Violencia sexual, el arma de guerra y tortura que atemoriza al mundo

Violencia sexual, el arma de guerra y tortura que atemoriza al mundo

Organismos internacionales coinciden en que lo más difícil es lograr que las víctimas denuncien.

Violencia contra la mujer

El término en sí es utilizado para caracterizar actos sexuales impuestos por la fuerza.

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123rf

Por: ELTIEMPO.COM  - APP
24 de octubre 2018 , 08:53 a.m.

Innumerables son los casos de violaciones contra mujeres, hombres, niños y niñas en contextos de guerra que organismos internacionales han documentado. Países como República Democrática del Congo, Irak, Ruanda y las dos Coreas (antes y durante la Segunda Guerra Mundial), entre muchos otros, han develado con el tiempo los atroces casos en los que el cuerpo se ha convertido en un campo de batalla.

Sin embargo, y pese a los registros que hoy en día se tienen del tema, distintos organismos coinciden en que en el caso de las víctimas de violencia sexual en entornos de conflictos, lo más difícil es lograr que las víctimas denuncien. Esto se produce por la connotación íntima de este delito, lo que hace frecuente que las víctimas y sus familiares prefieran callar a denunciar, lo que a su vez refuerza el dominio del agresor.

En segundo grado se encuentra la violencia sexual como arma de tortura, y en este tema la tarea inconclusa es que el estado garantice la justicia.

Cabe recordar que estas formas del uso de la violencia han acompañado al ser humano por siglos y han hecho parte de los conflictos a lo largo de la historia.

Según Amnistía Internacional, "en ocasiones perpetrada como un acto final de humillación al contrario vencido, en otras como venganza por actos similares y a veces como una estrategia de terror impuesta a poblaciones civiles para crear mayor caos en medio de un conflicto".

El término en sí es utilizado para caracterizar actos sexuales impuestos por la fuerza, mediante coerción, abuso de poder o violencia sicológica. Y ello puede afectar a hombres, mujeres, niñas, niños y/o adolescentes.

"Su ejecución forma parte de un contexto de abusos y violencia generalizado, que incluye asesinatos, desapariciones, reclutamiento infantil, saqueos, etc", añade la organización.

En un informe elaborado por el ex Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, se explica que la violencia sexual en los conflictos armados supone: “violación, esclavitud sexual, prostitución forzada, embarazo forzado, aborto forzado, esterilización forzada, matrimonio forzado y todas las demás formas de violencia sexual de gravedad comparable perpetradas contra mujeres, hombres, niñas o niños, que tienen una vinculación directa o indirecta (temporal, geográfica o causal) con un conflicto”.

En el mencionado Informe, citado también por Amnistía Internacional, se establecen algunas de las condiciones que propician este tipo de abusos: contexto de violencia e impunidad, perpetradores afiliados a grupos armados no estatales y víctimas pertenecientes a minorías étnicas o religiosas objeto de persecuciones políticas.

La Cruz Roja Internacional menciona como grupos vulnerables a la población migrante, personas desplazadas, mujeres jefes de hogar, viudas, personas detenidas o asociadas a alguno de los grupos en conflicto.

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En Sudán del Sur, el uso sistemático de la violación, la explotación sexual y el secuestro como armas de guerra, entre otros, posicionan a este país como el tercero menos pacífico del mundo.

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JAMES AKENA

"El abuso sexual y la violación generan terror y humillación, tanto para la víctima, como para la sociedad a la cual pertenecen. Quien abusa o viola está demostrando una forma de poder, no solo sobre el cuerpo, sino también sobre la intimidad del otro, transmitiendo un mensaje muy eficaz a la comunidad de la víctima, reforzando que tiene el control de la situación y de lo más preciado", explicó a ELTIEMPO.COM - APP, Sandra Milena Toro, especialista en Psiquiatría de la Universidad de La Sabana.

Para Toro, existen dos consecuencias directas para una persona que es víctima de la violación en un contexto de guerra: la física y la mental.

"Desde el plano físico las víctimas pueden adquirir enfermedades de transmisión sexual, embarazos no deseados, compromisos de la fertilidad y del sano ejercicio futuro de la sexualidad. En la salud mental, quienes han sufrido abusos pueden presentar diferentes grados de trastornos de ansiedad, como el trastorno de estrés postraumático, trastornos del afecto (como el trastorno depresivo mayor), e incluso la aparición de otras formas más complejas de sintomatología psiquiátrica como los trastornos psicóticos", desglosa Toro.

Sin embargo, las consecuencias no recaen solo sobre el individuo, también se extienden a las comunidades, donde se presentan y se vuelven frecuentes los desplazamientos, la ruptura de vínculos políticos, familiares y de pareja. Además, la especialista de la Universidad de La Sabana agrega que "hay una clara lesión a la memoria colectiva que usualmente prefiere olvidar aquello que fue una afrenta al honor, limitando así la posibilidad de reparación y facilitando la repetición de estos hechos".

