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El impuesto global a las grandes empresas, un camino plagado de retos
Reunión del G7

Los jefes de finanzas del Grupo de los Siete (G7) se reúnen esta semana para negociar un acuerdo sobre la armonización de impuestos corporativos.

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AFP / POOL / Stefan Rousseau

El impuesto global a las grandes empresas, un camino plagado de retos

El G7 le dio el visto bueno a la idea durante la cumbre en el Reino Unido. Análisis.

La propuesta para implementar un impuesto mundial a las multinacionales recibió en el G7 un importante espaldarazo durante la cumbre que por estos días se celebra en el Reino Unido. El objetivo es diseñar una reforma fiscal global para que las compañías más grandes, especialmente las tecnológicas, paguen impuestos en los países en los que hacen negocios y no donde tienen su sede física.

(Le sugerimos: El G7 lanza plan de infraestructura para competir con China)

Esto les daría además un mayor recaudo fiscal a los países en momentos en los que la pandemia golpea con dureza las finanzas mundiales.

Para que la medida entre en vigor aún debe discutirse en el G20 y en la Ocde. El camino no es sencillo, y expertos advierten que aún hay obstáculos que superar. A este panorama se suma el llamado de diversas ONG que promueven la transparencia fiscal para que no solo se beneficien los países más ricos.

La propuesta de un tipo impositivo mínimo es un gran paso adelante para acabar con el abuso fiscal de las multinacionales. Pero la propuesta del G7 es injusta porque favorece demasiado a los países ricos. El acuerdo hará que los impuestos recuperados vayan a parar a los países del G7, donde vive solo el 10 por ciento de la población mundial”, le explicó a este diario Javier García-Bernardo, científico de datos de la Red de Justicia Fiscal (Tax Justice Network, por su nombre en inglés), una ONG que promueve la transparencia en las finanzas internacionales.

La medida, que en un primer momento recibió su respaldo durante la reunión de los ministros de Finanzas del G7 el fin de semana pasado, se basa en dos pilares. El primero se centra en el modo de asignar un porcentaje de los beneficios de las empresas, en particular de las digitales (como Facebook y Amazon), a ciertas jurisdicciones para que paguen impuestos donde operan, aunque no tengan presencia física.

En el pasado, Amazon estuvo en el punto de mira en Estados Unidos y Europa por sus prácticas de optimización fiscal, que buscan aprovechar las diferentes legislaciones entre países para pagar menos impuestos.

(Lea también: Los temas del G7, la primera gran cumbre en medio de la pandemia)

El segundo pilar busca establecer a nivel global un mínimo de tributación del 15 por ciento para las multinacionales con el fin de evitar la competencia fiscal entre países que ofrecen tributaciones más laxas, como los paraísos fiscales.

A juicio de Alex Cobham, director ejecutivo de Tax Justice Network, uno de los principales retos está en que el dinero se distribuya equitativamente en todos los países. “El plan privilegia los países de la sede de las multinacionales. Como la mayoría tienen sus sedes en países de la Ocde, la mayoría iría a parar a los miembros de esta organización. Solo el G7 recibirá más del 60 por ciento de los ingresos adicionales”, le explicó Cobham a EL TIEMPO.

Quienes ya respaldan la medida son Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, el Reino Unido y Estados Unidos (países que hacen parte del G7). “Es un primer paso muy importante, pero todavía queda trabajo para alcanzar un acuerdo en el G20 (en julio) y reunir la mayoría de 139 países que negocian” bajo la sombrilla de la Ocde, según le dijo a la agencia AFP una fuente cercana a las negociaciones.

Aunque esta idea no es nueva, en esta ocasión encontró un contexto favorable durante esta pandemia y con la llegada de Joe Biden a la presidencia de Estados Unidos, quien ha insistido en esta medida.

La medida va encaminada contra las tecnológicas. En la foto: Jeff Bezos, de Amazon; Tim Cook, de Apple; Mark Zuckerberg, de Facebook y Sundar Pichai, de Google.

Foto:

BBC

Es un camino largo. Los procesos de articulación de los sistemas tributarios son complejos. Todavía hay un largo trecho por recorrer. Sin embargo, hay una gran diferencia hoy en esta iniciativa y es que Estados Unidos se sumó a la propuesta. Biden ha mostrado interés en ser proactivo en estas discusiones que se dan en el marco del G7”, comentó Juan Nicolás Garzón, analista en economía internacional y profesor de la Universidad de La Sabana.

En contraste, César Ferrari, profesor titular de la Universidad Javeriana en el Departamento de Economía, considera que la medida no tendrá mayores obstáculos a la hora de ser aprobada. “Que Estados Unidos haya propuesto esto le da una enorme viabilidad. Lo que sigue es tránsito. Lo difícil era en el G7. Además, detrás de esta medida lo que también se busca es vigilar los paraísos fiscales”, acotó el analista.
Por ahora, los países se inclinan así: primero, los que buscan financiar sus planes de recuperación poscovid y están dispuestos a actuar contra la optimización fiscal. Es el caso de Alemania, Francia, Italia, España e incluso Holanda.

(En otras noticias: El G7 acordará un plan para acelerar la respuesta a futuras pandemias)

Del otro lado se encuentran aquellos que basaron su modelo económico en una fiscalidad atractiva: Irlanda, Hungría, Bulgaria, Chipre, Malta o Luxemburgo. Se espera, como ya lo anticiparon, que el Gobierno irlandés defienda su impuesto de sociedad, que hoy es del 12,5 por ciento. Esto les ha valido ser la principal sede de las multinacionales en Europa.

El ministro francés de Economía, Bruno Le Maire, espera un “combate difícil” en el G20 para convencer a Pekín. Según una fuente conocedora de las negociaciones, “será muy difícil ir más allá del 15 por ciento si se quiere el acuerdo de China”, que teme que otras jurisdicciones “capturen” la diferencia entre el tipo nacional y el mundial.

Aunque esto es un primer paso positivo, aún quedan otras incógnitas. “Todavía no se resolvió ninguno de los detalles divisivos, ya sea el tipo exacto, la base imponible, los umbrales de imposición o cómo garantizar su aplicación efectiva”, según le dijo Simon MacAdam, experto de Capital Economics, a la AFP.

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