, orquestado por la agencia de inteligencia estadounidense CIA, que derrocó en 1953 a su popular primer ministro Mhamed Mossadegh, que había iniciado un proyecto de nacionalización del petróleo iraní.

Impulsado por los petrodólares, el Irán del sah se convirtió en uno de los clientes más importantes de la industria de la defensa estadounidense y un escudo contra la influencia soviética. Pero sus reformas inspiradas por Occidente provocaron unos cambios sociales que suscitaron la cólera del clero, mientras que sus esfuerzos por consolidar su poder y su brutal policía secreta le valieron la reputación de tirano.

La oposición al sah y a la corrupción de una parte de la élite de Teherán generaron la creación de una coalición impensable pero poderosa, que reunía a la vez a islamistas radicales enfrentados al quietismo del clero tradicional y a estudiantes de izquierda inspirados por los movimientos anticolonialistas de todo el mundo.

El cuadragésimo aniversario de la caída del sah llega en un contexto difícil para Irán.

El país es presa de una recesión económica agravada por el restablecimiento de las sanciones estadounidenses y una mala gestión. Para Sheij Mehdi, ya es hora de volver a las raíces religiosas de la Revolución. Dice estar inspirado por el imán Alí, yerno del profeta Mahoma y símbolo de la justicia para los musulmanes chiitas mayoritarios en Irán. "Todos necesitamos recordar que la vida es corta y que todos seremos juzgados"

AFP

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