Los hijos de Bosnia

Diferentes grupos terroristas como Boko Haram y el autodenominado Estado Islámico (EI) han hecho uso de estas tácticas violentas en los países en los que operan. Pero la realidad no se aleja tanto de América Latina. En México, por ejemplo, Amnistía Internacional ha venido investigando el abuso sexual sufrido por 100 mujeres recluidas en prisiones federales, acusadas de narcotráfico y provenientes de entornos humildes, a quienes se les obligó a “confesar” por medio de torturas y abusos.

En otro frente, países como Bosnia desarrollaron un conflicto armado en virtud del deseo manifestado en las urnas por parte de la población bosnia, de separarse de la antigua Yugoslavia.

"Entre 1992 y 1995 los bosnios y serbiobosnios se enfrentaron en una cruenta guerra, donde la limpieza étnica y la tortura formaban parte del menú", menciona AI.

Para este caso, la Asociación de Mujeres Víctimas de la Guerra señaló que existían 67 campos donde mujeres musulmanas eran retenidas y violadas, con la finalidad de que parieran hijos bosnios. A muchas las dejaban ir cuando tenían ya siete meses de embarazo, para evitar que se practicaran abortos.

Cambio en el derecho Internacional

Así, los testimonios de las mujeres que padecieron la violencia sexual durante la guerra de Yugoslavia, desencadenaron un importante cambio en el derecho internacional. Antes de este hecho, las violaciones eran consideradas por el Derecho Internacional Humanitario, como una “afrenta” al pudor y el honor de las mujeres.

Luego de ello, la comunidad internacional reconoció las violaciones sexuales en el marco de conflictos, como crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y genocidio en 2008.

El Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia, fue el primero en emitir sentencias por crímenes sexuales, incluyendo condenas por “violación como forma de tortura y por esclavitud sexual como crimen de lesa humanidad”.

Violencia Sexual

La Corte Europea de Derechos Humanos ha considerado la violación por parte de un agente del estado, como una “forma especialmente grave” de trato cruel.

Foto:

Reuters

Para la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la violación sexual como acto de tortura ocurre cuando:

1. Es intencional, en el sentido que es deliberadamente infligido en contra de la víctima.

2. Causa severos sufrimientos físicos o mentales que le son inherentes al hecho victimizante;

3. Se comete con un determinado fin o propósito como intimidar, degradar, humillar, castigar o controlar a la persona que la sufre; y

4. Cuando consista en un solo hecho u ocurra fuera de instalaciones estatales.

Por su parte, la Corte Europea de Derechos Humanos ha considerado la violación por parte de un agente del estado, como una “forma especialmente grave” de trato cruel, en virtud de la situación de vulnerabilidad de la víctima y las persistentes consecuencias físicas y psicológicas que produce.

“No realizar investigaciones adecuadas ni llevar a los responsables ante la justicia transmite el peligroso mensaje de que violar a mujeres
o utilizar otras formas de violencia sexual para obtener confesiones es admisible y está permitido en la práctica” Erika Guevara-Rosas, Directora para las Américas de Amnistía Internacional

El Salado

Retorno de familias a El Salado en 2005.

Foto:

EL TIEMPO

Cifras de Colombia

La encuesta Encuesta de Prevalencia de Violencia Sexual contra las Mujeres en el Contexto del Conflicto Armado Colombiano, que fue realizada por 13 organizaciones de mujeres, mixtas, feministas, víctimas y de derechos humanos, en 142 municipios de 29 departamentos del país con presencia de Fuerza Pública, guerrillas, paramilitarismo y bacrim, arrojó que en total, 875.437 mujeres fueron víctimas directas de algún tipo de violencia sexual durante el período 2010-2015.

Esta cifra significa que anualmente, en promedio, lo fueron 145.906, 12.158 cada mes, 400 cada día y 16 cada hora. 

"Nuestro país ha sido escenario de un gran número de casos de violencia sexual en el marco de los diferentes conflictos armados. Seguramente, la mayoría no han sido denunciados y habitan solo en la memoria de las víctimas. Un caso que podríamos señalar son las diferentes formas de tortura sexual ocurridas durante la llamada 'masacre de El Salado', ocurrida en febrero del 2000", recuerda Sandra Milena Toro, especialista en Psiquiatría de U. de La Sabana.

"En 2017 SISMA mujer, con el apoyo financiero de la Embajada Británica y Christian Aid publicó un documento titulado “La Luz que nos queda”, que es un compendio de relatos en primera persona de mujeres colombianas de distintas edades y procedencias, con el común denominador de ser víctimas de violencia sexual en el conflicto armado. Resulta realmente desgarrador leer cada testimonio, parecidos pero con el color de cada una de las narradoras. También es admirable encontrar en esos mismos relatos la resiliencia que se pone de manifiesto en sus historias", finaliza Toro.

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