Las redes de Hizbolá en Latinoamérica: ¿mito o realidad? / Análisis

Las redes de Hizbolá en Latinoamérica: ¿mito o realidad? / Análisis

La presencia de redes de Hizbolá en Latinoamérica plantea a la región un claro reto de seguridad.

Hizbolá

La primera dificultad que tienen los países latinoamericanos para cooperar con Estados fuertes en inteligencia y seguridad sobre esta amenaza es el concepto que se tiene sobre Hizbolá.

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AFP

07 de septiembre 2018 , 10:26 a.m.

Aunque el brazo político de Hizbolá no reconoce oficial ni públicamente que tenga intereses en Latinoamérica, la creciente presencia del islamismo y las relaciones de Irán en la región hacen pensar que el desembarco de su vertiente más degradada ocurrirá.

La cierta presencia de comunidades chií que llegaron desde Líbano hasta Latinoamérica, sumado a la gran capacidad propagandística del grupo, permiten intuir que -aunque la región no fuese hoy un 'target' de ataques terroristas- sí puede actuar como un grupo de presión en aumento hacia estructuras sociales, religiosas y políticas. La visión más pesimista (¿o más realista?) sobre este fenómeno muestra que la presencia de redes de Hizbolá en Latinoamérica plantea a la región un claro reto de seguridad.

Qué busca

Tal y como ocurre en otros sitios donde opera, Hizbolá busca favorecer lazos de todo tipo que permitan el despliegue del proyecto histórico-político del Líbano. Según autores como Levitt, hace ya varios años que Hizbolá confió en la diáspora libanesa en América Latina –emigración y relaciones familiares–, concentrada sobre todo en la Triple Frontera, para lograr fondos gracias a actividades ilícitas y a las remesas que enviaban los expatriados.

Además de haberse ubicado por largos periodos en la Triple Frontera, según Farah, el grupo también estaría desde hace años en Isla Margarita, Iquique, Panamá y Sao Paulo. Al mismo tiempo, Hizbolá es una especie de "apoderado" de Irán en América Latina. Es decir, construye una red de apoyo diversa, que abarca desde lo logístico hasta lo operacional, para las actividades no oficiales de Irán en la región.

Cómo opera

Al igual que en el resto del mundo, el terrorismo ha mutado: los grupos terroristas hoy son más flexibles, tienen menos límites morales, cuentan con más miembros (especialmente jóvenes), mezclan ideologías según su conveniencia y están más ligados a negocios ilícitos transnacionales. Y Latinoamérica no es la excepción. Un contexto en el que conviven una inmensa población joven (por primera vez en su historia, hay más de 160 millones de jóvenes en la región, pero más del 65% vive en la pobreza), una fragilidad endémica de los sistemas de justicia y una sensación permanente de caos social e ilegalidad crean el ambiente propicio para la aparición de manifestaciones radicales traídas de otras latitudes.

Aunque Hizbolá comete numerosos delitos en América Latina, con frecuencia no puede atribuírsele la autoría. El desconocimiento que persiste en la región sobre este grupo, la confusión respecto a qué se entiende por ‘terrorismo’, la debilidad institucional de algunos organismos de inteligencia y seguridad y la fragilidad de los marcos normativos en muchos países latinoamericanos, hace que los Estados de la región a veces se topen con miembros de Hizbolá más por casualidad –investigando otro tipo de delitos– que investigando directamente actividades relacionadas con el terrorismo. Peor aún es que, aunque se topen con ellos por casualidad, no los identifican como miembros del grupo y se les trata como simples traficantes y pocas veces se les analiza tal y como sería necesario.

Sobre las actividades ilícitas en las que actúa, Rand Corporation informó en 2009 que las redes de Hizbolá han obtenido dinero especialmente en la Triple Frontera mediante el narcotráfico, el tráfico en armas, la falsificación de documentos, el lavado de dinero, el chantaje, la piratería, la extorsión, la venta de seguridad a comerciantes y el contrabando. Este tipo de actividades ilegales son las que suelen estar tipificadas como delitos y con las que suelen investigar los organismos de seguridad, pero sin concluir en la posible relación entre estos delitos y actividades de apoyo al terrorismo.

En 2016, un alto mando del brazo político de Hizbolá en el viejo continente sostuvo que, desde hace algún tiempo, Hizbolá no lleva a cabo transacciones financieras en Europa, ni compraventa de armas, pero no negó explícitamente que se hicieran en Latinoamérica. Aunque no es una confirmación, sí plantea una duda razonable sobre lo que este grupo terrorista podría estar haciendo en la región.

Además de su operación en la Triple Frontera, Iquique es un ejemplo de cómo Hizbolá puede operar con facilidad en la transferencia de fondos, el blanqueo de dinero y el movimiento de ‘correos humanos’. Las autoridades chilenas descubrieron que, curiosamente, llegaban semanalmente muchos viajeros desde el Líbano. Y, aunque en principio no podía establecerse una relación directa entre número de viajeros y operaciones ilegales de dinero, sí fue un indicio clave para las autoridades de ese país. Otros países latinoamericanos todavía no notan que la llegada creciente de población de países de los que el terrorismo se nutre, tanto de inmigración legal como ilegal, ha servido en diferentes continentes como vía de entrada para grupos terroristas.

Hizbolá es una especie de "apoderado" de Irán en América Latina. Es decir, construye una red de apoyo diversa, que abarca desde lo logístico hasta lo operacional

Retos para los Estados LatinoamericanosEntender

Con un legado históricamente ibero-católico, en Latinoamérica cuesta entender el fenómeno del islam radical. O se embrolla como un tema religioso (y entonces cualquier practicante puede ser sospechoso) o se confunde con crimen organizado (narcotráfico, lavado de activos, contrabando, etc.). Y estas confusiones temáticas también conllevan a dificultades prácticas: Las unidades de inteligencia financiera actúan bajo las normas del GAFI y suelen estar integradas en los Ministerios de finanzas o hacienda pública; su principal rol es controlar y llevar a la luz todos los movimientos bancarios sospechosos dentro del sistema oficial. Pero la hawala de Hizbolá, aspecto clave en su operación, se mueve por fuera del sistema oficial y en eso radica su éxito. Pretender encontrar las redes de financiación de un grupo terrorista con los mismos métodos con los que se investiga el lavado de activos es un error común.

Debilidad normativa e institucional

Hay dos aspectos que Hizbolá sabe explotar muy bien en la región: la debilidad de las leyes y de los sistemas de justicia en los países latinoamericanos y la corrupción en organismos de seguridad. Y, si a esto se le suma la eficacia de la contrainteligencia de Hizbolá, se entiende que el reto es mayor para organismos de inteligencia y seguridad que están aún muy ocupados con temas internos y poco familiarizados con grupos terroristas de este tipo. La desconexión de información entre diferentes organismos de los Estados también facilita de manera directa que este tipo de grupos extiendan redes por la región.

Cooperar con otros Estados

La primera dificultad que tienen los países latinoamericanos para cooperar con Estados fuertes en inteligencia y seguridad sobre esta amenaza es el concepto que se tiene sobre Hizbolá. Para los Estados Unidos e Israel, tanto el brazo político como el armado de Hizbolá son terroristas. Para los países de la UE, solo es terrorista el brazo armado.

Esta diferenciación da cierto pragmatismo a Occidente a la hora de actuar: nadie se ha opuesto a que las Fuerzas Armadas del Líbano cooperen con Hizbolá para contener al Daesh en sus fronteras. Pero crea dificultades importantes a la hora de cooperar sobre el terreno: ¿en qué casos son terroristas? ¿hasta cuál frontera se deben seguir sus movimientos? ¿con cuál marco normativo se deben amparar las actividades de inteligencia que se desarrollen para detectar a sus miembros? ¿con cuáles Estados interesa cooperar en qué casos de miembros de Hizbolá?

Con esta diferenciación que hacen Estados Unidos e Israel, por una parte, y Europa, por otra, es difícil que los objetivos coincidan. Lo que podría ser una actividad de cooperación con una de las partes para detectar a un miembro operativo de Hizbolá en la región, podría no ser de interés para otra. Esto se traduce en que grandes esfuerzos en un continente se vean truncados por la falta de interés y cooperación en otro.

En conclusión, los indicios llevan a pensar que –aunque la región no fuese prioridad– Hizbolá sí pasea por Latinoamérica. Esto plantea un reto muy serio a los sistemas de inteligencia/seguridad y de justicia que no terminan de implementarse y que no están familiarizados con este tipo de amenaza.

MILENA PATIÑO, PhD
PEDRO RIVAS, PhD

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